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En los últimos 12 años se han duplicado los suicidios en cárceles con cada vez menos presos

Desde 2011 la población encarcelada se ha reducido en un 21%, mientras que los suicidios se han incrementado un 120%. En consecuencia, las autoridades afinan los protocolos de prevención de suicidios en pro de evitar estas muertes.

Cárcel de Brieva (Ávila)
Imagen de la cárcel de Brieva (Ávila) en la que se suicidó Rosario Porto, madre de Asunta Basterra /José Oliva/ Europa Press.

Si estás pasando por una mala situación personal, padeces alguna enfermedad mental o tienes pensamientos suicidas, puedes recibir ayuda de tu médico de cabecera, acudir a Urgencias o apoyarte en una persona de confianza y contarle lo que te sucede.

También tienes a tu disposición la línea de atención a la conducta suicida en el 024, el Teléfono de la Esperanza (717 003 717 / 91 459 00 55) o el Teléfono contra el Suicidio (91 138 53 85).

La celda en silencio y dentro de ella un cuerpo que no respira. Cerca, una nota que recoge las últimas palabras garabateadas. Las de Paco Ortiz, atracador y eterno preso, fueron "¡Insumisión! ¡Insurrección! ¡Anarquía, Libertad y Dignidad!", según publicaron varios blogs tras su suicidio en la cárcel de Badajoz en 2003.

La firma al final de la nota cambia, pero la escena se repite cada vez con más frecuencia. De aquellos que se hicieron famosos por los crímenes que cometieron –o que negaron haber cometido–, han trascendido sus nombres. Pero la estadística está llena de presos anónimos que ponen fin a su vida dentro de los penales españoles. Cada vez el contador muestra cifras más altas. En doce años, el número de personas que se han suicidado en las prisiones españolas se ha incrementado un 120%.

El Informe de mortalidad de la Secretaría de Instituciones Penitenciarias (IIPP) del 2011 obtenido por Público a través de una solicitud de información pública, da fe de 15 casos. Los datos más actualizados de esta Institución relativos al 2022 estiman en 33 el total de hombres y mujeres que acabaron con su vida bajo la tutela del Estado, según han confirmado a este periódico fuentes de dicho organismo. Este cálculo no incluye los fallecimientos en penales de Euskadi y Catalunya, cuyos centros gestionan las autoridades autonómicas.

En una tendencia inversa, la población reclusa ha descendido un 20,6% en el mismo periodo, pasando de 58.534 a 46.468 personas, de acuerdo a las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial. De nuevo, estas cifras no incluyen a Euskadi y Catalunya. Así, mientras en 2011 la proporción de suicidios en prisiones españolas era de tres cada 10.000 reos, actualmente es de siete cada 10.000.

Nadie parece tener muy claro a qué se deben estos incrementos. Desde Instituciones Penitenciarias no se atreven a dar una respuesta concluyente sobre las razones que llevan a cada vez más presos a acabar con su vida. A la par, señalan que lo que ocurre en las cárceles no está desconectado de lo que pasa fuera de ellas. Y es que más allá de los muros de las prisiones los suicidios también han aumentado.

En España, el incremento de las muertes por esta razón es sostenido desde que se tienen registros. En 2022, 4.097 personas se quitaron la vida en nuestro país, según los datos provisionales de la Estadística de defunciones según causa de muerte del INE de dicho año. Esto supuso un 14,8% más de fallecimientos por esta razón que en 2016.

Asimismo, las consecuencias psicológicas de la pandemia también tuvieron su reflejo dentro de las prisiones. El año 2020 fue en el que más suicidios se registraron dentro de las cárceles, con un total de 53 fallecimientos por esta razón.

Prevenir el suicidio en prisión

A esta tendencia general, junto a la experiencia punitiva de la prisión, se le suman las complejas circunstancias personales de cada preso. Fuentes de IIPP hacen hincapié en la raíz multicausal del suicidio y la necesidad de prestar atención a cada uno de los casos de manera individualizada.

Una comisión multidisciplinar compuesta por técnicos de las subdirecciones de Análisis e Inspección, Seguridad, Tratamiento y Sanidad de este organismo se reúne anualmente para analizar todos los casos acaecidos en el último año y encontrar patrones que les permitan detectar los factores de riesgo de la conducta suicida.

Las conclusiones del estudio son enviadas en una comunicación interna a los equipos directivos de los centros en forma de pautas que deben tenerse en cuenta a la hora de aplicar los Protocolo de Prevención de Suicidios (PPS). La activación de este programa supone la aplicación de medidas que tratan de evitar una conducta autolesiva o suicida, pero también la búsqueda de situaciones personales o sociales que puedan suponer un alto riesgo de suicidio.

Sin embargo, el PPS están lejos de ser infalible. Alrededor de cuatro de cada diez presos que se suicidaron en 2022 estaban bajo este protocolo, según el análisis realizado por Público de la información obtenida a través de una solicitud de transparencia. Esta proporción es considerablemente superior a la de 2016, cuando a sólo dos de cada diez presos que fallecían por esta causa se les había aplicado el protocolo.

En el mismo periodo, la aplicación del PPS se ha ido reduciendo año tras año, pasando de 2.456 en 2016 a 1.897 seis años después. Dado el aumento sostenido de las tasas de suicidios en prisión, la reducción de esto protocolo no parece corresponderse con una mejora de la situación emocional de los presos.

Entonces, ¿en qué consiste exactamente el PPS? La respuesta va acompañada de un "depende": en función de la situación penitenciaria de la persona se le aplican unas medidas u otras. Aunque algunas de ellas son recurrentes. Por ejemplo, el cambio de módulo o el internamiento en enfermería con vigilancia permanente en los casos en los que existe un mayor riesgo de suicidio.

De ahí hasta el riesgo cero, el abanico de grises es variado y suele incluir la retirada de material de riesgo como cordones u objetos punzantes. Pero, sobre todo, se trata de evitar que el preso en riesgo de suicidio esté solo. Por eso, una de las medidas más habituales es asignarle un "interno de apoyo".

Es decir, otro preso o presa –en ocasiones amigo/a de la persona en riesgo– que lo acompaña con el objetivo de ser su apoyo. Pero también una fuente de información de la situación mental del otro interno.

Todos los trabajadores del penal recopilan, de un modo u otro, información de la situación anímica de los presos, si bien la evaluación psicológica y las medidas concretas a aplicar a cada uno de ellos depende de la dirección de tratamiento de los centros penitenciarios.

La atención constante y las medidas que conllevan la aplicación de un PPS también tienen una cara B, como explican desde IIPP. Y es que este protocolo restringe aún más la ya mermada libertad del preso y ello también puede impactar en su estado  psicológico.

Factores de riesgo

El rostro de Rosario Porto y de su marido, Alfonso Basterra, copó las pantallas de todos los telediarios en 2013. Ambos fueron condenados a 18 años de prisión por el asesinato de su hija, Asunta Basterra. El caso fue carne de cañón para las tertulias televisivas, que cubrieron la investigación policial y el posterior juicio minuciosamente. Porto dedicó sus últimos momentos de vida a señalar el tratamiento mediático del caso, como reflejó en su una carta antes de ahorcarse en la prisión de Brieva (Ávila) en septiembre de 2020.

El impacto social del caso, así como el tipo de delito cometido son elementos decisivos en el desarrollo de conductas suicidas de los presos. Público ha podido conocer cuáles han sido los últimos factores de riesgo detectados por la comisión multidisciplinar de IIPP en relación a los suicidio de 2022.

Los delitos cometidos contra las personas son los que, en mayor medida, despiertan ideaciones suicidas. Ocurre a menudo con los hombres que cometen crímenes de violencia de género. Por eso las direcciones de las cárceles tienen el mandato de prestar especial atención a las personas que ingresan en prisión preventiva por esta razón.

La entrada en la cárcel es, en sí mismo, otro factor de riesgo. Un informe interno de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias de 2022 detectó que la mayoría de los casos de suicidios se producían durante la prisión preventiva. Concretamente, uno de cada cuatro.

Por ello, la primera evaluación psicológica que pasa un reo es al entrar en prisión. En la misma línea, se le presta atención cuando sus circunstancias penitenciarias cambian. Por ejemplo, cuando se le imputa una nueva causa, su condena aumenta o se le sanciona en aislamiento. Pero también cuando está a punto de quedar en libertad.

Ante una vida tutorizada, la salida al exterior se presenta como un abismo para muchos presos. En parte, por la dificultad que enfrentan  las personas que han estado en prisión para rehacer su vida o encontrar trabajo, tal y como señalan numerosos estudios.

Pero es especialmente complicado para aquellos con un entorno familiar complejo. La disfuncionalidad de esta red de apoyo también puede resultar un detonante en el desarrollo de conductas suicidas, como también lo es la muerte de un familiar o cuando se produce cualquier otro evento significativo.

De ahí que la mayoría de las medidas busquen producir en el interior del penal las estructuras y redes de apoyo que normalmente contienen a una persona en el exterior y que la alejan de la ideación de suicidio. Se trata de recrear –no siempre con éxito– el sostén social de la libertad entre aquellos que, como cantaban Los Chichos en "Entre rejas", no pueden "sentir el aire y rozarlo con la mano".

*La información se ha modificado para corregir unos cálculos que contenían errores. Así, las muertes por suicidio en las cárceles españolas no se han triplicado desde 2011, sino que se han duplicado.

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