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La psicología de los gatos, mucho más allá de los mitos

En el Día Mundial de estos pequeños felinos, varias expertas indagan sobre sus características y los cuidados que necesitan, además de advertir de la responsabilidad que supone cuidar de un animal así.

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Un gato en La Gatoteca. Guillermo Martínez

El gato, ese animal que en el imaginario social se define como huraño, arisco, individual e independiente, en realidad es de los seres más sensibles que pueden cohabitar con un ser humano. Este 8 de agosto se celebra el día mundial dedicado a este pequeño felino, del que poco a poco se empiezan a conocer sus mayores virtudes y la forma que tiene de relacionarse con su familia, ya sean otros animales o seres humanos. Capaz de crear unos vínculos extremadamente profundos, "el gato siempre dice la verdad, tal como lo ves es como se siente", en palabras de Laura Trillo, comunicadora felina y terapeuta de gatos.

Ella también es la responsable de Terapia Felina, la entidad desde la que forma, asesora y trata los problemas que puedan tener estos seres. "Hablamos de animales que son depredadores, cazadores, que están preparados para cazar su propia comida y vivir de forma independiente, por eso no todos pueden, ni deben, ser domésticos", adelanta Trillo. Además, una de las cosas que ha aprendido en sus dos décadas de experiencia es que el mayor sufrimiento que puede llegar a sentir un gato está relacionado con la pérdida de su familia, no un cambio de domicilio, sino cuando es abandonado.

"Los problemas que más tratamos tienen que ver con la comunicación agresiva, porque los gatos agresivos no existen, también problemas de miedo, acoso entre gatos, adaptación a entornos nuevos, mudanzas, la llegada de un bebé humano a casa y adaptaciones a nuevos animales", desarrolla la experta. Y es que algunos gatos han tenido que aprender a convivir hasta con hurones. A todo ello se suma el estrés que puede sentir el animal, que así explica Trillo: "Esto puede ser consecuencia de que muchos animales están preparados para vivir en el exterior, cazando, y los que viven indoor están obligados a no tener nuevos estímulos, ni olores ni sonidos nuevos".

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Un gato en La Gatoteca. — Guillermo Martínez.

Otro de los aspectos que la terapeuta felina tiene más en cuenta es la forma en que los humanos se relacionan con los gatos. Es aquí cuando lamenta que muchas personas los traten como seres inferiores, a los que regañan y hasta agreden. "Todo el mundo quiere un gatito lo más pequeño posible, pero es importante saber que en ese periodo debe jugar con otros gatos, y que si empiezan jugando con las manos con ellos, luego le regañarán cuando el gato siga queriendo lo mismo pero ya sean mayores", añade.

Un compañero de vida

De todas formas, no es el gato el que va a consulta. Es Terapia Felina quien habla con los dueños del animal, algo que cosecha cada vez más éxitos. Trillo, de hecho, empezó ella sola y ahora son una docena de personas en el equipo. Preguntada por qué le puede aportar un gato a una persona, la experta responde de forma contundente: "No te tiene que aportar nada, eso sería mirarlo desde el punto de vista egocéntrico del humano. Los animales que son parte de la terapia asistida, que hacen un bien a la persona, sufren un montón porque se lo comen todo. Al humano le sienta muy bien pero el animalito se queda con esa carga, y no es justo utilizar a nadie para nuestro bienestar".

Al fin y al cabo, Trillo entiende al gato como un compañero de vida con el que la compartes y cohabitas sin esperar nada a cambio. "El problema está en que las personas no les entienden, ni su lenguaje corporal, ni sus necesidades desde que son bebés, ni su proceso de sociabilización", agrega Trillo. Ella y su equipo tienen registrados más de 2.000 gatos a los que han atendido, aunque la cifra aumenta hasta los 10.000 si se tiene en cuenta el trabajo gratuito que dedican en protectoras de animales, casas de acogida y los gatos recién adoptados para que las personas no los devuelvan.

La oportunidad de tener un hogar

Esto lo saben bien desde La Gatoteca, en Madrid, un local a pie de calle en el que puedes ir a estar el tiempo que te apetezca con los gatos adultos que allí viven hasta que alguno de los visitantes decide adoptarle. En total, 26 de ellos juegan esperando que alguien les pueda proporcionar una vida mejor. La idea surgió hace una década, cuando Eva Aznar, una de las responsables de la entidad, estaba realizando su trabajo fin de grado sobre diseño de interiores.

"Aquí la idea es interactuar, algo circular. Vienes, te relajas, juegas un poco con ellos, los acaricias, y ya solo así les están ayudando a que socialicen y que tengan más confianza en los humanos estos gatos con un pasado traumático. Si lo decides adoptar, ese gato dejará un hueco para otro", relata.

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Un gato en La Gatoteca. — Guillermo Martínez.

Cierto es que, por ejemplo, a los perros los puedes ver por la calle, en los parques, y es mucho más fácil llegar a tener ese contacto imprescindible con el animal antes de dar el paso para adoptar uno. "Empatizamos mucho con los gatos abandonados por nuestros propios vecinos, pero proceden de muchos lugares y situaciones, como gatos que nunca han tenido un hogar, cachorros descolgados de camadas pasadas o adultos abandonados con cualquier edad pero que ya han convivido con humanos", dice Aznar.

El mayor problema: la falta de entendimiento

En La Gatoteca, todos ellos tienen nombre y un historial al que atender si alguien decide adoptar a alguno de esto animales. Según la responsable del proyecto, "convivir con un gato es como tener un compañero de piso, cada uno con su personalidad y manías. Cuando convives con ellos generas un vínculo especial y muy individual, por eso toda la gente dice que tiene al mejor gato del mundo en su casa". Aznar ya convive con cinco gatos en su día a día, y sabe que se trata de uno de los animales que se suele abandonar por falta de entendimiento porque "mucha gente piensa que es un perro pequeño y no conoce la relación específica que se crea", en sus propios términos.

Los humanos, en eso, tenemos mucho que decir y que cambiar: "Muchas veces, cuando las personas vemos que hay un problema, no lo intentamos solucionar y pensamos que ya se arreglará con el paso del tiempo, pero el gato vive entre cuatro paredes y acaba reventando por un lado u otro", agrega la responsable de La Gatoteca. Al fin y al cabo, la mayoría de abandonos se dan por no saber qué se está metiendo en casa. Por eso, desde su proyecto imparten un curso de cinco horas a cualquier persona que haya decidido adoptar a alguno de los gatos para aprender a cómo llevarles, negociar con ellos, saber qué debería comer y qué no y cómo repartir los objetos en el hogar para que su disposición sea la más adecuada para el nuevo inquilino.

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Un gato en La Gatoteca. — Guillermo Martínez

En estos casi diez años de gatoteca, Aznar ha ido viendo cómo la gente va adquiriendo mayores conocimientos a la hora de adoptar un gato: "Sí vienen con ideas más avanzadas sobre qué tipo de pienso y arenas deben utilizar, y si preguntan por temas de comportamiento ya conocen la figura del terapeuta felino".

Y concluye con un mensaje final: "Que la gente que está pensando en adoptar, o que un amigo tiene una camada y te da uno de los bebés, o te lo encuentras en la calle... Que esa gente dedique un poco de tiempo para conocer al animal con el que va a convivir, sus necesidades, y así evitar todos los problemas que pueden llegar a ocurrir".

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