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Las cinco víctimas de ‘el Blas’

Los cuerpos de varios fusilados en 1936 en Vadocondes (Burgos) son recuperados de una fosa

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Un hombre siniestro, conocido por todos los vecinos de Aranda de Duero, que malvivió por sus remordimientos de conciencia durante toda su vida. Ese era el Blas, un temido falangista de Hontoria del Pinar (Burgos), que ajustició con su pistola a más de 100 represaliados por el franquismo al inicio de la Guerra Civil antes de alistarse en la Legión. Con la contienda acabada, paseaba a escondidas con una mano en el bolsillo sujetando su arma. Sabía el daño que había hecho y temía que alguien le matara en cualquier momento.

Ese fue el asesino de los cinco vecinos de Arauzo de Miel cuyos cuerpos fueron rescatados el pasado viernes por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Los testimonios orales de los familiares eran ciertos. En el km 7 de la carretera de Vadocondes a San Juan del Monte, apenas a 20 metros de la carretera. Ahí fueron enterrados. Un casquillo de bala fue lo primero que apareció.

Después, la tierra removida se tiñó más rojiza para avisar de que había materia orgánica. En el fondo aparecieron cinco esqueletos, hebillas y las suelas de goma de los zapatos que usaban los resineros en los años treinta. No había duda. Eran Julio Maroto, su hijo Román, Rogelio Tello y los hermanos Marcos y Salvador Parra Barrera.Los testimonios fueron recuperados por José María Rojas, un vecino de Aranda de Duero de 55 años, que es una auténtica enciclopedia viviente de la represión franquista. 'Hay dos versiones de lo que ocurrió. Una dice que fueron señalados por tirar piedras a un paso de Semana Santa. La otra dice que eran muy reivindicativos en la fábrica de resina donde trabajaban y lideraron una revuelta el 1 de mayo. Esa teoría coincide con la hipótesis de que los que le encargaron a el Blas el paseo fueron
los hijos del patrón de la fábrica', detalla Rojas.

Bandera del PSOE

El pasado sábado, los huesos ya estaban en el laboratorio de la Universidad Autónoma de Madrid. En el bosque donde se encontraba la fosa sólo quedaba un inmenso montículo con dos banderas clavadas. La del PSOE y la de UGT que homenajean a los fallecidos, todos pertenecientes a la Casa del Pueblo. El inmenso hueco que dejó la exhumación basta para imaginar el empeño de los falangistas para ocultar los cuerpos durante décadas.

Los restos de los esqueletos aparecieron con figuras de escorzo. Señal de que fueron tirados ya con el tiro en la cabeza, como se aprecia en el hueco de cada calavera.

60.000 euros de subvención

La exhumación se ha podido practicar gracias a dos subvenciones de 60.000 euros del Ministerio de Presidencia. Ese dinero deja a Rojas un sentimiento 'contradictorio'. 'Por un lado, agradecemos esa ayuda, pero estoy decepcionado con la cobardía de [José Luis Rodríguez] Zapatero', lamenta el voluntario. 'Sólo pedimos..., ojo con lo que voy a decir, lo que ya hizo Franco con sus muertos', compara.

Nada más acabar la guerra, el bando vencedor organizó una campaña con anuncios en los periódicos, pueblo
tras pueblo, exhumando las fosas de los fusilados del lado republicano.