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Al rescate del turismo y el ladrillo, la salida fácil para relanzar la economía

El interés del Gobierno y las autonomías de revitalizar el sector inmobiliario y el turismo podría aumentar la sobredependencia de la economía española de estas industrias. Expertos y activistas reclaman un cambio de rumbo hacia la diversificación y la descentralización económica.

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Cuatro personas disfrutan del buen tiempo y del calor en la playa de la Malvarrosa, el pasado viernes. EFE/Kai Försterling

madrid, Actualizado:

En España la mayor parte de las finanzas son de ladrillo y sombrillas, y no hay nada más perjudicado por el coronavirus que el ladrillo y las sombrillas. Ante la desescalada, el dilema pasa –una crisis económica más– por reestructurar la economía del Estado o por continuar, tal y como denuncian los colectivos sociales, poniendo todos los huevos en la misma cesta, la del turismo y el mercado inmobiliario.

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Con el verano a las puertas, el Gobierno se plantea el rescate del sector turístico como una necesidad imperante. Este sector –"estratégico", según la ministra del ramo Reyes Maroto–, es uno de los principales motores económicos del Estado, en tanto que representa cerca del 15% del Producto Interior Bruto (PIB) y cada año atrae a más de 82 millones de turistas internacionales, según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). Muy vinculado al turismo, el sector inmobiliario se ha erigido como otro de los ejes que articulan la economía estatal, representando cerca del 8% del PIB.

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"Haríamos muy mal si volviéramos a depender al completo de esta carta como ya hicimos en el 2008"

El peso de estos sectores en la economía se sustenta en una oferta de empleo basada en la temporalidad y los salarios bajos, en líneas generales, tal y como denuncian sindicatos y como el propio ministro de Consumo, Alberto Garzón, opinó hace semanas, ganándose el descontento de parte de la patronal hotelera. En cualquier caso, el propio peso económico del sector es uno de los elementos que dificulta repensar de cero la sobredependencia económica. "Es difícil pensar que a corto plazo veamos un cambio radical, pero, al mismo tiempo, apostar todo al turismo se convierte en una lógica suicida. El sector debe tener su papel, pero haríamos muy mal si volviéramos a depender al completo de esta carta como ya hicimos en el 2008", explica Ernest Cañada, profesor de la Universidad de Barcelona y coordinador de Alba Sud, organización incluida dentro de la Red SET de Ciudades del Sur de Europa ante la Turistización.

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Por el momento, la situación del turismo y el mercado inmobiliario viven en una quietud extraña. Este podría ser el primer verano en mucho tiempo en el que los paisajes de la costa española dejen de estar edulcoradas por una masa de toallas y sombrillas, dada la dependencia del exterior. Ante esta tesitura, el Gobierno y la ministra Maroto se mueven a contrarreloj en Europa para tratar de alcanzar acuerdos que permitan, de una manera escalonada, aumentar la movilidad entre países y garantizar la llegada de turistas al territorio español.

Lo que es una realidad es que este año, de manera coyuntural, el sector se focalizará a un mercado nacional. El problema, según Cañada, tiene que ver con que esto no va a cambiar las lógicas de explotación del sector. "Hay que entender que el turismo de cercanía no tiene porque implicar necesariamente un modelo más sostenible y resiliente", señala Cañada, con la intención de hacer ver que es un buen momento para trabajar a largo plazo y cambiar la "sobredependencia del sector".

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Para Javier Gil, portavoz del Sindicato de Inquilinos, movilizar las energías en un rescate del turismo podría "provocar que se dinamicen las inversiones especulativas hacia el sector inmobiliario", como ya ocurrió en la crisis de 2008. "Apostar por el rescate favorecerá que se mantenga de manera artificial el precio del parque inmobiliario y a mantener las inversiones sobre el sector. Se ve muy bien con los pisos turísticos: si no rescatas esas viviendas, tienen que pasar al mercado residencial, lo que generará una bajada de las rentas y una adecuación de los precios de la vivienda como hogar y no como fin turístico".

"No se debe rescatar este modelo de turismo, porque cuando esto ocurre lo que se rescata es al gran capital, al Ibex 35 y a fondos buitre como Blackstone"

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"No se debe rescatar este modelo de turismo, porque cuando esto ocurre lo que se rescata es al gran capital, al Ibex 35 y a fondos buitre como Blackstone, que no sólo es el principal propietario de vivienda, sino que también es el primer propietario de hoteles de España", expresa Gil.

Los primeros pasos para resurgir el ladrillo y el turismo los están dando los Gobiernos autonómicos, que durante el estado de alarma han aprobado decretos y modificaciones de ley para desregular y fomentar la aparición de nuevos proyectos. La lista de medidas políticas es larga: Andalucía ha modificado la Ley del Suelo, Madrid espera eliminar las restricciones burocráticas para conseguir licencias con una simple declaración responsable, Murcia ha emitido dos decretos para permitir un aumento de la contaminación y modificar la Ley de Puertos, Baleares, con otro decreto, permitirá ampliar la edificabilidad de los hoteles en un 15% hasta 2021. Lejos de avanzar hacia un modelo que traslade un alto porcentaje de empleos de la industria hacia sectores esenciales para la transición ecológica –cuidados, renovables o investigación–, la economía parece, a medida que pasan los días, perfilarse en pro del mismo sistema de sobredependencia del turismo y el ladrillo.

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"Aprovechan la crisis, no porque se vayan a construir más a corto plazo, sino porque las leyes de protección ambiental les molestan", señala Belén García, responsable de Turismo en Ecologistas en Acción, que señala el impacto que tiene el sector en el territorio español, ya sea por los proyectos urbanísticos del litoral o por la contaminación asociada que hay detrás. Tanto es así, que la dependencia del turismo del exterior va obligadamente acompañada de emisiones de CO2 por transporte aéreo o marítimo. Según las últimas estadísticas del INE, España recibe por vía aérea a 67 millones de turistas, 1,9 millones llegan por los puertos y 12,9 millones lo hacen por carretera.

De hecho, el control estatal de las infraestructuras aéreas, terrestres y portuarias ya son, según opina la ecologista, "suficiente rescate" para el turismo, en tanto que son elementos que en cierta medida se construyen o se modifican para fomentar y atraer nuevos turistas a las ciudades. También las exenciones fiscales que tienen los billetes de avión son un "privilegio" destinado a fomentar el sector, opina. "En España, la principal industria del país hasta el 2008 ha sido el sector inmobiliario y el turismo, pero muy vinculados también al servicio de obras públicas; estos tres sectores siempre han ido de la mano. Ha sido una forma de utilizar el estado para agilizar y dinamizar su crecimiento", agrega Gil, que menciona la multitud de procesos de recalificación de terrenos asociados a los procesos de turistificación de zonas de España.

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"Las ayudas que se den deben estar organizadas en términos de calidad de empleo y en términos de fiscalidad"

Para Cañada, volver a apostar por el turismo y el ladrillo generará los mismos problemas de las anteriores crisis. "Más allá de lo que se pueda trabajar a corto plazo, se debe empezar a buscar nuevas fórmulas", opina el experto, que señala como la ausencia de movimiento dejará consecuencias nefastas en el litoral español, cuya economía se focaliza en gran porcentaje al turismo. "Hay que empezar a pensar que las ayudas que se den deben estar organizadas en términos de calidad de empleo y en términos de fiscalidad, de modo que ni euro pueda ir destinado a empresas que tengan sedes en paraísos fiscales", apunta.

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Se trata, cierta medida, de "diversificar y descentralizar" la economía, añade García, que, decepcionada, ve cada vez más lejos la oportunidad de cambiar el modelo económico español que se abría con esta trágica crisis sanitaria. "Tenemos que apostar por otros sectores, esto llevará su tiempo, pero debemos hacerlo. Esta era la ocasión perfecta para empezar a invertir en cuestiones propias; en un modelo que no nos deje en los huesos ante una crisis o un nuevo brote", zanja.

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