Del barrio a la verbena: el Madrid castizo en el cine para este San Isidro 2026
Un recorrido por las películas que mejor han capturado el Madrid castizo, de las verbenas de zarzuela a los barrios obreros o el Rastro.

Zaragoza-
Las ciudades son efímeras. Sí, es cierto, su nombre y localización permanecen a lo largo del tiempo. Sin embargo, sus gentes, su morfología y, en definitiva, la vida que se desarrolla en ellas va cambiando. Los primeros vestigios de Madrid datan de la segunda mitad del siglo IX, cuando los musulmanes dominaban la Península Ibérica; aunque recientes investigaciones apuntan que pudo haber asentamientos previos en la zona. Sin embargo, si nos atenemos al relato contrastado, Madrid primero fue una fortaleza militar, después una villa y, finalmente, en 1561, fue nombrada capital de España.
Una trayectoria así dibuja a la perfección la naturaleza siempre cambiante de las ciudades. Realidades perdidas con el paso del calendario que, afortunadamente, podemos rescatar gracias al cine. El séptimo arte fue, desde su génesis, eminentemente popular. No es casualidad que la primera película mostrase a un grupo de obreros saliendo de una fábrica. Es por ello que en su alma siempre ha estado el retratar la cotidianidad, lo que nos permite encontrarnos con paisajes urbanos que ya no existen, costumbres desfasadas, estéticas perdidas o lenguajes ahora en desuso. Estas son las películas que nos devuelven a un Madrid castizo, ajeno a la turistificación.
'Mi calle' (1960)
Mi calle es un ejercicio interesante para encontrarnos con el Madrid castizo, sobre todo por su intención. Dirigida por Edgar Neville, cuenta la vida en una calle madrileña desde los inicios del siglo XX hasta la década de los 40. Se trata de una cinta costumbrista, en la que familias de diferente posición social interactúan entre sí, dando una muestra de las dinámicas existentes en la capital (y en España por extensión) a inicios del siglo pasado.
Dicho esto, es importante contextualizar. Se trata de una película rodada en pleno franquismo y, como tal, posee unos sesgos que no se deben obviar. Aún así, por ejemplo, su mirada sobre la Segunda República no es tan maniquea como cabría esperar, lo que le ha permitido resistir el paso del tiempo mejor que otras cintas contemporáneas. De hecho, es una de las primeras veces en que la proclamación republicana se representa con alborozo popular, un gesto que hoy sorprende y refuerza su valor como un retrato complejo de aquel Madrid cambiante.
'La verbena de la paloma' (1963)
La verbena de la paloma es un clásico de la zarzuela, escrita por Ricardo de la Vega y con música de Tomás Bretón. Ambientada en las fiestas populares de Madrid, cuando se celebra la procesión en honor a la Virgen de la Paloma, posee un lugar preferencial dentro del imaginario madrileño. Por ello ha sido llevada a la pantalla grande hasta en tres ocasiones. En 1921 fue adaptada por José Buch, en 1935 por Benito Perojo y, finalmente, en 1963 fue el turno de José Luis Sáez de Heredia, con la particularidad de que se trata, además, de la primera vez que la película se rodó en color. Quizá por ello la versión protagonizada por Concha Velasco sea la más amable de recuperar actualmente.
Además, como cápsula del tiempo posee un valor doble. No en vano, la cinta comienza con unas imágenes del Madrid de los años 60, cuando se rodó la cinta. Un metraje que sirve para recordar cómo era la capital en aquella época, antes de que el propio argumento se retrotraiga hasta el siglo XIX. Después llega lo esperado: chulapos, mantones de manila y demás elementos del folclore castizo.
'El crack' (1981)
El crack es una rara avis en el cine español, ya que es uno de los primeros títulos de cine negro al estilo del Nuevo Hollywood de los 70. No obstante, no extraña que la película vaya firmada por José Luis Garci, que aquí aúna dos de sus grandes pasiones confesas: Madrid y Nueva York. De hecho, la película, que tiene a Alfredo Landa en el papel del detective privado Germán Areta, aunque es entretenida, destaca sobre todo por el retrato que realiza de la capital española y, en especial, de la Gran Vía.
De hecho, solo por poder ver esos planos, y detenerse en las películas que estaban en exposición en sus cines, ya merece la pena el revisionado. Sin olvidar que la cinta es todo un clásico, claro. De hecho, tuvo segunda parte, El crack II (1983) e, incluso, generó tal culto a su alrededor que en 2019 se rodó una precuela que tuvo por título El crack cero.
'La estanquera de Vallecas' (1987)
No hubo nada más apegado a la calle que el cine quinqui, que tuvo en Madrid uno de sus epicentros (el otro fue el extrarradio de Barcelona). Muchas fueron las cintas que retrataron la realidad de los barrios en la década de los 80: Navajeros (1980), Deprisa, deprisa (1981), Colegas (1982)... aunque si hablamos de Madrid es de ley destacar a La estanquera de Vallecas. Sobre todo, porque ofrece una imagen más global de la vida en el barrio. Sí, el centro de todo es un atraco fallido y, por ende, la criminalidad. Sin embargo, la foto también muestra otros asuntos como el tejido vecinal y el mundo obrero que existían en la época.
O dicho de otra manera, el Madrid más castizo de los 80. Aquel que quizá no llevaba un clavel en la chulapa, pero que se forjaba a través de las relaciones personales regidas por unos códigos que actualmente se pueden observar como si de una cápsula de tiempo se tratase. La película, además, está basada en un atraco real y en una obra de teatro, lo que la emparenta, de forma retorcida y oscura, con otros títulos de esta lista como La verbena de la Paloma. Pues, en el fondo, no deja de ser un sainete.
'Barrio' (1998)
Para muchos analistas, La estanquera de Vallecas supuso además el final del cine quinqui tal y cómo se concibió inicialmente. Lo cierto es que hubo títulos posteriores que se pueden asociar a aquella corriente, que murió finalmente con la década de los 80. Con los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y la Expo de Sevilla, los 90 aportaron una visión mucho más positiva de la actualidad. Esto en el cine se reflejó en lo que se vino a llamar la nueva comedia madrileña, que buscaba resucitar el espíritu de la comedia madrileña de la Transición llevada a cabo por Fernando Colomo o Fernando Trueba. Tramas urbanas, pero con cierta pretensión intelectual y un enfoque que se alejaba de la calle para adoptar una pose mucho más cosmopolita. Títulos como Los peores años de nuestra vida (1990), Todo es mentira (1994) o Cha-cha-chá (1998) pueden adscribirse a esta ola, con matices si se quiere.
Sin embargo, el Madrid castizo, aquel que buscaba el costumbrismo, se refleja mejor en el cine social de Fernando León de Aranoa y, sobre todo, en la que probablemente sea su mejor película: Barrio. Ambientada en la periferia de la capital, la cinta cuenta la vida de cuatro adolescentes durante un verano en la gran ciudad. Es, además, una gran cápsula del tiempo, pues en ella se puede observar una serie de comercios y establecimientos que daban forma al paisaje urbano de los barrios obreros en aquella época. Otras películas en las que se puede observar el Madrid de los 90 son: Días contados (1994), El día de la Bestia (1995), Historias del Kronen (1995) o Taxi (1996).
'Manolito Gafotas' (1999)
Capítulo aparte merece Manolito Gafotas, obra maestra el costumbrismo y del Madrid más apegado a la calle. Concretamente a Carabanchel Alto, barrio en el que vivía el personaje creado en la literatura por Elvira Lindo y que Miguel Albadalejo llevó a la gran pantalla. Curiosamente, el punto de partida es muy similar al de Barrio, pues el protagonista se enfrenta a ese purgatorio que es pasar el verano en el asfalto de la ciudad. Sin embargo, su tono profundamente humanista logra resonar con más fuerza, incluso, que el llamado cine social.
Bajo la mirada de Manolito, la película muestra el día a día de un barrio obrero y sus problemas consustanciales. Así, en la pantalla quedan reflejadas cuestiones como los modelos de familia, las tensiones sociales, el paro o la precariedad. Sin embargo, en ningún momento cae en el panfletarismo. La película fue un éxito de crítica, lo que llevó a una secuela: Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe! (2001), que sin embargo no está a la altura de la primera.
'A cambio de nada' (2015)
A cambio de nada es la obra prima de Daniel Guzmán, seguramente uno de los realizadores contemporáneos que mejor ha sabido tomar el pulso a la calle en su cine. Es el Madrid castizo más actual, aquel que tiene que bregar con los problemas derivados del sistema económico imperante. En este caso, la película cuenta la historia de Darío, un adolescente que se escapa de una casa rota y encuentra refugio entre chatarreros, y pequeños delincuentes. Sin duda alguna, su principal valor es el retrato que realiza de El Rastro madrileño, toda una institución de la capital y en la que perdura ese espíritu chulapo que resiste a la homogeneización propuesta por la turistificación.
En realidad, la filmografía del Guzmán director puede entenderse como una carta de amor a Madrid. En Canallas (2022) retrata a tres buscavidas de Orcasitas que se reencuentran 20 años después, mientras que La deuda (2025) es, probablemente, la gran película sobre el problema de la vivienda que asola a España, y más concretamente a Madrid. Películas próximas en el tiempo, pero que centrarán artículos como este dentro de diez o 20 años.












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