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Una cloaca en el centro de México

La mujer de Jorge Moch le ha prohibido escribir contra el narcotráfico, pero con el Gobierno tiene suficiente materia

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Jorge Moch (México DF-1966) no figura en los listines telefónicos de su ciudad. Tiene dos mastines en casa y siempre mira hacia los lados por si le sigue alguien. 'Mi mujer dice que soy un narcisista paranoico', comenta. Pero el miedo esconde una base real: Moch es uno de los escritores más críticos de México. No da tregua ni en sus columnas de opinión en La Jornada, ni en sus novelas. Normal que mire los bajos de su coche.

Su último libro, ¿Dónde estás alacrán?, es una novela de venganza: la suya frente a un gobierno 'corrupto e impune'. A través de la historia de un investigador que debe encontrar al hijo de un político que pasó 25 años en la cárcel, Moch levanta las alfombras de un sistema 'que apesta', apunta. Convierte así una novela negrísima en una incendiaria denuncia de la clase política y financiera de su país.

'México es un país donde tenemos leyes, pero no se aplican. Existe una corrupción enraizada a la que se une una laxitud en las formas éticas. Y, salvo excepciones, no somos un pueblo ni comprometido, ni solidario', explica con rapidísima verborrea. Como ejemplo alude a la figura del subcomandante Marcos y al movimiento zapatista. 'Nadie sabe dónde está, puede que se haya reinsertado o bien que esté muy enfermo. Pero todo lo que hizo se ha diluido. El movimiento zapatista ha perdido toda su contundencia', admite. También apunta que 'al tener a los gringos encima jamás podremos tener un gobierno de izquierdas'.

El último caso que le ha exasperado fue el estallido de la Gripe A el pasado mes de abril y su tratamiento por parte de las autoridades mexicanas. Moch vive en el estado de Veracruz y se exalta cuando habla de ello: 'El Gobierno quiso ocultar que el brote había partido de México, exactamente de Veracruz, donde un holding de porcicultura, Granjas Carroll, tiene un vertedero de carne muerta. Luego se dieron cuenta que aquello ya no lo podían parar', señala mientras tacha a Felipe Calderón [presidente del país] de 'oportunista' y al gobernador de Veracruz, Fidel Herrar Beltrán, de 'hortera' por querer construir una estatua del primer enfermo de la gripe A.

Las novelas de Moch están trabadas con las hechuras del periodismo. Su estilo narrativo, como su conversación, es barroco y ampuloso. No le gusta la escritura cerebral y calculada. Él es muy visceral. 'No suelo contar una historia a partir de un suceso periodístico, pero sí que construyo las tramas a partir de la prensa', señala. Como ya le ocurrió con su anterior y primera novela, Sonrisa de gato, un retrato de la miseria mexicana publicado en México en 2006, la ficción le permite sortear los muros de la censura, que asegura haber padecido. 'Y que desde que está Calderón en el Gobierno va a más', avisa.

Moch sólo admite un tema sobre el que nunca escribe: el narcotráfico. 'Es el peor problema, pero mi mujer me lo tiene prohibido. Además, esos no se andan con preguntas. Llegan y te pegan un tiro', comenta mientras confiesa que se siente amenazado. Por eso tiene previsto escapar de México. 'En tres o cuatro años me vendré a España, a Santiago de Compostela, en busca de mar y tranquilidad', apostilla. Porque, como escribe en ¿Dónde estás alacrán?, 'sólo lo fugitivo permanece'.