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Bolsonaro El Partido de la Mujer Brasileña: un disparate político donde quienes mandan son hombres

Brasil asiste al ocaso de una paradójica formación que pretendía captar el voto femenino con una denominación ilusoria. Todo por las mujeres, pero sin las mujeres, pues sus diputados federales y el único senador eran exclusivamente varones.

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Manifestación de mujeres brasileñas contra la elección como presidente del ultraderechista Jair Bolsonaro. / EFE


La anunciada victoria de Jair Bolsonaro, el candidato de la ultraderecha tramontana, y la esperada derrota de Fernando Haddad, la última esperanza petista de Lula da Silva, ha monopolizado los titulares de la prensa internacional, donde no se han colado algunos de los sinsentidos de la política brasileña. Graves, que no graciosos, como aquella hazaña del payaso Tiririca, el segundo diputado más votado de la historia y el primero en los comicios de 2010, con casi un millón y medio de votos. Allí sigue.

Más curiosidades: cuando pensamos en la atomización de partidos, nos viene a la cabeza Italia, cuando en Brasilia se sientan en los escaños una treintena de formaciones, cuyos miembros suelen cambiarse de bando durante la legislatura, hasta convertir el Congreso Nacional en un frankenstein engendrado con retazos de siglas. La fragmentación en el Senado también desconcierta: 81 senadores pertenecientes a quince partidos en 2015, aunque tras las recientes elecciones han aumentado a veintiuno. Lo importante, mesada mediante, es que saquen adelante las medidas impulsadas por el presidente de turno —o presidenta, como la pionera Dilma Rousseff—, en busca de la mayoría parlamentaria.

Luego están los grupos de presión, como la bancada evangélica, formada por diputados de partidos de diverso signo unidos sólo por una cuestión religiosa y, por extensión, retrógrada. O las parlamentarias invisibles, que apenas se dejan ver ni siquiera en el Frente Parlamentario Mixto en Defensa de los Derechos Humanos de la Mujer, creado precisamente para aumentar su representatividad, como señalaba Eneida Desireé Salgado en Representación política y paridad de género: una propuesta para la participación femenina en Brasil.

En su investigación, publicada el pasado enero en la Revista de la Facultad de Derecho de México, la profesora de Derecho Constitucional y Electoral en la Universidad Federal de Paraná indicaba que poco más de un 20% de los doscientos miembros del citado Frente eran mujeres: tres senadoras —de doce— y 23 diputadas —de 51—. El exiguo porcentaje mengua por comparación, cuando observamos que el Congreso está compuesto por 81 senadores y 513 diputados.

En ese sentido, sorprende el Partido da Mulher Brasileira (PMB), fundado hace una década y registrado por el Tribunal Superior Electoral en 2015 como el 35º partido del país, justo un año después de las elecciones que confirmaron en el cargo a Rousseff. No haber llegado a tiempo a las urnas no supuso ningún problema, porque pronto contaron con un puñado de representantes en la Cámara de los Diputados ¡sin haber concurrido a los comicios!

Veintidós diputados de partidos pequeños cambiaron de chaqueta y, de paso, de sigla: la flamante formación, en apenas cuatro meses de vida, ya era la décima fuerza política en el hemiciclo, por encima de históricos como el Partido Comunista de Brasil. Las primeras seis actas habían sido masculinas y, cuando se superó la veintena, sólo dos mujeres del PMB se sentaban en la Cámara de los Diputados. El porcentaje era incluso inferior al del conjunto de los parlamentarios —recordemos: 513 varones y 52 féminas—. Ya lo había advertido a la prensa Suêd Haidar, la presidenta del PMB: “No somos un partido feminista, somos un partido femenino compuesto por hombres y mujeres”.

Ni femenino, ni feminista

De paridad, mejor no hablar: “Si continuamos afirmando que somos feministas, estamos invalidando otros géneros”, defendía Haidar, al frente de una formación de “mujeres progresistas” y de hombres que “siempre han manifestado su solidaridad con las mujeres privadas de libertades políticas, víctimas de la opresión y de unas condiciones de vida terribles”. La líder, ausente en las dos cámaras del Congreso Nacional, aseguraba a Época que perseguían la igualdad en las instituciones, pero debutaban traicionando sus propios postulados. En el Senado, el único representante vestía traje y corbata.

“El PMB se creó con el objetivo de promover la participación política femenina. Sin embargo, sus parlamentarios eran mayoritariamente hombres. Una paradoja que muestra que, incluso cuando los partidos afirman que quieren promover la participación política de las mujeres, el machismo institucional prevalece”, explica Beatriz Rodrigues Sanchez, investigadora del Grupo de Estudios de Género y Política de la Universidad de São Paulo. “Pese a que la presidenta del partido sea una mujer, se trata más de un puesto simbólico que de un cargo de poder de facto”.

Su líder, Suêd Haidar, contaba que hace una década vendió sus cinco tiendas de alimentación para cumplir su sueño: montar un partido político. Seis años después, consiguió medio millón de firmas para registrarlo. En estas elecciones, se presentó como diputada federal por Río de Janeiro, si bien no fue elegida. Rodrigues matiza que en su origen el presidente, en realidad, iba a ser un hombre. “Sin embargo, esa decisión tuvo una repercusión tan negativa que decidieron colocar a una mujer en la presidencia”.

El movimiento feminista siempre ha criticado la ausencia de mujeres del PMB en Brasilia y el conservadurismo de los hombres, reflejado en su rechazo tanto al aborto como a la enseñanza de la identidad de género en los colegios, al tiempo que su programa defiende el matrimonio gay. Más contradicciones: hace tres años, cuando estaba al frente de la Secretaría de Asistencia Social y Derechos Humanos del estado de Río, el pastor evangélico Ezequiel Teixeira suspendió el programa Rio sem Homofobia.

La causa, según él, se debió a la crisis económica que atravesaba la administración, aunque sonó a excusa en boca de alguien que afirma creer en la “cura” de la homosexualidad. Hoy diputado federal del PODE por Río, cuando militaba en el PMB llegó a declarar al diario Zero Hora: “Yo encuentro hasta interesante [que no haya mujeres en el partido]. Estamos demostrando nuestro cariño por ellas”.

Suêd Haidar, presidenta del Partido da Mulher Brasileira. / PMB

Beatriz Rodrigues, también investigadora del Núcleo Democracia y Acción Colectiva del Centro Brasileño de Análisis y Planificación (CEBRAP), considera que la sigla acumula incoherencias: “A pesar de haber proclamado que son un partido de centro izquierda, la actuación de los parlamentarios electos no puede ser considerada progresista, véase el pastor evangélico que sostenía que actuaba a favor de la familia y las buenas costumbres. Los diputados federales del PMB se posicionaron contra la legalización del aborto, lo que es un sinsentido. Los movimientos feministas han luchado históricamente por ese causa, que representa la reivindicación por el derecho al propio cuerpo. Tendría más sentido, pues, que el Partido de la Mujer Brasileña también lo defendiera”.

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de São Paulo, Rodrigues recuerda que en la segunda vuelta de las recientes elecciones la formación apoyó la candidatura de Haddad, quien sería derrotado por Bolsonaro. “El PMB afirmó que la decisión fue una forma de combatir el odio y el retroceso en las elecciones brasileñas. Esa postura, que puede ser considerada positiva, es contradictoria si consideramos la actuación de su parlamentarios, que fue mayoritariamente conservadora”, añade la investigadora.

De izquierda a derecha, pasando por el centro

El partido, en su día, no tenía muy claro hacia dónde se escoraba. En su web, su filiación era vaga: "Como orientación partidista, el PMB es de centro-izquierda con un posicionamiento de centro entre el capitalismo y el socialismo, pero con una tendencia mayor hacia socialismo. O sea: de izquierda”. Lo importante, añadía, era buscar “el mejor posicionamiento de ambos lados y traerlo a nuestro partido". Hoy, en cambio, se define como una formación “de centro”, cuyo objetivo es buscar “el reconocimiento, la consolidación y la valorización de la mujer, sin la exclusión masculina en el escenario de un mundo globalizado que presupone la igualdad de derechos”.

No sólo ellos se han mostrado retrógrados. Denise Abreu, precandidata a la alcaldía de São Paulo por el PMB en 2016, escribió en Twitter: “El Partido de la Mujer es antifeminista. Es la respuesta necesaria para reposicionar a la mujer en su debido lugar, un lugar especial como centro aglutinador de la familia”. Cuando la prensa le sacó a colación el comentario, insistió en que su formación no era feminista, ni tampoco “sectaria”.

Por su parte, la líder en el estado de Minas Gerais, Rosimere Machado de Jesus, llegó a calificar al partido de derechas y se ha posicionado en contra de la despenalización de la marihuana. Un lío, sobre todo de género, pese a que la diputada Brunny Gomes tampoco veía ninguna incongruencia y sostenía que, pese a representar a las mujeres, el PMB "tenía las puertas abiertas a todos, incluidos los hombres, dispuestos a trabajar por nuestros derechos".

Beatriz Rodrigues tiene claro que el nombre del partido ha sido una artimaña para captar el voto femenino, pues poco tiene que ver con la causa feminista. “La sigla pretende atraer a las mujeres. El tema de la participación política femenina ha ganado peso en el debate público brasileño. Y, en ese contexto, el PMB fue creado también para surfear esa ola”, analiza la investigadora del Grupo de Estudios de Género y Política de la Universidad de São Paulo.

Gomes le abría la puerta a los varones en una entrevista al diario Folha, que acusó al partido de haberse ganado a los tránsfugas —recordemos que no se presentó a las elecciones de 2014— ofreciéndoles los liderazgos regionales y la mitad del dinero público que les correspondía por haber sido elegidos parlamentarios al frente de sus anteriores formaciones. Un fondo que suele ser utilizado con fines electorales, sostenía el periódico paulistano, pero que en este caso también iría a parar a los chaqueteros. El PMB siempre ha negado esas acusaciones.

Protesta de mujeres contra Bolsonaro. / REUTERS

Si extraña el baile de siglas durante la legislatura, antes de las elecciones el cambio de formación también es frecuente. Además, la legislación electoral exige que cada partido o coalición presente al menos un 30% de candidaturas de cada sexo, con el objetivo de aumentar la presencia de mujeres en la Cámara de los Diputados. Hecha la ley, hecha la trampa: presentan a candidatas sin oportunidades, hasta el punto de que 21 mujeres no recibieron en las recientes elecciones ningún voto.

Algunas incluso desconocían que se presentaban y han denunciado a Globo que fueron usadas como laranjas [testaferros] para cumplir con la cuota. Pese a que la mitad de quienes votan en Brasil son mujeres, éstas sólo representan a tres de cada diez aspirantes. Y, de ellas, muchas son usadas para cumplir con la norma, hasta el punto de que su promoción de cara a las urnas brilla por su ausencia.

“Hay menos mujeres en el Congreso Nacional por la falta de apoyo a las candidaturas femeninas, principalmente en lo que se refiere a la financiación de campañas. En la mayoría de los partidos, reciben menos recursos que los hombres. Hay quien argumenta que no se interesan por la política, pero eso no es verdad. De hecho, el número de afiliadas a partidos políticos sólo ha aumentado en Brasil”, sostiene la investigadora del Grupo de Estudios de Género y Política de la Universidad de São Paulo.

Cambio de chaquetas

Meses antes de las recientes elecciones, se produjo una desbandada en la Cámara Baja, pues una reforma electoral permitió el intercambio de cromos sin temor a ser penalizados por su infidelidad. Unos ochenta diputados cambiaron de partido, no tanto en función de su programa o ideología, sino de las condiciones económicas más ventajosas. Jair Bolsonaro, por ejemplo, migró del Partido Social Cristiano (PSC) al Partido Social Liberal (PSL), que en 2014 sólo había logrado un acta. Tras la reciente cita con las urnas, su nueva y enésima formación ha obtenido 52 escaños y él se ha convertido en el presidente de la República.

Al Partido de la Mujer Brasileña no le ha podido ir peor desde que en marzo de 2016 la ley abrió la citada veda durante un mes: se quedó con un solo diputado —que apenas sostendría la bandera durante unas semanas antes de irse— y el único senador, Hélio José, también se esfumó, dejando al partido sin voz en la Cámara Alta. El parlamentario había afirmado en 2015, tras anunciar que dejaba el Partido Social Democrático (PSD) para ingresar en las filas del PMB: "¿Qué sería de nosotros, hombres, si no hubiese una mujer a nuestro lado para traernos alegría y placer?".

Curiosamente, Hélio José había aspirado al cargo de diputado del Distrito Federal por el PSD en las elecciones de 2014, pero sólo recibió seis votos y no logró el acta. Sin embargo, un año después fue elegido senador, pues figuraba como suplente de Rodrigo Rollemberg, quien dejaría el escaño cuando fue designado gobernador del estado que alberga la capital de Brasil. Venía del Partido dos Trabalhadores [la formación de Lula, Dilma y Haddad], que lo repudió cuando fue acusado de abusar presuntamente de una sobrina menor de edad por el propio Rollemberg, aunque la denuncia fue archivada por la Justicia. Tras pasarse al PSD y luego al Partido de la Mujer Brasileña, hoy milita en el Partido Republicano del Orden Social (PROS).

Huelga decir que la diputada Brunny Gomes procedía del Partido Laborista Cristiano (PTC) y, al poco, se pasó al Partido de la República (PR). Su compañera, Dâmina Pereira, tampoco duró mucho en la formación —es un decir— femenina. Venía del Partido de la Movilización Nacional (PMN) y pronto se fue al Partido Social Liberal (PSL), del que saltaría al PODE el pasado marzo.

Un presente sin mujeres, un futuro sin partido

Quizás se pregunten qué suerte corrió el Partido da Mulher Brasileira en las pasadas elecciones. Mala, pues no ha obtenido representación. Tras el patinazo en las urnas, se arriesga a la desaparición, ya que la reforma electoral ha establecido una cláusula que exige obtener un determinado porcentaje de votos en varios estados para poder acceder al Parlamento.

La medida supondrá un adiós a los minutos de propaganda en televisiones y radios, así como al dinero procedente del fondo público de financiación electoral y del salario de los políticos, quienes además gozan de jugosas prebendas económicas, personificadas en los asesores.

El umbral electoral será cada vez más rígido de aquí a 2030. Una barrera —cuya aplicación está prevista en cuatro etapas y de forma progresiva— adoptada para evitar la sopa de siglas en el Congreso Nacional, lo que redundará en una menor fragmentación de la Cámara de Diputados y, consecuentemente, en un Gobierno más operativo.

Está por ver, tras la condena a muerte del PMB, si las mujeres seguirán ausentes en el futuro. “Aunque actualmente no tiene ningún parlamentario federal, cuentan con diputados estatales, alcaldes y concejales afiliados al partido, lo que indica que la formación todavía sigue viva”, afirma Beatriz Rodrigues. Actualmente, en su nómina figuran tres diputadas y un diputado estatales; dos alcaldesas y dos alcaldes; y cuatro concejales, todos hombres.

La igualdad, una causa a la izquierda

Las cifras son desalentadoras, si bien indican cierta mejoría. Según el estudio Estadísticas de género. Indicadores sociales de las mujeres en Brasil, elaborado por el Instituto Brasileiro de Geografia de Estatística, a finales del año pasado el país suramericano ocupaba el puesto 152 en representación femenina en la Cámara Baja —un 10,5% de diputadas federales, una cifra sensiblemente inferior al 16% de senadoras—. Su situación ha prosperado, pero los resultados tras las recientes elecciones siguen siendo pobres.

Tras los recientes comicios de 2018, hay 77 diputadas de 513 —26 más que en 2014, lo que supone un aumento del 51%, aunque sólo representan el 15% del total. Mientras en el Senado, que renovó dos tercios de los escaños, sólo fueron elegidas siete mujeres, las mismas que en 2010 —que suponen apenas un 13%—, según el Tribunal Superior Eleitoral.

“Históricamente, los partidos de izquierda son los que han destacado en la lucha por la igualdad de género en nuestra sociedad, debido a la conexión con los movimientos feministas brasileños”, concluye la investigadora de la Universidad de São Paulo. “De hecho, la bancada feminista del Congreso Nacional está compuesta mayoritariamente por parlamentarias de partidos de izquierda”, añade Beatriz Rodrigues. Conclusión: pese a su denominación ilusoria, en el Partido de la Mujer Brasileña mandan los hombres. O, mejor dicho, mandaban.

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