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China avanza como un tiro hacia la recuperación

Los expertos creen que el gigante asiático ayudará a salir de la crisis, pero que no está preparado para asumir el liderazgo mundial. Su consumo interno no basta para arrastrar a otras economías

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La rápida recuperación de la economía china, que en el segundo trimestre del año creció un 7,9% interanual y todo apunta a que alcanzará el objetivo previsto del 8% a finales de este año, ha inyectado una dosis de optimismo en un panorama global sumido en la crisis. Sin embargo, los expertos creen que es precipitado pensar que el gigante asiático puede asumir el liderazgo de la economía mundial y convertirse en la panacea que los mercados occidentales esperan para remontar la recesión.

'Aunque la crisis la haya obligado a asumir un mayor papel en la economía global, China continuará siendo una potencia en desarrollo', advierte Liu Jing, economista y decano asociado de la Escuela de Negocios Cheung Kong, en Pekín, en declaraciones a Público. Según Liu , el Gobierno chino 'ha sabido estar a la altura' con la introducción de un plan de estímulo económico de 4 billones de yuanes (416.000 millones de euros), dirigido principalmente a aumentar la inversión pública en activos fijos e infraestructuras y a estimular el consumo doméstico para compensar la caída de las exportaciones, hasta ahora motor de crecimiento de la economía china.

Sin embargo, conseguir que el gigante asiático llegue a tener un mercado interno fuerte es un proceso a largo plazo, que, en opinión de Liu Jing, 'requiere cambios estructurales, como la creación de un sistema de Seguridad Social y sanidad pública para que la población consuma más en lugar de ahorrar'. Ese trasvase entre ahorro (que en China roza el 50% del PIB) y consumo es precisamente la clave del despegue del mercado doméstico.

'La falta de capacidad en el desarrollo de tecnología y productos avanzados aún limitan el papel económico global de China', opina Ivan Tselichtchev, profesor de la Universidad de Empresariales de Niigata, Japón, y autor del libro Asias Turning Point. Tselichtev considera que China aún está 'en el principio de un largo camino' y 'debe aprender a rentabilizar sus inversiones'. Para ello es clave la cooperación con EEUU y la Unión Europea en el aprendizaje y desarrollo de sistemas sociales y financieros. También hay que tener en cuenta el factor medioambiental. Pekín no puede repetir el modelo de expansión del consumo occidental en un país de 1.300 millones de habitantes, sabiendo que la emisión de CO2 en un hogar occidental es ya 3 veces superior al de uno chino. 'Pekín necesita encontrar estilos de vida y consumo alternativos', añade Tselichtchtev.

Otra de las preocupaciones de los economistas es que el plan de estímulo chino, financiado con la expansión masiva del crédito, dispare la inflación y provoque nuevas burbujas en la bolsa y el sector inmobiliario si las exportaciones no se recuperan y las medianas empresas no invierten de forma eficaz para desarrollar la demanda interna y la creación de empleo. Hasta ahora, los grandes beneficiarios por el plan de estímulo han sido sectores estratégicos controlados por el Estado, como el acero o el automóvil. También son los grandes grupos estatales de la industria energética los que han aprovechado la crisis para aumentar sus inversiones en África y Latinoamérica y para satisfacer la sed de recursos naturales del gigante asiático. 'Occidente tiene que aprender a ver con mejores ojos las inversiones de empresas estatales chinas en el exterior', dice Tselichtchev, como podría ser la oferta millonaria que CNPC, el mayor grupo petrolero chino, baraja hacer para adquirir el 75% de YPF, la filial de Repsol en Argentina. 'Como cualquier otra inversión, puede contribuir a mejorar la economía del país receptor y crear empleo', añade el profesor, aunque reconoce que el riesgo de plagio de tecnologías o la falta de transparencia aún existen en algunos casos.

Por otro lado, China también teme por la seguridad de sus inversiones en deuda pública americana si la Administración Obama continúa incrementando el déficit fiscal para llevar a cabo su plan de estímulo. Con casi 2 billones de dólares en su reserva de divisas (acumulados gracias al crecimiento de las exportaciones), Pekín se ha convertido en el principal comprador de bonos del Tesoro de EEUU y en financiador indirecto del boom del consumo norteamericano de los últimos años.

'La estructura de la economía global seguirá siendo la misma durante muchos años y para China será difícil recuperarse si no lo hacen EEUU, Japón y Europa', explica Liu. Conscientes de su interdependencia, China y EEUU acordaron a finales de julio estrechar la cooperación para sacar adelante la economía global y construir un nuevo modelo de crecimiento más estable. Washington se ha comprometido a controlar el déficit fiscal y a estimular la tasa de ahorro entre los estadounidenses, mientras Pekín se esforzará por estimular el consumo interno y abrir nuevas oportunidades de inversión a las empresas extranjeras.