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Coronavirus La compra básica sube más de un 7% en las primeras semanas de confinamiento

Los ajustes de la producción y la demanda, los primeros movimientos especulativos de los intermediarios con algunos artículos y los amplios márgenes que aplica la cadena de distribución tiran al alza de los precios que el consumidor paga en tiendas y supermercados por los productos frescos.

Algunos componentes clásicos de una ensalada han bajado, como la lechuga, mientras otros como la zanahoria se han encarecido más de un 20%. / PxFuel (CCO).
Algunos componentes clásicos de una ensalada han bajado, como la lechuga, mientras otros como la zanahoria se han encarecido más de un 20%. / PxFuel (CCO).

Comer lo que normalmente se come en casa es más caro que antes del confinamiento: el precio de los componentes frescos del menú básico de las familias españolas se disparó más de un 7% en las tiendas en el mes de marzo, especialmente en la segunda mitad de esta con la reclusión derivada de la declaración del estado de alarma.

El IPOD, el Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos que elabora la organización agraria COAG, revela como entre los meses de febrero  y de marzo se registraron subidas de los precios de 22 de los 33 productos frescos que componen el panel en esta época del año mientras solo bajaba el de nueve y otros dos (la leche y el limón) se mantenían congelados.

Los movimientos de precios del mes de marzo, en el que tanto la demanda como las cotizaciones comenzaron planas para dispararse en las vísperas y las primeras jornadas del confinamiento y estabilizarse después, incluyeron algunas subidas en el campo que redujeron los márgenes de los que se beneficia la cadena de distribución de los alimentos (pasaron de cobrar en la tienda 4,41 veces lo que se paga en el campo a 4,33), aunque eso solo afectó al negocio: el consumidor acabó pagando más que el mes anterior por la mayoría de los alimentos al combinarse una mayor demanda, que tiró ligeramente al alza de los precios en el campo y las granjas sin que la cadena redujera con claridad sus recargos, con algunos movimientos especulativos, especialmente con algunos tipos de carne como el vacuno.

Esos cambios de precios de los productos frescos, los más recomendados por los nutricionistas para una temporada de confinamiento, en los puntos de venta resultaron alcistas en la mayoría de los que, al mismo tiempo, forman parte del IPOD y de lo que sería el menú tipo de una familia media: leche y fruta (plátano) para el desayuno; verdura (acelga con patata), carne (cerdo) y fruta (naranja) para comer, otra pieza (manzana) para la merienda y ensalada (lechuga, tomate, cebolla y zanahoria), huevo (tortilla) y fruta (mandarina) para la cena.

El coste de esa minuta básica, con raciones de 150 a 200 gramos como recomiendan los expertos y las campañas oficiales de salud alimentaria, dejando al margen opciones como acompañar la carne con hortalizas como la berenjena (se encarece) o el calabacín (se abarata) y sin incluir el aceite por la dificultad de calcular el consumo, habría pasado de 3,21 a 3,46 euros por cabeza y día, con un encarecimiento del 7,8%. El cálculo no incluye bebidas.

Son apenas 25 céntimos por menú, poco dinero en el plano individual pero de una magnitud notable en el colectivo de un país con, según el INE (Instituto Nacional de Estadística), 18,62 millones de hogares de 2,5 miembros como media: el margen del negocio se dispara a 11,6 millones de euros diarios.

“El mercado se está reconfigurando”

“Los precios fueron muy malos en febrero en origen, en el campo, y en marzo se ha producido un ajuste al alza que ha permitido ajustar los márgenes”, explica Álvaro Areta, técnico de COAG, que anota que “el mercado se está reconfigurando ahora, con el estado de alarma, con el que han cambiado muchos hábitos de consumo. Algunos estudios están detectando cómo ahora, y parece lógico, la gente va menos veces a comprar y hace compras mayores”.

La evolución de los precios de los principales productos frescos de la dieta española durante el mes de marzo según los datos del IPOD que elabora COAG, que coincide con las tendencias alcistas que registra el IPC para las legumbres y hortalizas, las frutas, la patata y las carnes (salvo el ovino) y la congelación de la leche y los huevos, pese a la ligera retracción del capítulo general de la alimentación, son las siguientes:

Verdura: tendencias alcistas generalizadas

Los precios de las verduras mantuvieron para los consumidores una tendencia mayoritariamente alcista, con la excepción de la coliflor, que registró en marzo un carrusel de altibajos en las cotizaciones similar al que afectó al brocoli.

“El comienzo del mes fue horrible, pero la demanda y el pecio aumentaron con el estado de alarma”, explica Areta, que apunta que “ahora mismo las cotizaciones son irreales por elevadas, con el brócoli a dos euros el kilo en origen en Murcia. Veremos qué pasa el lunes”.

Las fuerzas ocultas de la cadena de valor de los productos agrarios no dejan de generar con el estado de alarma situaciones paradójicas como el encarecimiento en la tienda de una acelga que se abarata en el campo o de un repollo que no varía mientras ocurre lo contrario con la coliflor.

Hortalizas: el cierre hostelero y los confinamientos agitan el mercado

No hay un patrón que permita explicar la variación de los precios de venta al público de las hortalizas en el mes de marzo en España, con la berenjena al alza en la tienda y a la baja en el campo al contrario que otro producto de uso similar como el calabacín, o con un pimiento verde que sube 29 céntimos mientras el rojo baja 25 y con los dos repuntando en origen. No obstante, las subidas (7) de esta rúbrica casi doblan a las bajadas (4) en los lineales.

El cierre de los restaurantes está provocando un tapón en la comercialización de productos como la alcachofa o el espárrago, que ocupan amplias extensiones en el valle del Ebro y la huerta de Murcia. Las primeras cerraron marzo a 3,50 euros el kilo y esta semana se ofrecen a menos de 1,50.

Paralelamente, la cotización de otro producto como la berenjena y su demanda experimentaron dos picos con la declaración del estado de alarma y con la restricción de la movilidad en algunos países cuyos agricultores actúan como proveedores para algunas cadenas de alimentación españolas.

Fruta: la inflación de los cítricos con el encierro

Dos frutas del grupo de los cítricos como la naranja y la mandarina tuvieron en marzo “un ligero encarecimiento en origen y uno mucho mayor en destino”, explica Areta. Las alzas fueron de dos y 27 céntimos para la primera y de cuatro y ochenta para la segunda, cuyos precios en los lineales de las tiendas llegan a sextuplicar los que reciben los agricultores.

La cotización de otras frutas como la manzana y la pera ha permanecido más estable en un mes en el que la demanda ha permitido sacar al mercado buena parte de los stocks que conservaban las cooperativas en sus cámaras. “Eso deja el mercado en una situación muy buena para la cosecha de este año”, indica el técnico de COAG.

El precio del fresón, que se encuentra en el tramo final de la campaña, ofrece las fluctuaciones típicas de esta época del año en su casa, en la que los productores intentan colocar los últimos remanentes.

Carne: el estrangulamiento del cordero y la especulación del vacuno

La mayor demanda de las carnes más consumidas en España, la de cerdo y la de ave, han tirado al alza de sus precios, con aumentos tanto en las granjas como en los comercios, como ha ocurrido con la de conejo.

El problema está en las otras dos: el cordero y el vacuno. La cotización del primero está en caída libre, y de hecho las lonjas han dejado de incluirla en sus tablas, ante el desplome de la demanda provocado por el cierre de la hostelería, algo que, por otra parte, no reduce los gastos de los ganaderos, que siguen teniendo que alimentar a los animales aunque estos no se vendan.

"El estado de alarma ha reconfigurado los precios de muchos productos, y el cordero es uno de ellos", señala Areta. Es uno de los efectos secundarios del confinamiento para el que, hasta ahora, el Gobierno no ha previsto paliativos, como tampoco para las trabas que ha encontrado la agricultura de proximidad.

También el vacuno, que en marzo registró un ligero descenso en origen y un leve aumento en destino, ha dejado de cotizar en las principales lonjas, aunque en este caso el principal motivo de alarma para los productores se encuentra en la existencia de movimientos especulativos que tiran a la baja de esos precios. "Lo que queremos es que no haya contagios de esas maniobras a otros tipo de carne que no las han sufrido", indica Areta.

¿Cómo viene la próxima campaña?

Las variaciones de los precios son escasas en el resto de los productos que integran el panel de precios de COAG, con congelaciones en algunos como la leche de vaca y ligeras subidas, prácticamente inapreciables en el aceite o los champiñones, en el resto.

El desarrollo de la próxima campaña sigue planteando incógnitas ya que, pese a las medidas del Gobierno para habilitar mano de obra, las restricciones a la movilidad amenazan con dificultar su desarrollo de una manera notable por la necesidad de trasladar a las cuadrillas a los tajos varias veces al día y por las limitaciones de personal que ya aplican las cooperativas y los centros de manipulado, que han llevado al sector a plantearse la posibilidad de que este año la manipulación de la fruta se realice en los propios campos.

Esa solución resulta aparentemente efectiva para sortear las consecuencias de la reducción de la movilidad, pero al mismo tiempo pone sobre la mesa otro de mayor calado en el plano productivo: requiere la presencia de personal especializado en los campos.

El transporte hacia Europa está funcionando, mientras que algunas decisiones que van tomando en otros países empiezan a tener carácter favorable para los productores españoles.  "Costa Rica ha adelantado el cierre de su campaña y ha dejado de exportar melón y sandía a la UE, y eso puede resultar beneficioso para la campaña local, que comienza la próxima semana en Murcia", explica Areta, que no descarta que pueda ocurrir algo similar con la fruta de hueso, cuya recolección empieza a finales de abril en España para prolongarse, por zonas, durante todo el verano.

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