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Arenas, ante su ocasión

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Los poderosos amigos de Javier Arenas, empezando por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, quieren que el líder del PP andaluz logre, de una vez y a la cuarta, alzarse con una victoria por mayoría absoluta que le permita culminar su ya larga carrera política como presidente de la Junta de Andalucía. Y esta vez, lo tiene al alcance de la mano. “Ha llegado la hora de Javier Arenas”, proclamó ayer José María Aznar en el congreso que el PP celebró en Sevilla, diseñado para darle el empujón definitivo. “Yo confieso, sin ningún pudor, que ya estoy sintiendo la alegría por un triunfo”, dijo, luego, Rajoy.

Él, responsabilizado, cauto, como habilidoso perro viejo que es, aunque se muestre relajado, sonriente, emocionado, no quiere lanzar campanas al vuelo: “Mucha, mucha humildad, con la humildad nunca se peca por exceso”, dice. Sin embargo, en su entorno, aunque con todas las cautelas, tienen la sensación de que esta vez es la buena, de que esta vez se lo llevan. “Todas las encuestas nos dan que ganamos por poquito”, resumía la situación un dirigente conservador.

Arenas, que se mantiene como vicesecretario de Política Autonómica, conserva, a pesar del poder de Cospedal, la cuotas de poder e influencia en Génova y sobre Rajoy que ya se ganó en el cónclave de Valencia de hace cuatro años, cuando se mojó para garantizar la continuidad del ahora presidente del Gobierno al frente del partido. “Un tío que va a ser presidente de la Junta necesita un cargo [en el partido] que le permita compatibilizar responsabilidades”, decía un dirigente del PP andaluz al respecto de la renovación de Arenas y al paso de  las interpretaciones que le daban como perdedor del congreso. Al contrario, en cumplimiento de la hoja de ruta establecida en los cenáculos conservadores, todas las intervenciones de los líderes del PP han estado estos días salpicadas de referencias elogiosas a Arenas y sus virtudes. Sus poderosos amigos saben que acumularían, de ganar por primera vez en esta Comunidad, más autoridad que nadie en la etapa democrática. Ni siquiera el PSOE, en 1982 y 1983, manejó tantos gobiernos.

En las filas conservadoras, al igual que en las socialistas, se recuerda, aunque por diferentes razones, el precedente de las elecciones de 1996. En aquel entonces, como ahora, el PP lideraba con holgura las encuestas y todo indicaba que, por primera vez, el PSOE andaluz, dirigido entonces por Manuel Chaves, iba a besar la lona. Sin embargo, no fue así. Los socialistas marcaron una nueva muesca en su puñal, mientras Arenas tomaba de inmediato el AVE a Madrid, derrotado, para ocupar una cartera en el primer gabinete de Aznar.

Diferencias con el 96

Hasta ahí llegan los paralelismos con el año 96. Entonces, recuerdan fuentes conservadoras, el PSOE andaluz no llevaba más de 30 años consecutivos gobernando, no venía de haber perdido unas municipales y unas generales en la Comunidad, no tenía sobre los hombros un importante escándalo propio de corrupción, localizado además en un fondo para parados, lo que le añade, si cabe, gravedad al destaparse en medio del huracán de la crisis económica, que se ha llevado por delante empleos, casas y expectativas de cientos de miles de andaluces.

Y ahora, a diferencia también de 1996, las familias socialistas se están matando antes de tiempo, como si ya hubieran perdido las elecciones, huérfanos de liderazgo. “Nuestro topo en la Ejecutiva del PSOE andaluz está funcionando mejor de lo que pensábamos”, bromeaba, entre risas, un dirigente del PP.

En esta ocasión, las andaluzas se celebran por separado, lo que abre, asumen en las filas conservadoras, una decisiva incógnita sobre la participación. ¿Logrará el PSOE movilizar en estas cinco semanas a quienes les han abandonado? ¿Perjudicará la reforma laboral las expectativas electorales de Arenas? ¿Logrará el PP tras conquistar el objetivo principal, La Moncloa, mantener la tensión en sus votantes? En definitiva ¿ese “poquito”, de ventaja del que hablaba el dirigente del PP, se mantendrá finalmente del lado conservador o caerá del socialista?

De momento, Arenas, ha manifestado que la reforma laboral, contra la que los sindicatos preparan movilizaciones crecientes, en alianza con el PSOE, IU y el resto de fuerzas de izquierda, “es susceptible de matizaciones” durante su tramitación parlamentaria, aunque, agregó, “es complejo” que se puedan introducir “cambios sustanciales”. Otras fuentes bien informadas aseguraron a Público que la reforma aprobada por el Gobierno de Rajoy no es la que Arenas –ni el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro– hubiera deseado, no sólo porque pueda perjudicar sus intereses electorales, sino porque no es tampoco la que él hubiera hecho de haber estado en sus manos.

Al PP, que el 20N aventajó en nueve puntos al PSOE andaluz le basta con mantener esa ventaja para gobernar. Además de Málaga, provincia que gana un diputado en detrimento de Jaén, y en la que se prevé una amplia victoria conservadora, un campo de batalla decisivo es Sevilla. Un lugar en que el PSOE está dirigido por una gestora, tras la traumática dimisión de José Antonio Viera, su líder, durante el proceso de elaboración de candidaturas. “Nos están haciendo la campaña”, sonríe un dirigente conservador. Es aquí donde el PSOE ha cimentado hasta ahora sus victorias andaluzas, y es aún la única plaza fuerte que las legiones del césar Arenas no han podido conquistar aún. Con estos mimbres y el PP lanzado ¿resistirán los irreductibles habitantes del poblado socialista todavía y siempre al PP?