'Valle Salvaje' irrita a su legión de seguidores con un inesperado vuelco en su trama
La telenovela de Televisión Española es líder de audiencia en su franja, aunque algunas decisiones tomadas por sus guionistas no han gustado nada a sus fans.

Zaragoza--Actualizado a
A las telenovelas se las llama popularmente culebrones por dos motivos: son muy largas y el argumento tiende a retorcerse sobre sí mismo. Lejos de ser un inconveniente, estas características son parte intrínseca de su éxito. Los giros argumentales hacen que el público quede enganchado, sin importar cuán locos puedan llegar a ser. Además, al pasar tanto tiempo con los personajes, se crea un vínculo único. En cierto modo, son parte de la familia.
La ciencia detrás de estas series de televisión está más que estudiada. Un fenómeno que comenzó en suelo americano, concretamente en México y Venezuela, pero cuya fórmula ha sido adaptada y potenciada en muchos mercados alrededor del mundo. España incluida, claro. La ficción patria lleva realizando ficciones diarias con gran éxito de público desde hace varias décadas. Una tradición en la que se encuadra Valle Salvaje, el último gran éxito de Televisión Española. No en vano, la serie de Bambú Producciones presenta desde que se estrenó una audiencia ascendente, cerrando el mes de febrero con una cuota media del 11,8% y 899.000 espectadores, liderando su franja horaria por séptimo mes consecutivo.
Sin embargo, los datos extraordinarios cosechados en el segundo mes del año se deben también a que algo importante pasó en la trama. Ojo, a partir de aquí van spoilers importantes de la trama. En el capítulo 362 de Valle Salvaje su protagonista muere. Algo que ha enervado a los seguidores de la telenovela. Sobre todo por el cómo se ha hecho, más que por el qué. Es decir, lo que ha dolido no es tanto el despedirse a un personaje querido, que también, sino la manera en la que se ha hecho. En especial, todas aquellas tramas abiertas que ya no se van a poder resolver.
Las tramas sin resolver de 'Valle Salvaje'
Valle Salvaje arranca con la presentación de Adriana Salcedo de la Cruz y Millán, la protagonista de la historia. Esta debe dejar su vida en Madrid tras enterarse del fallecimiento de su padre, que saca a la luz la existencia de un pacto secreto que le obliga desposarse con un desconocido. Evidentemente, en una telenovela como esta, el deceso no se iba a producir por cuestiones naturales, sino que obedece a un intrincado plan secreto. Es el misterio fundacional de la serie.
Los espectadores sabemos lo que pasó en realidad. Sabemos quiénes son los villanos de la serie. Los autores intelectuales, también quién ejecutó el plan. Sin embargo, aunque tiene sus sospechas, Adriana muere sin conocer la identidad de aquellos que mataron a su padre y, por ende, cambiaron su destino para siempre. El misterio no queda sin respuesta para el público, pero sí sin resolución dramática para su protagonista. Es decir, no tiene clausura. Tampoco la satisfacción de enfrentarse a quienes la traicionaron. Ni ella ni, claro, tampoco los espectadores, que se quedan sin la confrontación y la catarsis que la propia serie prometía. No en vano, estamos hablando de un misterio que se abre en el primer capítulo y que se evapora sin resolución en el episodio 362. Es decir, prácticamente un año natural en el que los espectadores han permanecido, día a día, esperando una conclusión que se les ha denegado.
Una cosa es un final infeliz, que es una opción válida como otra cualquiera, y otra que en una ficción guionizada se planteen y alimenten misterios para luego dejarlos sin darles un cierre satisfactorio. Más aún cuando se trata del conflicto que pone en marcha toda la serie y que afecta directamente a la protagonista, asidero moral de la historia y principal referencia de los espectadores en la pantalla.
La muerte de Adriana es tremendamente cruel, pues fallece a causa de las complicaciones derivadas de un parto. Un hecho que, por cierto, sirve de catalizador para la nueva gran trama que ha de vertebrar Valle Salvaje: qué pasó con su hijo y si de verdad hubo un cambiazo por una niña, María. Desde un punto de vista narrativo tiene sentido que Adriana ya no sepa nada, pues esta es ahora la historia de Rafael, su pareja y duque de Valle Salvaje. Sin embargo, en términos de coherencia interna y, sobre todo, de contrato con el espectador, que Adriana no llegara a descubrir las traiciones de personas tan cercanas como su aya Isabel o su tía Victoria no era una opción estética, sino una necesidad narrativa.
Críticas contra Josep Cister
La mayoría de seguidores apuntan al nombre de Josep Cister, creador de la serie, como principal responsable de este caos. No en vano, también es el showrunner de La promesa, telenovela también en emisión en La 1 y en la que, básicamente, utilizó el mismo recurso narrativo para generar impacto: la muerte de la protagonista a mitad de relato. Concretamente, el personaje de Jana falleció en el capítulo 533, correspondiente a la cuarta temporada de la serie. Un hecho que generó un gran shock entre la audiencia y disparó los ratings.
Por ello, le acusan de querer repetir la jugada punto por punto, aunque ejecutándola de una manera menos pulida. Entonces también hubo enfados en el fandom por tener que despedirse de un ser querido a mitad de la historia, aunque al menos el personaje interpretado por Ana Garcés sí cerró su arco. Descubrió quién había asesinado a su madre y, por tanto, pudo enfrentarse a la verdad. Su muerte en pantalla fue inesperada y triste, pero al menos la gran narrativa que se planteaba quedó concluida antes de proseguir con la historia.
En La promesa, la muerte de la protagonista se sintió como un punto y seguido; en Valle Salvaje, en cambio, apenas ha quedado como un punto y coma. No es el único misterio sin resolver ni la única trama que se queda a medias, pero sí la más determinante por ser el cimiento que sostenía el resto de la serie. La desaparición súbita de personajes, o sus regresos inesperados, forman parte del ADN de las telenovelas. Por ello, los espectadores tienden a aceptarlos como una convención. Lo que no resulta asumible es que el conflicto fundacional de la serie se diluya sin confrontación ni revelación. Cuando se pide al público fidelidad diaria durante casi un año el cierre no es opcional, es un deber.

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