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Soberanía alimentaria y coronavirus Supermercado sí, huerto no. El autoconsumo se reivindica durante la pandemia

Asociaciones agrícolas y ecologistas reclaman que se abran todos los huertos de uso particular en España y señalan los riesgos mínimos de contagio que supone el autoconsumo respecto a hacer la compra en una gran cadena alimentaria.

Una agricultora recoge frutas en Estrada, Galicia. AFP/Miguel Riopa
Una agricultora recoge frutas en Estrada, Galicia. AFP/Miguel Riopa

El modelo alimentario actual parece articularse en torno a las estanterías metálicas de los supermercados. Con la pandemia y las medidas de confinamiento, las grandes cadenas de alimentación se han convertido en el principal elemento de abastecimiento de la sociedad, al menos en los entornos urbanos. Sin embargo, la realidad española muestra que hay vida más allá de la ciudad; que los entornos rurales, de por sí maltratados, se caracterizan por una forma de entender la alimentación ligada al autoconsumo y el viaje diario a la huerta. Pese a ello, los bancales partículares se han precintado y el confinamiento impide, en la mayor parte de España, que los pequeños campesinos puedan salir de sus casas para cultivar y recoger algo de alimento.

El Real Decreto del 14 de marzo, que articula la normativa del estado de alarma, dejaba una interpretación algo ambigua en lo relacionado a los huertos particulares, ya que no se hace mención directa a su cierre durante el confinamiento. Pese a ser una fuente de abastecimiento, la normativa habla exclusivamente de comercios y centros de producción agrícola destinados al abastecimiento de tiendas o supermercados. "Pensamos que esta norma está dictada pensando en los huertos como un lugar de recreo y sin tener en cuenta la realidad de lo que significa el autoconsumo", manifiestan desde la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA), en una petición dirigida al Ministerio de Agricultura y Pesca para garantizar que el autoconsumo agrario se pueda desarrollar durante la pandemia.

"¿Qué riesgo puede haber que una persona vaya a su huerto o a su gallinero?", se preguntan desde la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), que consideran que no hay una "mala fe" desde el Gobierno, pero sí una visión "urbanita" que ha llevado a una redacción poco clara y ambigua del Real Decreto del Estado de Alarma. Tanto es así, que el artículo 7 de la norma permite la circulación de personas para la "adquisición de alimentos" y por "causa de fuerza mayor o necesidad", lo que debería incluir las prácticas de horticultura familiar.

No en vano, los movimientos agrícolas locales sí que han conseguido algunos avances en determinadas zonas de España. Un buen ejemplo es Extremadura, donde la recogida de firmas planteada por ARBA ha conseguido que la Delegación del Gobierno autorice a los pequeños campesinos la salida al campo para trabajar sus tierras. En Catalunya la presión popular a través de las redes sociales también ha conseguido dar sus frutos y, a principios de abril, las autoridades permitieron que la agricultura de autoconsumo también sea una práctica económica esencial durante la pandemia. La Generalitat Valenciana ha sido el último lugar donde la Delegación del Gobierno ha abierto la puerta de las huertas particulares durante el confinamiento, tras las peticiones masivas de los grupos agrarios.

Estas decisiones han llegado después de que Interior dictase una instrucción el pasado 15 de abril en la que se apuntaban a las razones "socioeconómicas" y de "subsistencia" como nuevos motivos para poder saltarse el confinamiento. Este criterio ha servido para que determinadas delegaciones del Gobierno hayan actuado directamente sobre la problemática de los huertos particulares. En cualquier caso, "si no se especifica clara y meridianamente, las autoridades locales seguirán siendo más restrictivas que las directrices estatales. Debería dejarse por escrito", reclama Andrés Muñoz, responsable de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra.

Desde el Ministerio de Interior, por su parte, explican a este diario que "el desplazamientos a huertos o explotaciones agrícolas o ganaderas se encuentra en todo caso autorizado cuando se trata de actividades de naturaleza laboral, profesional o empresarial". No obstante, desde el gabinete dirigido por Grande-Marlaska informan que la horticultura particular puede realizarse cuando haya una causa de "fuerza mayor" y "el consumo del producto de los mismos resulte imprescindible para atender a su subsistencia".

La mano de un agricultor sujeta un manojo de espárragos. AFP/Jorge Guerrero

Por el momento las decisiones de liberar el campo del confinamiento están viniendo escalonadas y de manera local, por lo que muchas parcelas de siembra continúan cerradas. "Es una visión totalmente urbanocétrica", argumenta Muñoz. "Da la sensación que basta con garantizar el abastecimiento de los supermercados, cuando en España hay miles de personas siguen consumiendo de sus propios huertos. No tiene mucho sentido que se pueda ir al súper, donde hay más riesgo de contagio, y no se permita un desplazamiento al huerto donde es casi imposible que te cruces con una persona".

"Tenemos a miles de personas, la mayoría de ellas jubiladas, que se han quedado sin poder ir al huerto durante el estado de alarma", agregan desde UPA. Este drama no tiene sólo que ver con las cuestiones de soberanía alimentaria, sino con las cualidades emancipadoras que la horticultura puede otorgar a los labradores independientes. Y es que, como señalan desde la organización agraria, "los huertos son muy importantes también para el envejecimiento activo", puesto que permiten que la población envejecida tenga una motivación extra para salir de casa en las zonas de la España rural.

"El rol que juega la agricultura en el medio rural no es el mismo que el que puede tener en las zonas urbanas, donde los huertos pueden tener algo de ocio y de encuentro", argumenta José Luis Casadevante Kois, sociólogo de la cooperativa Garúa, que achaca esta problemática a la mirada "urbanita" de las leyes. "Denota una infravaloración el mundo rural y del papel que juega el autoconsumo en las economías campesinas tradicionales".

La problemática también ha afectado a los huertos urbanos comunitarios que, en la mayoría de las ciudades, permanecen cerrados sin plantearse alternativas en sus dinámicas de su funcionamiento, como establecer horarios de entrada o la desinfección diaria del material de trabajo. Para Casadevante, estos huertos tienen una dimensión importante y válida durante la pandemia, ya que pueden servir para producir alimentos destinados a población vulnerable. "Es importante que se piense en el potencial que tienen estas prácticas en tiempos de crisis", zanja.

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