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Benjamin Button devuelve a Hollywood la grandilocuencia resuelta con oficio

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David Fincher otorga elasticidad al relato corto de Scott Fitzgerald "El curioso caso de Benjamin Button" y lo convierte en un espectacular filme de casi tres horas que, con Brad Pitt y gran despliegue técnico, se coloca en la parrilla de salida del Oscar con 13 candidaturas.

"El curioso caso de Benjamin Button", el hombre que nace anciano y rejuvenece con el paso de los años, pone a punto la capacidad de Hollywood para demostrar que el buen material tratado con buenos recursos puede dar como resultado la mejor película.

Entretenimiento, profundidad y espectacularidad para el espectador. Dinero y prestigio para sus artífices. Eso es lo que vio Fincher para su proyecto más ambicioso, para el que cuenta con Cate Blanchett y Brad Pitt y en el que marca un hito para las técnicas digitales como apoyo o sustitución del actor.

En "El curioso caso de Benjamin Button" -que cuenta con la fotografía del chileno Claudio Miranda, también candidato al Óscar- se borran los límites de lo que es maquillaje y efecto especial, interpretación y magia digital, pero nunca se desdibuja la marca del gran estudio.

Durante las dos horas y cuarenta minutos que dura la película hay muchos motivos para cantar victoria -espléndidos arranque y desenlace-, pero también hay vanos por los que se filtra la insatisfacción. "El curioso caso de Benjamin Button" se queda notoriamente lejos de la meta, pero sus logros son notables.

Fincher, que supo dar prestigio al videoclip, insufló nueva sangre al asesino en serie en "Seven" (1995) y removió taquillas y conciencias con "El club de la lucha" (1999), sabe tomar el pulso al relato, nutrirlo y barnizarlo, pero le falta, para redondear, más de ingenio y dinamismo.

Se vislumbra su vocación de hacer un "Forrest Gump" (1994) de principios de siglo XXI, que a través de un peculiar individual repase la Historia reciente de los Estados Unidos. Pero en esta ocasión, el hombre queda avasallado por dos guerras mundiales, por el telón de acero y por la moda de los sesenta.

En el camino, se citan muy sucintamente las contrapartidas del milagro: la inevitable falta de referentes del que nada en sentido inverso y el destino fatal de no tener una pareja con la que "involucionar".

Y así, la película juega con la premisa antes de indagar en ella y se destapa a sí misma cuando el personaje principal llega al equinoccio vital y, ya sin artificios, es simplemente un hombre cualquiera. Un personaje plano que no merecería película alguna.

Por eso, aunque existe una compensación -un tono de fábula ceñido al optimismo de Frank Capra y cierto componente mágico heredado del "Big Fish" (2003) de Tim Burton- y el conjunto es sumamente disfrutable y convincente, planea sobre "El curioso caso de Benjamin Button" la sensación de lo que pudo haber sido y no fue.