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El clima y la derrota del Bayern oscurecen comienzo de la Oktoberfest

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El clima excesivamente frío para este momento de otoño y la aparatosa derrota sufrida por el Bayern por 5-2 ante el Werder Bremen han opacado un poco el comienzo de la célebre Oktoberfest, la fiesta de la cerveza de Múnich que, pese a su nombre, se celebra siempre a finales de septiembre.

Hay una leyenda según la cual el Bayern no pierde nunca en Múnich durante la Oktoberfest. En realidad, la idea es exagerada: la derrota de hoy fue la séptima en 72 años que coincide con la celebración de la fiesta de la cerveza.

El clima, por otra parte, parece haber disuadido a algunos muniqueses de ir hasta la tradicional pradera -la Theresienwiese- donde están las carpas de la fiesta.

Según algunos dueños de restaurantes, se espera que en este año el día de la inauguración haya menos visitantes que el año pasado, cuando hubo más de medio millón de personas que se acercaron en busca de una cerveza servida en un jarrón de un litro.

La cerveza es una de las señas de identidad de Baviera. Los jugadores del Bayern celebran sus títulos bebiendo grandes cantidades de esa bebida en el campo de juego y duchando de paso con ella al entrenador y a los directivos.

Se supone, que los triunfos frecuentes durante la Oktoberfest se deben a la motivación adicional de poder ir a la Theresienwiese después del partido, lo que hoy se le presenta difícil a los jugadores.

La defensa de la cerveza como "parte de la cultura" fue llevada recientemente a un extremo algo exagerado por el primer ministro bávaro, Günther Beckstein, que sugirió que no había problemas en ponerse a conducir un coche con dos litros entre pecho y espalda.

La condición era que estos hubieran sido bebidos apaciblemente y en una carpa -una "Bierzelt"- lo que no que no convenció a sus rivales políticos -que lo acusar de querer llevar borrachos a la autopista- ni a la policía que se quejó de que se desvirtuaba todo su trabajo de prevención de accidentes por consumo de alcohol.

Hoy, la primera cerveza, como siempre, fue para el primer ministro y la segunda, para el alcalde de Múnich, Christian Ude.