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Un urbanismo bipolar: Torrevieja, "un territorio depredado" que teme ser el nuevo Benidorm

Las grúas persisten en el horizonte de esta ciudad que reactiva varios planes urbanísticos, en distintas fases de tramitación, para levantar 18 rascacielos en primera línea de mar, al mismo tiempo que debate su propia reconversión para hacer frente a un modelo agotado.

El palmeral de Ferrís, uno de los pocos espacios libres de cemento que quedan en el frente litoral.
El palmeral de Ferrís, uno de los pocos espacios libres de cemento que quedan en el frente litoral. L. M.

Es el prototipo de ciudad dispersa, reptante y diluida que ha crecido a base de consumo masivo de suelo, expandiendo el ladrillo como una mancha de aceite que salpica todo el municipio con urbanizaciones de vivienda unifamiliar, y ahora prosigue en las alturas.

Estos proyectos de altos vuelos contravienen el diagnóstico y las propuestas de la Estrategia de Desarrollo Turístico que ha elaborado la Universidad de Alicante, por encargo del propio Ayuntamiento, para rejuvenecer un modelo agotado que se viene explotando durante medio siglo.

Aún pendiente de presentarse, recomienda el decrecimiento sereno: "Debería iniciarse una senda de contención y mesura en el consumo de territorio", afirma en su informe Pedro Górgolas, profesor de Urbanismo y Ordenación del Territorio del la Universidad de Sevilla. Es decir, se necesita una regeneración que detenga el "tsunami urbanizador" cuya onda expansiva se ha prolongado hasta hoy.

Tomando como referencia al filósofo José Antonio Marina, Górgolas describe un urbanismo bipolar -hace lo suyo y lo contrario-, esquizofrénico -dice que dos más dos son cinco- y paranoico -sabe que son cuatro pero no le gusta-. En su opinión, la bulimia ha dado paso a la anorexia, con un suelo prácticamente consumido que aboca a una parálisis crónica. Una patología territorial con numerosas contradicciones y retos que requiere acupuntura urbana, con políticas de renovación y recualificación y nociones de eficiencia y equilibrio.

Este metabolismo transformado por la voracidad del proceso inmobiliario ha dado lugar a "un territorio depredado" -una especie de pastiche para turistas- con el único empeño de acoger a ese turismo de masas que despuntaba en los años 60, cuando "irrumpen, de forma agresiva, planes que supusieron la abolición de cualquier intención racional de ordenar la ciudad", sostiene Górgolas.

El resultado de este exorbitante ritmo es "una pésima herencia" con graves costes que hipotecan el futuro, advierte el profesor, porque los intereses de la mayoría han estado al servicio de un urbanismo a la carta que ha hecho tabla rasa con la identidad y el valor del paisaje: "Inspirados en principios puramente economicistas, Torrevieja es un ejemplo de la aplicación de políticas públicas de corte empresarial alimentadas por la disposición de los gobiernos locales a la mercantilización del territorio".

Panorámica de Torrevieja. L. M.

Dos de las nuevas edificaciones "adecuarán" los márgenes del canal salinero del Acequión, con más de cinco siglos de historia. Al un lado, se planean tres torres en el conocido Campico de San Mamés, que primero fue asolado brutalmente y después arado a fondo para evitar que aquellos chiquillos de los años 50 jugaran al fútbol. Al otro, un proyecto de dos edificios de 26 plantas, con más de 80 metros de altura, pretende modificar la parcela que lo separa del mar para integrar en la nueva obra el emblemático parque de Doña Sinforosa, uno de los pocos pulmones de la ciudad.

"Es un calco de lo que ocurrió hace 30 años", recuerda Rafael Torres, empresario e investigador sobre la historia y el patrimonio arqueológico de la zona, que conoce "las raíces y los talones de Aquiles del pueblo". En 1988 el Ayuntamiento declaró esos terrenos urbanizables, hasta entonces de interés científico ambiental, y concedió licencias de obra. "Era un caramelo; pretendían cargarse el parque construyendo 10 edificios", explica. "Una vez más el afán de lucro iba a convertir un jardín valorado por los ciudadanos como un oasis en una babel con vistas al mar", matiza Francisco Sala, cronista de la ciudad.

"Está muy degradado y tiene un escaso valor botánico", decía en 1991 Ángel García, el entonces concejal de Urbanismo, al mismo tiempo que justificaba su renovación sufragada por los promotores.

Ese mismo año la oposición y varias plataformas vecinales recogieron firmas entre una población reacia a expresar cualquier reivindicación con nombre y rúbrica por miedo a represalias. "Sufres persecución", recalca Torres, que afirma que a él le costó 18 inspecciones en su empresa.

La repercusión fue tal, comenta mientras muestra fotos de varias manifestaciones, que el Consistorio lo terminó comprando por 500 millones de pesetas (3 millones de euros), una cifra muy superior a lo que le habría costado antes de recalificarlo. "De unas semillas que tenía la constructora recogió un invernadero", apunta.

En la finca "quedan 25 palmeras que se van a traspasar al nuevo espacio verde, e incluso se plantarán algunas más, 28 eucaliptos y 45 pinos. Todos esos árboles no se pierden, sino que se sustituyen o se amplían con otras especies", describía García.

Fernando Vera y Pedro Górgolas (dcha.), en la laguna salada en una foto de archivo. L. M.

Lo primero que tiraron abajo fue la casa de los portalicos, que estaba protegida, y que, según Sala, durante la guerra civil funcionó como hospital para los heridos del frente. "Recién comprado el parque veo que un pino se había secado. Todos tenían alrededor un lazo de alambre y un hierro torcido. Los estaban estrangulando", prosigue Torres. Martillo y cincel en mano los rompió.

Después vallaron el reciento. "Con la excusa de hacer limpieza, los tractores se llevaban los árboles por delante. Así no hacía falta ningún plan ambiental. Ya entonces se perdieron los más centenarios", describe.

Ahora ese rincón vuelve a quedar a disposición de una constructora. Ante la creación de una plataforma ciudadana para salvar el parque, el alcalde, Eduardo Dolón, también concejal de Urbanismo, ha asegurado que es "una mejora" de la zona verde y que "el arbolado no se va a alterar", ya que su preservación tiene carácter vinculante, de obligado cumplimiento para el promotor.

Sin embargo, el estudio de la empresa, en fase de exposición pública, habla de "la nula presencia de valores ambientales y paisajísticos destacables", pese a que algunos de sus ejemplares -incluido el que tiene el tronco de mayor diámetro de todo el municipio- están en el catálogo de árboles monumentales, elaborado por el anterior equipo de Gobierno y aún pendiente de aprobación.

Además, detalla que los que sean "incompatibles con la nueva ordenación se trasplantarán". En concreto, menciona "la necesaria integración del parque con el entorno urbano", creando nuevas zonas verdes con las palmeras y árboles existentes y plantando "otras especies de bajo porte" cuya altura adulta no constituya "una barrera a las perspectivas". No como aquellos eucaliptos -no compatibles- que superando en altura a los edificios colindantes, de siete plantas, taparían las vistas al mar.

Su idea es reorganizar este jardín de estilo romántico con vegetación mediterránea -y frondosa-, "actualizando su imagen urbana con un lenguaje moderno" con parterres, pavimento, gravilla y césped artificial, según los materiales descritos y las fotos que recrean un futuro parque de cemento.
De esos que forman parte de la arquitectura del espectáculo, del decorado, que invitan a cruzarlos -o ni eso- más que a detenerse para vivirlos. Frente a los recorridos pendulares, de paso, Górgolas propone itinerarios donde interactuar. Es decir, renaturalizar y recuperar la calle como espacio público y este como algo más que meras zonas que quedan entre los edificios, y sobre todo "asegurar la salvaguarda del interés colectivo".

Porque se han perdido muchos puntos de encuentro. Pasó también con la remodelación de la plaza de la Iglesia del Sagrado Corazón, conocida como la de La Ermita, por la capilla que fue derruida en los 70, y que en 2007 se alzó en su versión moderna, casi una catedral de hormigón blanco que poco recuerda al viejo templo y algo más a una plaza de abastos.

Una obra megalómana de los tiempos álgidos, esos que acabaron con el alcalde en prisión, que se llevó puesto otro arbolado muy característico y de gran valor para el vecindario. Los grandes ficus se trasladaron al cementerio municipal, como una alegoría.

Indica el documento de la futura la estrategia que ese intenso desarrollo urbano que eclosionó en 1987 con el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), promoviendo la urbanización casi integral del término municipal, "no ha estado acompasado por una ganancia en extensión y calidad ambiental de la infraestructura verde".

Transcurridos casi 35 años, sorprendentemente todavía en vigor, se ha evitado cualquier planificación a largo plazo que pudiera poner trabas al crecimiento inmobiliario. Pendiente desde hace más de un año de formalizar la adjudicación del contrato para revisarlo, se ha ido maquillando con modificaciones puntuales, más de un centenar, para recalificar de manera indiscriminada.

Un cambio en la normativa permitió en los últimos años pasar de cuatro a 10 alturas en la franja costera. Al sur del municipio, en una de las zonas más cotizadas, dos edificios, ya en construcción, se suman a otros 10 de reciente creación con la particularidad de que sus cimientos "encapsulan" un refugio de la guerra civil. La empresa deberá poner en valor los restos arqueológicos de la parcela aledaña -unas antiguas dependencias de carabineros y dos aljibes de unos dos siglos de historia- que antes estuvieron ocupados por las mesas y sillas de un chiringuito.

. En el centro, el refugio de la guerra civil “encapsulado” en la nueva obra. L. M.

Ya llevaba más de una década intentándolo cuando en 2008 se abrió la puerta a la "libertad tipológica", una modificación que permite levantar edificios de hasta 30 alturas en algunas zonas del casco urbano. El entonces alcalde explicó con dos cajas de cartón que la edificación en vertical rentabiliza mucho más el suelo que en horizontal.

La obra de Doña Sinforosa es "una ordenación orientada a liberar la ocupación de suelo y permitir la construcción en altura configurando nuevos hitos urbanos", se lee en el estudio de detalle.

Como contrapunto a un urbanismo indiferenciado, se ha pretendido impulsar grandes proyectos que tratan de ser el escaparate de una nueva ciudad. Acciones que podrían considerarse como ejercicios de marketing urbano: "El cambio de fisonomía de algunas áreas no presupone la necesaria cualificación del modelo, que ha de hacerse con un planteamiento integral y orientarse hacia una ciudad con calidad para residentes y turistas", advierte Fernando Vera, miembro del grupo de investigación de la Universidad de Alicante sobre planificación y gestión sostenible del turismo.

—¿Será Torrevieja la nueva Benidorm?
—Se trata de dos modelos diferentes desde sus orígenes. Hacer ciudad compacta se ha demostrado más eficiente, pero no implica que se tenga que hacer mediante un salto vertical y cambiando aún más la fisonomía urbana —insiste el también catedrático.

La necesaria reformulación del PGOU, sobredimensionado y desfasado, "más que un instrumento para crecer, cuando ya la práctica totalidad del suelo urbanizable se ha consolidado, o va a estarlo en breve, debería servir para cualificar lo que ya hay", apostando por "un proceso de evolución de destino turístico-residencial a entidad urbana, si se acompaña de mejoras urbanas y ambientales, infraestructuras y equipamientos", agrega Vera.

Hacerlo, según la estrategia, materializando zonas verdes y servicios públicos en esas reservas de cesión gratuita a la Administración local que han quedado inconclusas una vez se ha desarrollado la actuación urbanística.

En suma, continúa Vera, "lograr una mayor cohesión del tejido urbano y evitar las vulnerabilidades sociales", mitigando los problemas que se derivan de una ciudad saturada en verano y un pueblo fantasma fuera de temporada con un empleo marcadamente estacional.

Hacer ciudad ensamblando y articulando la periferia residencial. Fluir para pasar de un espacio a otro sin golpearse. Para evitar esas fracturas que se ven en el parque natural de las lagunas de La Mata y Torrevieja, una zona protegida que equivale a la mitad del municipio, aun así acechado por urbanizaciones incrustadas en su área de influencia. Es allí donde se encuentra precisamente la última gran bolsa de suelo en donde están previstas hasta 7.000 viviendas.

Górgolas refleja en su informe la enorme "presión que se ejerce sobre el medio natural". Se constata en las lagunas, pero también en otros espacios asfixiados que se convierten en guetos verdes, como un paraje de dunas y palmeras en el que la asociación Salvemos Lo Ferrís lleva años reclamando su protección y conservación. La lucha de unos vecinos por preservar su pequeño paraíso venido a menos. Porque la dejadez es palpable, y la táctica suele ser la misma: procurar que algo se degrade para justificar cualquier actuación.

En una ciudad escuálida y desnutrida, despojada de espacios para el esparcimiento y el ocio, "no se pasea, se merodea", comenta Górgolas, que aboga por un cambio de rumbo que impulse la infraestructura verde como nuevo argumento. Construir de manera más amable, habitable y respirable. En palabras de Vera, "un proyecto integral de cualificación y mejora del municipio en todas sus dimensiones".

Por eso, piensa que "el nuevo plan general tendrá que abrir un verdadero debate social sobre el modelo de ciudad, sobre la base de nuevos paradigmas, como la sostenibilidad, la innovación y la calidad de vida", y confía en "ver pronto una gestión turística basada en las líneas de trabajo que plantea la estrategia: apostando por una ciudad sostenible en el plano económico, social y medioambiental".

A juicio de Górgolas, "en Torrevieja crecer se ha convertido en una ideología, una forma de pensar la economía, la sociedad y el territorio", pero si persevera en "un urbanismo reincidente" perderá competitividad turística.

De momento, la ciudad sigue en su huida hacia delante y va perdiendo el miedo a los terremotos, palabra tabú en esta población que fue destruida por un seísmo en 1829. En la Curva del Palangre, con reminiscencias de aquellos aparejos usados en la pesca artesanal, hay proyectados otros cuatro rascacielos, de unas 29 plantas, que deberán "sortear" las numerosas palmeras datileras que hay en la parcela.

Panorámica de la parcela en la Curva del Palangre, donde se proyectan cuatro rascacielos. L. M.

Mientras que en la playa de Los Náufragos, una de las más populares, se prevén nueve edificaciones, de unas 23 alturas. En este caso, como en los de similar envergadura, la condición del Consistorio es que no arrojen sombras a la playa entre las 10 de la mañana y las siete de la tarde.

En Doña Sinforosa, según la promotora, se pretende "evitar la formación de pantallas arquitectónicas en la fachada litoral". Otros lo llaman utopías privadas. Algunos van hasta el rompeolas de Levante o al antiguo embarcadero de las Eras de la Sal para ver el atardecer. Todos perderán una buena panorámica.

Torres se lamenta: "Volvemos a cometer los mismos errores. Se construye alto en primera línea y en graderío hacia atrás", cercando y amurallando el mar. El también pintor y escultor lo dice en su estudio rodeado de algunas recreaciones de aquel pueblo de otro tiempo. En un cuadro dos atlantes sostienen la antigua torre vigía -o vieja- que da nombre a la localidad, como símbolo de una ciudad perdida que corre el riesgo de autodestruirse cegada por la desmesura, como aquel rey griego que acabó devorándose a sí mismo cuando ya nada saciaba su apetito.

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