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Austria fomentó en la guerra fría la construcción de refugios como en Amstetten

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Los sótanos como el que empleó Josef Fritzl para mantener cautiva durante años a su hija y a tres niños fruto de una relación incestuosa entre ambos en la localidad austríaca de Amstetten recibieron durante la guerra fría subvenciones estatales en Austria para protegerse de un posible ataque nuclear.

Según la Asociación de Protección Civil, citada hoy por el diario "Der Standard", miles de estos habitáculos fueron construidos con paredes herméticas para impedir la entrada de gases de un teórico ataque del fuerzas militares del Pacto de Varsovia.

Pero estos refugios también estaban pensados para protegerse de un posible accidente de la central nuclear checa de Temelin, a pocos kilómetros de la frontera con Austria.

En los años setenta y ochenta del siglo pasado, los propietarios de casas fueron incluso obligados a construir estos sótanos y recibieron para ello una subvención de 30.000 chelines (unos 2.150 euros), pero tras el desmoronamiento de los países comunistas se levantó esta obligación.

El refugio que construyó Josef Fritzl debajo del jardín de la casa donde vivía con su familia y otros inquilinos y que tenía una superficie de entre 50 y 60 metros cuadrados data de esas fechas.

Se accedía al lugar por una puerta maciza de acero y hormigón de unos 300 kilos de peso, que era movida por un motor eléctrico y accionada con un mando a distancia mediante un código electrónico.

La policía se pregunta ahora cómo fue posible que Fritzl transportara una puerta de este peso hasta el jardín sin que nadie se percatara de ello y que pudiera montarla solo.

En el interior del sótano el hombre mantuvo cautiva a su hija Elisabeth desde 1984, cuando tenía 18 años, y vivió allí con tres de los siete hijos que tuvo con su padre. Uno murió a los tres días de nacer y los otros tres fueron adoptados por sus propios padres.

Una vez abierta la puerta se accedía a un pasillo de unos cinco metros de largo hasta una habitación donde había un hornillo para cocinar, un inodoro y una ducha, además de otros dos habitáculos con dos camas en cada uno.

Según la policía, que sólo facilitó fotos de la entrada y del lavabo, pero no de los dormitorios, los recintos, con una altura de 1,70 metros, presentaban un aspecto cuidado y limpio y en ellos había un televisor con reproductor de vídeo y un receptor de radio.

La existencia del zulo con sus cuatro habitantes fue descubierta cuando la hija mayor del padre y Elisabeth, Kerstin, de 19 años, enfermó de gravedad y fue llevada a un hospital de Amstetten.