Publicado: 03.05.2014 13:46 |Actualizado: 03.05.2014 13:46

Belmonte regresa al medievo para ver combatir a "caballeros" de todo el mundo

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El castillo de Belmonte (Cuenca) revive por unos días el medievo, con las armas y armaduras de los "nuevos caballeros" de diecinueve países que luchan en el Campeonato Mundial de Combate Medieval, ante un multitudinario público entregado a este espectáculo, que se ve por primera vez en España.

Desde el palenque de combate de 800 metros cuadrados resuenan gritos de batalla y chasquidos de escudos, yelmos y espadas junto con patadas y hachazos que se entremezclan con el alborozo, las miradas incrédulas y los aplausos de un entregado público de todas las edades que abarrota el recinto intramuros.

En el campeonato participan corpulentos luchadores (y algunas luchadoras) de Estados Unidos, Japón, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido, Francia, Irlanda, Alemania, Polonia, Portugal, República Checa, Suecia, Bélgica, Finlandia, Luxemburgo, Austria, Italia, Suiza y España. Algunos superan los dos metros de altura y de largo el centenar de kilos, los preferidos para ser inmortalizados en los miles de disparos de fotógrafos, profesionales o aficionados, con cualquier dispositivo electrónico en mano.

En este deporte de contacto real hay tres categorías: el duelo (uno contra uno), 5 contra 5 y combate por equipos de 16 contra 16, y el único objetivo es derribar al rival (el que cae al suelo es eliminado) para lo que está permitido el puñetazo, la patada, la llave o el golpe en la cabeza. No valen la estocada, el golpe vertical en la columna o los directos en la nuca o en los genitales, porque lo principal es mantener la seguridad, según comenta a Efe el capitán de la selección española Cristian Bernal, quien precisa que las espadas no tienen punta ni filo.

Cada uno de los enfrentamientos (que duran pocos minutos) se decide por puntos y se premia la técnica, además de la fuerza, por lo que se sancionan las faltas, explica este joven barcelonés buceador profesional, uno de los 40 que forman el conjunto español que acaba de formarse y que a partir de septiembre tendrá como "cuartel general" este castillo, para la próxima liga nacional de combate medieval.

El horario de competición del campeonato, que empezó el pasado jueves y acaba mañana, es de 10:00 a 20:30 horas, aunque al final de cada jornada se entabla la batalla grupal "Capturar al Rey", un combate de 50 contra 50, que constituye una de las actividades más espectaculares.

Abatidos y sudorosos quedan tras el combate bajo sus armaduras de acero, que pueden pesar hasta 40 kilos, y se retiran a la sombra huyendo de un sol de justicia, para refrescarse con agua o alguna bebida isotónica mientras reciben consejos de sus capitanes para el próximo asalto.

En los momentos de descanso, los equipos se retiran a sus jaimas aunque los curiosos reclaman a los caballeros del siglo XXI para conocer más sobre sus armas y armaduras medievales, un equipamiento estrictamente regulado en el reglamento oficial que reproduce el de los siglos XIV y XV. El yelmo, con su visera, cimera y gola y en ocasiones penacho es el más llamativo, pero también es curioso ver cómo se colocan, no sin ayuda, el guantelete, el peto, las rodilleras, el quijote o el escarpe.

Una indumentaria suele costar algo más de 1.000 euros, aunque según las características y el material puede alcanzar los 10.000 euros, según explica a Efe una de las responsables de uno de los puestos medievales instalados en la falda del castillo. Han llegado de varios puntos de España, pero también de otros países de Europa, para ofrecer productos de alta calidad, además de armas, escudos y armaduras y otros objetos y utensilios de madera.

En el recinto amurallado, de 70.000 metros cuadrados, hay espacio para una exhibición de cetrería, para representaciones teatrales, música y degustación de productos medievales.

"Costillas de cerdo con menta y miel" o "sopas espesas de tomillo" se incluyen en el "menú medieval" de uno de los establecimientos de restauración del recinto, en el que también hay numerosas actividades para los niños, que preguntan: "¿Los caballeros son de verdad?".

Algunos de los asistentes van vestidos para la ocasión, de princesas o caballeros, como un grupo de jóvenes madrileños que lleva años practicando juegos de rol y han querido revivir el pasado en un evento como este, que ha colgado el cartel de "completo" en los hoteles de Belmonte y de la comarca.