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Un Barça sin plan B

Los azulgranas no hallan una táctica alternativa como la emprendida por Guardiola en otras temporadas para sobreponerse a defensas cerradas y partidos físicos. La exagerada dependencia de Messi aboca al equipo al bloqueo cuando el argenti

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'No me extrañó que Roura hablara del árbitro porque la estadística con este árbitro es así y no me extraña que lo dijera. Hay que fijarse en las estadísticas', dijo el presidente del Barça al acabar el partido contra el Real Madrid. Al menos, el entrenador culé no se reafirmó en sus declaraciones de la previa. No solía el club en los últimos años usar la excusa del colegiado después de una derrota o una eliminación, y ya es esto una mala señal, añadida a las otras muchas que se dejan ver por el Camp Nou.

Más que tratar de poner al árbitro en el ojo del huracán, el Barça necesita hallar soluciones, aparte de la forma de recomponerse tras la humillante eliminación del martes. Porque el KO copero ante el eterno rival es sólo un síntoma, un proceso, un episodio más de lo visto en los últimos partidos. Un equipo sin soluciones cuando todo se atasca, sin ningún tipo de plan, ni B ni de ningún tipo.

No ha sido capaz ni en Milan, ni ante el Madrid y apenas contra el Sevilla de dar con la clave para atacar los sistemas contrarios. No sólo han interpretado mal los partidos desde el comienzo, desde el día antes, sino que tampoco han sabido improvisar remedios durante el transcurso del mismo.

No ha habido en la caseta capacidad para idear tácticas, formaciones o variantes nuevas con las que sorprender el habitual dibujo defensivo del rival. Como cuando Guardiola se la jugó con un 3-4-3 o movió a Messi del extremo a la mediapunta. Se han estrellado una y otra vez contra la defensa, moviendo de un lado al otro el balón. Planos y estáticos, sin apenas un tiro a puerta.

Se echan de menos ideas desde el banquillo. Ese en el que se sienta un Roura que ha cubierto bien el expediente hasta ahora, ha cumplido el 'marrón' de sustituir temporalmente a Tito Vilanova. Pero probablemente el Barça necesita otra cosa. Quizás no sea la mejor forma de preparar partidos tan decisivos como el del martes o el de San Siro que el primer entrenador con un grave enfermedad se comunique desde Nueva York con el segundo. 

También necesita el equipo el regreso del mejor Messi. El que hacía y deshacía a su antojo sobre el cesped, el que parecía gigante al lado de cualquiera. El que, en definitiva, decantaba el partido en favor del Barça. Ofuscado, con menos velocidad y habilidad de lo habitual, perdido en una maraña de contrarios, el astro argentino no ha aparecido prácticamente ni en San Siro ni ante el Madrid.

Sin rastro del argentino en los últimos choques trascendentes, el Barça tampoco tiene soluciones para voltear el partido

Sin rastro del mejor jugador del mundo en los últimos choques trascendentes, el Barça tampoco tiene soluciones para voltear el partido o para marcar la diferencia, o para hacer goles. El equipo se ahoga cuando no encuentra al de Rosario. Ocurrió en la ida de la Champions y volvió a suceder en la vuelta de la Copa. El elevado protagonismo del argentino ha creado una dependencia exagerada de él.

Tampoco han dado resultado los cambios efectuados. No se trata de profundidad de banquillo, algo de lo que pueden presumir de sobra los azulgranas. Es cuestión de que los jugadores que hay no han funcionado para revolucionar el partido cuando ha sido necesario, como en estos siete días. Alexis ha sido un fiasco total esta temporada y la confianza que se ha mostrado en jugadores que podrían haber sido determinantes, como Villa y Tello, ha sido nula.

La retaguardia también es un grave problema del Barça este año. Si bien no ha llegado a ser definitiva antes por la facilidad con la que el equipo ha venido liquidando a sus rivales, se ha encontrado con que ahora que no hallan la misma soltura para anotar sí es un enorme contratiempo. Doce partidos consecutivos recibiendo goles -en los tres últimos empezó perdiendo- no es de recibo. Visto lo visto, tampoco se ha encontrado la solución para contener la hemorragia defensiva.

Con la Liga, eso sí, en el bolsillo por aplastamiento -lo que no es precisamente un premio menor-, precisa el Barça de hallar la solución, el plan alternativo para evitar desmoronarse en la Champions. Tiene 13 días para ello antes de la visita del Milan.