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Unos 200 expertos revisan esta semana los fondos de la Biblioteca Nacional

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Unos 200 expertos participan en el recuento anual de fondos de la Biblioteca Nacional, que esta semana ofrece una imagen insólita: sus salas de lectura, visitadas cada año por unas cien mil personas, están cerradas al público para permitir el trabajo de quienes comprueban el buen estado de las colecciones.

La Biblioteca Nacional alberga 25 millones de piezas, muchas de ellas de gran valor, y el recuento anual es imprescindible para detectar las incidencias que se puedan haber producido. Sin embargo, entre 1988 y 2008 no se revisaron las colecciones en ningún momento.

La directora de la Biblioteca Nacional, Milagros del Corral, tomó a finales de 2007 la decisión de darle periodicidad anual a esa práctica, influida sin duda por el robo detectado en agosto de ese año de dieciséis láminas, entre ellas dos mapamundis de la edición incunable de la "Cosmografía" de Ptolomeo. Once de esas láminas, las más importantes, ya se han recuperado.

Ese robo se produjo en la sala Cervantes, reservada a investigadores y a la consulta de manuscritos, incunables y ejemplares raros, y en 2008 fue necesario comprobar "de forma exhaustiva, hoja por hoja", que no faltaba nada, según explicaba hoy a un grupo de periodistas la directora técnica de la Biblioteca, Belén Llera, mientras mostraba el sistema que se sigue para el recuento.

Si el año pasado la revisión afectó a un millón de ejemplares, estos días el personal de la Biblioteca trabaja sobre unos 700.000, una cifra menor entre otras razones porque en la sala Cervantes sólo se va a comprobar una parte de las colecciones, según contó Llera, que estuvo acompañada durante la visita por Mar Hernández, directora del departamento de Proceso Técnico, y por Yolanda Ruiz, responsable del de Adquisiciones.

Desde hoy y hasta el viernes, el personal de la Biblioteca Nacional recibe un listado de obras que hay que revisar en cada uno de los cinco depósitos con que cuenta esta institución: el general, el de la Sala Cervantes, el de Bellas Artes y Cartografía, el de Música y el de la Hemeroteca. Esa misma operación se repite en la sede de Alcalá de Henares, donde están las obras más modernas.

Pacientemente, los bibliotecarios y el personal auxiliar van sacando los libros de cada estantería y van comprobando que, según ese listado previo, no falta ninguno, que no están mal colocados, que poseen el tejuelo correspondiente y que su estado de conservación es el adecuado.

"Un libro mal colocado es un libro perdido", aseguraba Mar Hernández al explicar que, "debido a la gran cantidad de usuarios que tiene la Biblioteca", la ubicación errónea es la incidencia más frecuente que se detecta en el recuento.

También pueden ver que hay colecciones que no están incluidas en el catálogo automatizado u obras de referencias que se han quedado anticuadas. Todas esas deficiencias procuran subsanarlas, unas de forma inmediata y otras a lo largo del año, señaló Yolanda Ruiz.

Organizar a 200 personas y ponerlas a trabajar en diferentes depósitos "es complicado y lleva una logística importante", pero la experiencia del año pasado les ha "facilitado mucho el camino" para el recuento de estos días, comentaba Belén Llera.

Durante la visita a la sala Cervantes los periodistas pudieron ver cómo se han reforzado las medidas de seguridad y abundan las cámaras de vigilancia. Todo para evitar nuevos robos.