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Bruselas carga contra Moody’s por la rebaja de la deuda portuguesa

“Con todo el respeto: nuestras instituciones conocen a Portugal un poquito mejor”, dijo Barroso

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La nueva nota de la deuda portuguesa hecha pública ayer por Moody’s ha caído como un mazazo para las instituciones europeas. El presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, criticó este miércoles la rebaja, que califica a los bonos de deuda griega como “bonos basura” y alimenta la especulación sobre un segundo rescate de la economía lusa, siguiendo la senda iniciada por Grecia.

“Lamento profundamente” la rebaja, aseguró Barroso, “por el momento y la magnitud”. Según él, la decisión ha sido tomada sin que haya “nuevos datos que justifiquen un nuevo análisis”, por lo que “no contribuye a ofrecer más claridad” sobre la situación de Grecia, sino a dar alas al “elemento especulativo” presente en la crisis de deuda soberana.

“Con todo respeto, nuestras instituciones conocen un poquito mejor a Portugal”, añadió, en referencia a las misiones que Bruselas, el BCE y el FMI. El presidente del Ejecutivo comunitario sugirió además un interés oculto de las agencias a la hora de analizar la estabilidad financiera de países del euro. Estas compañías “son actores del mercado”, y por lo tanto “no son inmunes a sus errores”, destacó.

Las agencias de calificación de crédito han gozado de una influencia privilegiada desde el inicio de la crisis. Sus rebajas de la nota de deuda de países como Grecia, Portugal o España han fomentado la especulación y la desconfianza de los inversores a pesar de que, según los Gobiernos, se basaban más en rumores e interpretaciones que en datos económicos fiables.

En las últimas semanas, el sector de la calificación de riesgos, en realidad un oligopolio de tres empresas con sede en EEUU, ha amenazado con declarar en quiebra a Grecia si la zona euro obliga a la banca a participar en su segundo rescate, algo que según los responsables europeos se desarrollará de manera “voluntaria”.

¿Podría seguir Portugal el camino de Grecia? Para Alemania, 'es absolutamente prematuro hablar de un segundo programa”, en palabras del viceministro alemán de Economía, Joerg Asmussen. Tanto Berlín como Bruselas recuerdan que Portugal pagará un alto precio en forma de ajuste por los préstamos europeos y del FMI, que ascienden 78.000 millones de euros.

El nuevo Gobierno, liderado por el conservador Pedro Passos Coelho, tomó posesión el mes pasado y se ha propuesto poner en marcha los recortes en tiempo récord. Sin embargo, esos mismos ajustes, que incluyen privatizaciones, subidas de impuestoso rebaja de sueldos públicos, provocarán según Moody’s un estancamiento en su crecimiento, poniendo en cuestión el cumplimiento de sus objetivos de déficit.

En otras palabras: Portugal habría caído en un círculo vicioso de difícil destrucción. Sin ajustes, los especuladores no se fían de recuperar lo invertido por el alto déficit del Estado. Con ellos, la economía portuguesa no crecerá lo suficiente como para reducir el agujero de las cuentas públicas y salir de la crisis.

El enfado de Barroso, antiguo primer ministro portugués, no se ha traducido hasta la fecha en una reforma efectiva del sector de la calificación de riesgos. La UE ha aprobado dos nuevas normas para favorecer la transparencia y la supervisión de las tres agencias, pero el comisario de Mercado Interior, Michel Barnier, lleva meses inmerso en un periódo de consultas antes de presentar una propuesta.

No llegará “antes de fin de año”, en palabras de Barroso. Según él, debería fomentar la competencia, ya que es “extraño” que este mercado, de crucial influencia sobre los mercados, esté dominado por tres actores principales: Moody’s, Standard & Poor y Fitch.

La Eurocámara y numerosos académicos piden más transparencia en la metodología, previsibilidad en el calendario de publicación de análisis y que se fomente la creación de una agencia de calificación europea para que el mercado pueda contar con interpretaciones plurales.