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Rebrotes coronavirus La segunda ola de la covid llega sin que más de la mitad de los afectados sepa que está contagiado

Los expertos descartan por su escasa efectividad un nuevo confinamiento general mientras abogan por el rastreo, la higiene y el distanciamiento social para paliar la mortalidad de una enfermedad cuyo ritmo de transmisión aumenta sin que la mayoría de sus portadores sean conscientes de que lo son.

El confinamiento, una medida que multiplica el riesgo sobre las familias vulnerables
La intensificación de las PCR está haciendo que por cada paciente con síntomas aflore otro contagiado asintomático que puede transmitir el coronavirus. / ADP

El problema, y el riesgo, de esta segunda ola de la Covid-19 está en la invisibilidad: no del virus, sino de su contagio. Más de la mitad de sus portadores desconocen que lo son por ser asintomáticos, lo que, salvo que sean detectados en los trabajos de rastreo que desarrollan las comunidades autónomas, dispara las posibilidades de que puedan seguir transmitiéndolo y generando vectores de contagio de carácter comunitario.

Ese tipo de brotes de transmisión comunitaria, incontrolables con relativa frecuencia, acaban desatando episodios de mortalidad en los grupos de población más vulnerables a la covid-19, como ancianos y personas que padecen otras dolencias, especialmente respiratorias.

Los datos de contagios que el Ministerio de Sanidad recaba de las comunidades autónomas reflejan desde la segunda quincena de julio dos inquietantes tendencias: un notable y creciente aumento de los contagios detectados diariamente, que ya se acercan a los niveles previos al confinamiento, y una presencia cada vez mayor entre estos de los asintomáticos, cuyo volumen supera la mitad de los positivos la mayoría de las jornadas.

Los datos de las CCAA confirman la elevada presencia de asintomáticos que están detectando los rastreos. / MINISTERIO DE SANIDAD

El dato tiene, no obstante, otra lectura más tranquilizadora: la elevada detección de contagiados asintomáticos indica que el sistema de rastreo de contactos de quienes sí los manifiestan y el chequeo mediante pruebas PCR comienza a funcionar, no del todo en comunidades como Madrid pero sí en otras como Aragón, donde la proporción es de tres positivos sin síntomas por cada uno que los presenta.

"Detectábamos el 10% de los casos y ahora el 85%"

"En primavera se estaba detectando un 10% de los casos, que eran los más graves, y ahora estamos detectando el 85%", explica Francis Falo, director de Salud Pública del Gobierno de Aragón, comunidad que la semana que viene alcanzará una media de 5.000 PCR diarios.

Eso hace que en ese territorio se esté manteniendo una media diaria de 20.000 contactos confinados en sus domicilios, o cuando menos con indicaciones de los sanitarios para hacerlo, a la espera del resultado del PCR o guardando una cuarentena preventiva.

Aunque el nivel de detección es menor en otras comunidades, su incremento en general es una de las principales diferencias entre la primera y la segunda ola de la pandemia. Hay otras, como el mayor cansancio del personal sanitario y el hecho de que la actividad del sistema se haya ido normalizando con la atención a otras enfermedades.

También ha cambiado el perfil de los contagiados que se detectan, que se rejuveneció tras el confinamiento y que poco a poco va afectando a gente de mayor edad al producirse la transmisión comunitaria como consecuencia, precisamente, de la inconsciente actividad difusora de los asintomáticos.

"El problema no es que se contagie un joven en un botellón, porque la mayoría pasan la covid-19 sin síntomas; el riesgo está en que se produzcan contagios en su entorno familiar", explica Falo, que anota que en las últimas semanas están aumentando los casos entre personas de edad avanzada y, al mismo tiempo, comienzan a detectarse entre niños. "Eso ocurre porque hay mucha transmisión familiar", añade.

"Hay que ser muy imbécil para no ponerse en alerta"

Merche Ortín, secretaria general del sindicato CESM (Confederación Estatal de Sindicatos Médicos) en Aragón, achaca la expansión de esta segunda ola de la Covid-19 por toda España a las supuestas triquiñuelas de algunos territorios. "Hay que ser muy imbécil para no ponerse en alerta viendo lo que pasaba aquí", señala.

“Creo que ha habido una ocultación de datos por motivos económicos. A muchas comunidades no les interesaba ser transparentes porque su economía depende en parte del turismo. Se estaban negando los datos para no ahuyentar a los turistas, españoles o extranjeros", apunta, mientras advierte de que “los profesionales estamos agotados" y de que "cuando la transmisión se convierte en comunitaria esto ya no se controla, en catorce días se va de las manos".

En este sentido, y en línea con la advertencia que lanzaban este viernes nueve sociedades científicas, Ortín alerta de que "nuestros compañeros ya están avisando de que la atención primaria está a punto de reventar en Madrid y de que los hospitales se están acercando al límite".

"Tras un confinamiento vuelves a la misma casilla"

La aceleración de los contagios, que ayer rondó las 3.000 notificaciones mientras los fallecidos alcanzaban la docena, llevó al Gobierno y las comunidades autónomas a adoptar una batería de medidas con el fin de frenar la expansión entre las que, a catorce de agosto y con la campaña turística reventada por las cuarentenas internacionales, se incluyen la prohibición de fumar en espacios públicos a menos de dos metros de otra persona y nuevas restricciones para el ocio nocturno, entre otras.

Mientras tanto, autoridades sanitarias y expertos coinciden en descartar un nuevo confinamiento general por su escasa efectividad para hacer frente a la pandemia y por sus graves consecuencias económicas.

"El confinamiento sirve ante una situación extrema de colapso del sistema sanitario o para proteger a los grupos vulnerables, pero se da la circunstancia de que la población más vulnerable es la que peor podría afrontar ahora una medida de ese tipo", explica Falo, en referencia a la expansión del coronavirus por los barrios más populares.

Coincide con Yamir Moreno, matemático de la Universidad de Zaragoza: "el confinamiento es efectivo para frenar la incidencia diaria del coronavirus, pero cuando termina vuelves a la casilla de salida. Sirve para controlar la enfermedad, pero no para acabar con ella".

"Lo efectivo es localizar las cadenas de contagio y cortarlas"

Moreno es uno de los miembros del BIFI, el Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos, que, junto con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la italiana Fundación ISI, han participado en un estudio, publicado por la revista Nature Human Behaviour , en el que concluyen que la detección temprana del 50% de casos sintomáticos en los dos días posteriores a que desarrollen síntomas, su aislamiento y el rastreo y la cuarentena de entre un 20% y un 40% de sus contactos "sería una estrategia efectiva para contener posteriores oleadas de la enfermedad [tras un confinamiento] y evitar la saturación o colapso del sistema sanitario".

En un trabajo anterior, publicado en este caso por BMC Medicine, ese mismo grupo de entidades había concluido que la reducción de la movilidad, en general, no es efectiva para contener la expansión geográfica del coronavirus.

"Se trata de unas cifras razonables", explica, calculadas con base en la población y la movilidad de Boston y aplicable a la mayoría de las ciudades europeas. "Uno de los puntos importantes del estudio es que cuantificamos la necesidad de rastreo y qué capacidad se necesita para que funcione", añade.

Los investigadores parten de que solo hay dos vías para llegar a la inmunidad de grupo para convivir con el coronavirus, un objetivo para el que el confinamiento supone una traba: la vacuna o una progresión sostenible de contagios que alcance al 60% de la población, aunque sería suficiente con un 40% si se mantienen las medidas de higiene y de distanciamiento que se han ido aplicando desde marzo.

"Lo efectivo tras el confinamiento es localizar las cadenas de contagio y cortarlas", explica Moreno, que anota que "ese control y el aislamiento de los contagiados permitiría llegar a la inmunidad de grupo de una manera lenta siempre que fuera asumible para el sistema sanitario".

“Es importante mantener los rastreos para tener los contagios a raya y dar tiempo a la ciencia para que halle la vacuna”, añade, ya que, “en cualquier caso, estamos lejos de esa inmunidad”.

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