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El arte chino actual queda reflejado en la exposición "Rojo aparte" en la Fundación Miró

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Más de ochenta obras de una cincuentena de artistas, que incluyen pintura, escultura, instalación, fotografía y vídeo, del arte chino actual podrán verse a partir de mañana en la exposición "Rojo aparte", presentada por la Fundación Miró de Barcelona, procedentes de la colección del suizo Uli Sigg.

Diplomático y empresario, Sigg posee la colección de arte chino contemporáneo más importante del mundo, formada por unas 2.000 piezas, que empezó a recopilar a partir de 1979, cuando se inició la reforma económica en el país asiático.

Acompañado por la directora de la Fundació Miró, Rosa Maria Malet, el coleccionista, que fue embajador de Suiza en China en los años noventa, ha explicado hoy en rueda de prensa que con la apertura política, económica y cultural pudo empezar a conocer el arte que allí se llevaba a cabo.

Al principio, no encontraba nada de lo que buscaba, puesto que los artistas habían estado ocultos durante años o se habían limitado a ser esclavos del realismo socialista.

Posteriormente, dieron con su forma de expresarse y Sigg también cambió la concepción clásica del coleccionista que sólo adquiere lo que le gusta.

"Me di cuenta -ha subrayado- de que nadie, ni individuos, ni instituciones, coleccionaba de forma sistemática arte chino contemporáneo, ni registraba ese arte. Era como si en París no se pudiera encontrar ningún cuadro impresionista".

Intentando cubrir todo el espectro artístico, el diplomático suizo inició entonces su colección siguiendo, no tanto su gusto personal, sino con el objetivo de poder reflejar en el futuro la producción artística de los nuevos creadores chinos.

El resultado de este trabajo son algunas de las obras que podrán verse en Barcelona hasta el día 25 de mayo, como el espectacular montaje de Yue Min Jun, uno de los líderes del realismo cínico, que, a modo de guerreros de Xiam modernos, presenta 25 hombres clonados, réplicas de su autorretrato deformado, que revelan el absurdo existencial mediante una sonrisa grotesca y exagerada.

La exposición de la Miró, en la que un amplio equipo del centro ha trabajado codo con codo con Sigg para su montaje, se ha planteado en seis secciones diferentes, iniciándose con las obras contemporáneas que todavía se refieren a Mao.

En la segunda sala, las obras tienen que ver con los grandes cambios urbanos y paisajísticos que vive China, mientras que en la tercera sección se muestra la respuesta de los artistas al impacto que los cambios provocados por el consumismo han tenido en los individuos y las familias a nivel social.

La cuarta sección, la más extensa de esta exposición, incorpora explicaciones y obras caligráficas y también da a conocer la mirada femenina del arte contemporáneo chino.

La ironía ocupa la quinta sala, una actitud que deriva, probablemente, de la pervivencia de los ideales socialistas todavía vigentes con el consumismo.

El público acaba conociendo, además, la obra de algunos artistas chinos que se han apropiado de iconos occidentales como Marcel Duchamp o Andy Warhol.

El artista Song Dong, que esta noche presentará su instalación efímera "Eating the city", en la que ha recreado con galletas una panorámica de Barcelona que podrá comerse, ha opinado que los creadores en este siglo XXI son mucho más libres que en los años setenta o ochenta del siglo pasado, aunque ha reconocido que los temas políticos todavía provocan controversia.