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Barenboim resucitó el Schiller Theater de Berlín con una ópera experimental

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El director argentino-israelí Daniel Barenboim resucitó hoy el Schiller Theater de Berlín, cerrado durante 13 años y convertido ahora en domicilio provisional de su Staatsoper, de la mano de "Metanoia", una ópera experimental que remite a Friedrich Nietzsche.

El viejo Schiller Theater del antiguo sector occidental de Berlín reabrió como sede de la Staatsoper que Barenboim dirige desde 1992, cerrada temporalmente por obras de remodelación hasta 2013.

Ni el escenario tiene la acústica a la que están acostumbrados el director, su coro o la soprano Annette Dasch, ni el compositor al que se encargó la obra, Jens Joneleit, es un consagrado.

"Metanoia", con textos de René Pollesch basados en "El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música" de Nietzsche, es una ópera en un acto sin argumento y alterna el canto con la declamación -sustentada en el actor Martin Wuttke, de la escuela de Brecht-.

Barenboim y el director general de la Staatsoper, Jürgen Flimm, habían doblado el desafío que de por sí entrañaba el experimento colocando como director escénico a Christoph Schlingensief, eterno provocador de la escena alemana.

Schlingensief falleció el pasado agosto, con 49 años y víctima de un cáncer, pero en lugar de buscarle un sustituto se optó por dejar el puesto vacante a modo de homenaje póstumo.

El espíritu del fallecido director planea sobre "Metanoia", con un escenario hecho de andamiajes, al fondo del cual se visualizan vídeos en blanco y negro, tal como Schlingensief hizo con el "Parsifal" que irritó en el festival de Bayreuth, en 2004.

Barenboim asumió el riesgo de la experimentación, en un teatro que no es su ópera, con una pieza de digestión difícil, sin argumento, sin director escénico y sin un compositor de renombre.

El director argentino-israelí puede permitirse el riesgo, porque tiene Berlín incondicionalmente a sus pies, tanto por su talla musical como por su dimensión humana y carisma.

El estreno coincidía con el vigésimo aniversario de la entrada en vigor del Tratado de Unidad, lo que dio a la gala rango de evento.

El Schiller revivió así como sede de la Staatsoper, tras años amenazado de derribo desde el cierre de 1997, y gracias a un acondicionamiento que ha costado 24 millones de euros (32 millones de dólares)

Todas las mudanzas son difíciles, porque implican acomodarse como mejor se pueda en la provisionalidad.

A la Staatsoper le corresponde hacerlo en el Schiller, con la rival directa en Berlín, la Deutsche Oper, en directa vecindad, a un par de manzanas de la misma calle, la Bismarkstrasse.

Para responder al desafío, Barenboim y Flimm han programado esta temporada las dos primeras piezas de un nuevo "Anillo del Nibelungo", -"El Oro del Rin" y "La Valquiria"-, más otras ocho premiéres.

Mientras, en el emplazamiento original de la Avenida Unter den Linden, en el este de la ciudad, se trabaja en el saneamiento del edificio clásico de la Staatsoper, que costará 240 millones de dólares (321 millones de euros).

Será un saneamiento algo conservador, para un edificio construido entre 1741 y 1743 y reducido a cenizas por los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

Las autoridades de la República Democrática Alemana (RDA) lo reconstruyeron más o menos fielmente de acuerdo a ese original.

Barenboim defendía que no había por qué sujetarse al respeto al patrimonio arquitectónico para lo que de todos modos no era el original, sino un falso rococó de los años 50.

Finalmente se impuso la solución continuista -y económica- del alcalde-gobernador, Klaus Wowereit, que mejora la acústica del auditorio, pero respeta la estructura del edificio.

Gemma Casadevall