Mazón suspende en filología
Mazón y su Gobierno han vuelto a activar el discurso reivindicativo de una lengua valenciana diferente de la lengua catalana, una operación que suele realizar la derecha en momentos de dificultades políticas. Pero ¿qué dice la filología al respecto?
València--Actualizado a
Carlos Mazón no sabe hablar valenciano. En público, como president de la Generalitat, en algún momento puntual puede llegar a pronunciar en valenciano un par de frases que lleva escritas dentro de un discurso en castellano. Nada más.
Si por algo se ha caracterizado su Gobierno respecto a la lengua propia del País Valencià ha sido por una retórica de denuncia de una supuesta "imposición del valenciano", que habría llevado a cabo el Gobierno progresista anterior y, asimismo, la voluntad de arrinconarlo en la educación, en la promoción cultural o por el cerco a la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL).
De la misma manera, tanto PP como Vox se han opuesto radicalmente a la posibilidad de usar en el Congreso lenguas diferentes del castellano, una opción introducida esta legislatura. También se oponen frontalmente a la iniciativa pactada por el Gobierno de Pedro Sánchez y Junts para que el Estado español solicite que catalán, euskera y gallego sean lenguas oficiales de la Unión Europea.
Sin embargo, cuando el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, no mencionó recientemente el valenciano, dentro de la lista de lenguas para oficializar en la UE, durante una entrevista radiofónica Mazón montó en cólera y exigió, "en nombre de toda la sociedad valenciana y en defensa de nuestro Estatut d’Autonomia", una rectificación y, de no producirse, su dimisión o su destitución.
Para Mazón, Albares había "renunciado al valenciano" y ello suponía convertir a los valencianos en "ciudadanos de segunda", ya que "no pertenecemos a los Països Catalans" y "no nos falta capacidad de cultura, historia, de lengua, de tradición y tampoco de españolidad".
Cortina de humo tras la DANA
¿Significa esto, por lo tanto, que Mazón y el PP valenciano, contra el criterio del PP español, defiende la oficialidad del valenciano en la Unión Europea? No, de ninguna de las maneras. A pesar de la literalidad de las palabras de Mazón, el interés por el valenciano se circunscribe a negar que se trate de la misma lengua que el catalán, un episodio más de una batalla cultural recurrente de la derecha valenciana, que se activa, sobre todo, en momentos de tensión política, como es el escenario actual en el País Valencià después de la DANA.
Por ejemplo, el mismo PP de Alacant que hace unos meses aprobaba una iniciativa para declarar la ciudad como castellanoparlante y eliminar, de facto, la oficialidad del valenciano ha presentado esta semana una iniciativa —en castellano— de "defensa del valenciano" frente a las palabras del ministro Albares.
Esta sería la clave del resurgir actual del discurso del blaverismo (término con el que se conoce popularmente esta ideología) para Vicent Flor, doctor en Sociología y que acaba de publicar el ensayo Contra la llengua dels valencians. Una batalla per la cultura, en la editorial Afers. Un libro que recorre la historia reciente del discurso y las acciones encaminadas a separar valencià y català.
Para Flor, "en este contexto de crisis, en una situación muy complicada a causa de su gestión de la DANA, el Gobierno de Mazón utiliza el conflicto lingüístico como cortina de humo para desviar la atención".
Flor también matiza, en este sentido, la excepcionalidad que supone la coyuntura post DANA, ya que "normalmente, la derecha insiste más en el secesionismo lingüístico cuando no gobierna, como arma con la que atacar a la izquierda, acusándola de catalanista e identificándola como colaboracionista con un enemigo exterior, y, de hecho, cuando la derecha gobierna, suele calmar los ánimos de este sector, que ya no interesa movilizar".
Divide y vencerás
Decía Oscar Wilde que Estados Unidos y Gran Bretaña son dos países separados por la misma lengua. Sin embargo, en el caso del País Valencià y de Catalunya, no se puede descartar la acción externa. Así, Flor identifica como base para el impulso del secesionismo lingüístico del valenciano respecto al catalán un actor fundamental, el nacionalismo español, que lo usaría para "fragmentar la principal alteridad cultural que hay en el Estado español, ya que los catalanoparlantes o los valencianoparlantes somos, con diferencia, el segundo grupo lingüístico del Estado por número de hablantes después de los castellanoparlantes".
En este sentido, Flor contrapone este ejercicio clásico de "divide y vencerás" con la incidencia constante que se hace en la unidad del castellano: "Mientras el nacionalismo español siempre hace campaña para elevar las cifras de castellanoparlantes en el mundo y presentar su dominio lingüístico como una unidad inquebrantable, en el caso de la lengua catalana o valenciana, el ejercicio es el contrario: dividirla y fragmentarla tanto como sea posible".
La filología es clara: valencià y català son la misma lengua
Pero ¿qué dice la filología al respecto? ¿Son català y valencià la misma lengua o son diferentes? La realidad es que, desde un punto de vista estrictamente filológico, no hay debate. Si se lee la entrada valenciano, en su sexta acepción, del diccionario de la Real Academia Española (RAE), no hay duda al respecto: "Variedad del catalán que se habla en gran parte del antiguo reino de Valencia y se siente allí comúnmente como lengua propia".
Si, asimismo, se realiza el mismo proceso con el diccionario de la AVL, que es el organismo que el Estatut d’Autonomia encarga para elaborar la normativa del valenciano, la homóloga de la RAE, tampoco, ya que en la acepción segunda de la voz valencià establece —traducido al castellano— que se trata de la "lengua románica hablada en País Valencià, así como en Catalunya, Illes Balears, el departamento francés de los Pirineos Orientales, el Principat d’Andorra, la franja oriental de Aragó y la ciudad sarda de l’Alguer, lugares donde recibe el nombre de català".
El mismo resultado se obtiene, si se consultan otras instituciones culturales valencianas de referencia, como, por ejemplo, las universidades: todas las públicas forman parte de la Xarxa Vives de universidades de lengua catalana, y en la Universitat de València y en la Universitat d’Alacant se puede cursar la carrera de Filología Catalana, que es la titulación académica que hace referencia a la lengua propia del País Valencià. No existe —ni ha existido nunca, por otra parte— una hipotética Filología Valenciana como materia separada para lenguas separadas.
Y, de la misma manera, los escritores valencianos que hacen uso de la lengua propia como herramienta de creación de su obra lo hacen dentro de la tradición unitaria de la lengua y la literatura catalanas. En los libros de texto que se usan para la materia dentro del sistema educativo valenciano también se explica la lengua propia como perteneciente al tronco común de la lengua catalana.
Cuestión de nombres
Qüestió de noms (Cuestión de nombres), por lo tanto, como rezaba el título de un conocido ensayo de Joan Fuster. Los valencianos hemos llamado de manera generalizada valencià a la lengua propia, aunque también se encuentran ejemplos históricos de llamarla català —de hecho, como curiosidad histórica, también en Catalunya, durante los años de esplendor de la literatura medieval, donde brillaron los escritores valencianos, como Ausiàs March o Joanot Martorell, se pueden encontrar testimonios de referirse a la lengua propia como valencià—, así como en Mallorca popularmente se le llama mallorquí, o en Menorca, menorquí, pero no es una manifestación de lenguas diferentes, sino de nombres diferentes de la misma lengua, un hecho que no es excepcional en nuestro entorno, por otra parte.
En este sentido, si Josep Pla, prosista catalán, afirmaba que su país se encontraba donde a un saludo de "bon dia" se respondía con otro "bon dia", no hay duda de que Catalunya, País Valencià, Illes Balears o Andorra hablan una misma lengua. Y es que, en efecto, un catalán —o mallorquín o…— que salude con un "bon dia" en València recibirá un "bon dia" como respuesta y la conversación transcurrirá con normalidad en la lengua compartida, cada uno con su acento respectivo y aunque la llamen con nombres diferentes.
Ahora bien, si Mazón aprovecha el discurso del blaverismo es porque, evidentemente, tiene su audiencia. En este sentido, suele asociarse al éxito del discurso anticatalanista, en general, y, asimismo, tendrá diferente aceptación, según cómo se plantee: el filólogo Manuel Sanchis Guarner, el más importante del siglo XX valenciano —y que nunca dudó de la unidad lingüística entre valenciano y catalán—, explicaba que el valenciano común no solía tener reticencias a aceptar que su lengua era la misma que la de los catalanes, pero sí a llamarla català y no valencià. Cuestión de nombres, otra vez.
El Sénia no es frontera
Por mucho que un viajero curioso afinara el oído entre Vinaròs, último pueblo del País Valencià, y Alcanar, primero de Catalunya, no podría encontrar ninguna diferencia en la manera de hablar respectiva, más allá de una expresión o palabra particular típica de un pueblo. Aquí no hay una barrera entre lenguas diferentes, pero es que no lo hay tampoco ni tan solo entre dialectos o subdialectos, entre la supuesta frontera lingüística entre el valencià y el català.
Esta es, de hecho, la vivencia cotidiana que reporta la escritora Magda Simó (La Jana, Baix Maestrat, 1981) y que también se ve retratada en algunos pasajes de su novela És naufragi (Premio Lletraferit, Llibres de la Drassana, 2025), una obra de reciente publicación y que está recibiendo una muy buena acogida por parte de crítica y público: "El río Sénia no ejerce de frontera, mucho menos lingüística".
Así, explica Simó, "a un lado y a otro, aunque aquí le llamemos valencià y allá catalá, hablamos igual, con las mismas palabras y los mismos giros lingüísticos, y, asimismo, hay una gran relación humana a todos los niveles: como ejemplo, la mayoría de los janencs, hasta los años 90, cuando se abrió el hospital de Vinaròs, en 1992, nacíamos en Tortosa".
"Los valencianos del Maestrat, en este sentido, hablamos igual que los catalanes de Tortosa, que, a su vez, hablan más parecido, en general, a los valencianos que no al catalán de Barcelona, por ejemplo", continúa Simó, quien concluye que "visto desde aquí, la pretensión de separar valencià y català suena muy alejada de la realidad y es un discurso que solo cala en ciertos ámbitos del área de València, que nos es del todo ajeno".
Pero esta falta de frontera lingüística entre català y valencià no se da, por el contrario, en la frontera lingüística que sí que separa el valenciano del castellano. Así, si el mismo viajero curioso a que hacíamos referencia hiciera la misma operación entre otros dos pueblos vecinos, pero esta vez lejos de la frontera entre Catalunya y el País Valencià, por ejemplo, entre Torrent (L’Horta Sud) y Chiva (La Hoya de Buñol), aquí no tendría dudas: en uno hablan valenciano y en el otro castellano. Las relaciones humanas son igual de fluidas, obviamente, pero al "bon día" le responderían "buenos días".
Una diversidad dialectal como la de cualquier otra lengua
Eso no quiere decir que no haya ninguna diferencia entre las maneras de hablar catalán —o valenciano—, según los territorios. Al contrario: como en todas las lenguas, hay diferentes dialectos. Pero estos se dividen no de norte a sur, sino de oeste a este. En la lengua catalana hay, pues, dos grandes bloques dialectales: catalán occidental (Andorra, Lleida, Tortosa y todo el País Valencià) y catalán oriental (Perpinyà, Barcelona, Girona, Tarragona, Illes Balears y L’Alguer). El principal rasgo que los identifica es la ausencia (occidental) o presencia (oriental) de la vocal neutra. Es decir, si la "e" de cases (plural de casa) suena como "e" o como una vocal entre la "e" y la "a", para entenderse.
En este sentido, si se diera por buena la teoría de una lengua valenciana y una lengua catalana separadas, se daría la paradoja de que pueblos que hablan exactamente igual, los mencionados Vinaròs o Alcanar, hablarían lenguas diferentes, mientras que el catalán de Lleida estaría más cerca del valenciano de Castelló o Alacant que no del catalán de Girona.
Visualización de la diferencia
Sin embargo, hay quien aprovecha esta pluralidad de nombres para presentar valenciano y catalán como lenguas diferentes. Es el caso, por ejemplo, de la web de la Casa del Rey, que permite elegir entre una versión en catalán y otra en valenciano. Realicemos, pues, un ejercicio de comparación.
En la versión castellana, aparece en la imagen de cabecera el texto destacado siguiente: "La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles".
El mismo texto, para la versión catalana o para la versión valenciana, aparece de las dos siguientes maneras: "La independència de la Corona, la seva neutralitat política i la seva vocació integradora envers les diferents opcions ideològiques li permeten contribuir a l'estabilitat del nostre sistema polític, facilitar l'equilibri amb els altres òrgans constitucionals i territorials, afavorir el funcionament ordenat de l'Estat i ser una via per a la cohesió entre els espanyols" y "La independència de la Corona, la seua neutralitat política i la seua vocació integradora davant de les diferents opcions ideològiques li permeten contribuir a l'estabilitat del nostre sistema polític, facilitar l'equilibri amb els altres òrgans constitucionals i territorials, afavorir el funcionament ordenat de l'Estat i ser una via per a la cohesió entre els espanyols". Para el lector con la vista más aguda y precisa queda determinar cuál es cuál.
En definitiva, la situación estrictamente filológica al respecto de valencià y català se puede resumir como una lengua con dos —o más— nombres, cosa que, por otro lado, no es extraña: flamenco y holandés; hindi y urdu; indonesio y malayo o serbio, croata, montenegrino y bosnio dan testimonio de ello.
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