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Salud mental Las personas con problemas de salud mental, vetadas en el trabajo: "No somos los monstruos que pinta el cine"

El colectivo tiene la mayor tasa de desempleo (82,4%) de entre todas las discapacidades gracias a estereotipos desfasados que perviven hasta hoy.

Un trabajador en una planta de envasado de aceite de oliva en la localidad sevillana de Dos Hermanas. REUTERS/Marcelo del Pozo
Un trabajador en una planta de envasado de aceite de oliva en la localidad sevillana de Dos Hermanas. REUTERS/Marcelo del Pozo

La salud mental ha sido durante mucho tiempo un tabú. Es curioso porque las enfermedades relacionadas con este campo son de lo más habitual hoy en día, según alerta la Organización Mundial de la Salud, que asegura que una de cada cuatro personas desarrollará un trastorno a lo largo de su vida. Lo más probable es que haya una amiga, un familiar o un compañero de trabajo con el que buena parte de la gente conviva en el día a día que esté pasando por ello.

A pesar de esto, el silencio y el desconocimiento son fuertes impedimentos para la plena integración de las personas con un problema de salud mental. Los estereotipos que se le asocian, como la falsa creencia de que son personas propensas a ser violentas, están todavía muy presentes en el imaginario colectivo y se convierten en barreras difíciles de franquear, tanto en las relaciones sociales como en el ámbito laboral.

Precisamente, el trabajo se ha convertido en un lugar casi vetado para las personas que desarrollan un problema psicosocial. Lo dice el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su último informe de Empleo de personas con Discapacidad en el que, manteniendo la tendencia de los cuatro años anteriores, este colectivo es el que presenta una mayor tasa de desempelo, un 82,4%.

Esta abultada cifra destaca más si la comparamos con los resultados de otros grupos recogidos en el estudio, pese a que su situación dista mucho de ser la ideal. Por ejemplo, las personas con una discapacidad auditiva presentan un 54,5% de paro, un 27,9% menos que las personas con problemas de salud mental, que se sitúan un 8,2% por debajo de la media del resto de colectivos.

¿Por qué es tan difícil?

Uno de los principales errores es considerar que el problema de salud mental define por completo a la persona. Nada más lejos de la realidad. Las capacidades, aptitudes y experiencias que conforman a una persona van más allá de cualquier trastorno que puedan haber tenido.

Así lo considera el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel González Zapico, que opina que la pobre cifra de empleo dentro de este colectivo demuestra que "aún queda camino por recorrer". "Las personas con problemas de salud mental, igual que cualquier otra, tienen habilidades, capacidades y destrezas. Muchas veces lo único que falta es la oportunidad para poder demostrarlas", afirma.

No obstante, los prejuicios pesan mucho todavía y pocas veces se deposita la confianza en las personas con problemáticas de este tipo. "El estigma aparece cuando vemos a la persona con un problema de salud mental como el otro o la otra", señala Zapico.

Personas como E. se han tenido que enfrentar a estos estigmas. Este joven de 28 años es natural de Madrid y graduado en Ingeniería Superior. E. tuvo que abandonar un puesto de trabajo en el que se respiraba un ambiente "hostil". "Cuando tuve que dejar mi último trabajo, mi exjefe me dijo que se había equivocado conmigo porque no era el mejor. Yo le intenté explicar que aspiraba a hacer mi trabajo desde el equilibrio", recuerda.

A pesar de esta experiencia, este ingeniero trata de no articular su discurso "alrededor de las limitaciones", aunque es una estrategia que no siempre da resultados. "Creo que sería necesario normalizar el compromiso entre potencialidad y límites. Al fin de al cabo, vivimos en un Estado social que debería incluir a la gente en sus diferentes coyunturas", argumenta.

Comparte postura con María Isabel García, de 47 años de edad y residente en Llodio, una localidad de la provincia de Álava. Esta mujer, que ha trabajado en el sector de la limpieza y de la hostelería, considera que se deberían "mejorar y crear más apoyos y recursos para favorecer la empleabilidad, teniendo siempre en cuenta las capacidades y necesidades de las personas".

El activista Ángel Urbina, de 52 años e ingeniero en Repsol, anima a desterrar la idea de que las personas con problemas de salud mental no son capaces de trabajar. "No somos los monstruos que nos pinta el cine", señala Urbina, que considera que el acceso a las oportunidades laborales son una "mejora de la calidad de vida" para todas las personas del colectivo.

Hacia un entorno laboral más saludable para todos

Pese a sus dificultades para encontrar empleo, no cualquier puesto vale. Un trabajo con un entorno donde la sensibilización con la salud mental de los trabajadores brilla por su ausencia no supone ninguna ayuda, más bien todo lo contrario, dado que entre el 11% y el 27% de los problemas de salud mental en España "pueden ser atribuidos a las condiciones de trabajo", según denuncia el informe de Costes Socio-Económicos de los Riesgos Psicosociales de UGT.

"Lograr que los lugares de trabajo sean entornos saludables es beneficioso para las personas empleadas, pero también para las propias empresas, puesto que redunda en la productividad, en la supervivencia y el crecimiento de la organización", reflexiona Zapico.

Para alcanzar este objetivo, el presidente de la Confederación Salud Mental España apunta algunos factores clave: "Que nuestra opinión se tenga en cuenta, que la organización sea flexible, que haya un buen ambiente, que sea un lugar seguro y agradable y que se reciba un trato justo a nivel de salario y reconocimiento", enumera.

Urbina comparte postura con Zapico y considera que un empleo digno es "saludable y motivador" para cualquier persona. Además, afirma que la presencia de una persona con un problema de salud mental en el entorno laboral puede servir para detectar "actitudes insalubres" en cualquier empresa.

En ese sentido, E. añade a las reivindicaciones de la Confederación Salud Mental España el "liderazgo inclusivo" como forma de promover desde el seno de la empresa un ambiente óptimo que permita a todos los trabajadores de una empresa sentirse implicados, reconociendo las diversas capacidades de todos ellos.