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El "coqueteo" de Millás con la muerte y el mundo de los sueños

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A Juan José Millás le gusta "coquetear" a través de la escritura con la muerte, uno de los grandes temas de la literatura universal, y en "Los objetos nos llaman", su último libro, lo hace, además, con "las otras" dimensiones de la realidad y el mundo de los sueños, del que -dice- "se puede aprender mucho".

Millás, en una entrevista con Efe, defiende que este libro de relatos breves puede hablar de tú a tú a cualquiera de sus anteriores novelas, incluida "El Mundo", ganadora de los Premios Planeta y Nacional de Narrativa en 2007, y se muestra dispuesto a "combatir" la idea de que se trata de un "género menor".

Para este valenciano afincado en Madrid desde niño, Jorge Luis Borges o Juan Rulfo representan a la perfección la tradición literaria de este género, y tiene claro que esa variedad es precisamente la que justifica su existencia como escritor.

"Ese recorrido por distintos géneros me divierte, me enriquece", asegura Juan José Millás, para quien enfrentarse a un género u otro sólo depende de la "aptitud psicológica" del momento.

Para el escritor, resulta tan "inquietante como iluminador" pensar en los objetos como entes que nos observan, porque las personas -dice- se reflejan en sus objetos y algo de su identidad queda en éstos, motivo por el cual "nos dan tanto respeto los objetos de los muertos, porque sólo les pertenecen a ellos".

Su deseo de que en "Los objetos nos llaman" (Seix Barral) pesaran a partes iguales la paradoja y la ironía se ve cumplido con creces, así como la unidad narrativa del conjunto, que muestra una especie de laberinto en el que el lector se introduce bajo la sorpresa de un final sorprendente.

La visión del mundo de Juan José Millás aparece a través de la abuela muerta, que llama al nieto mientras está en el tanatorio, una madre que reniega de su hijo ante sus amistades, un padre que hace absurdas predicciones o el secuestrador de un avión que pide que le den el Nobel de Química porque sus padres tienen una droguería y finalmente se contenta con el Nobel de la Paz.

En toda escritura, dice el autor, hay siempre elementos autobiográficos "más o menos elaborados" que, a la hora de darles forma, sufren un proceso de metamorfosis "mayor o menor", proceso a partir del cual surge, en la primera parte del libro, una madre "muy dependiente, absoluta y fuerte; una madre de la que cuesta mucho desprenderse".

Muchos de los relatos muestran al Millás preocupado por "las otras dimensiones", aquellas que forman parte de la realidad pero que no vemos porque, quizás, "no nos interesa ver", como las que habitan los fantasmas.

"Estamos llenos de fantasmas; forman parte de nuestra realidad psíquica", asegura el escritor, quien reclama también el sueño como otra dimensión de la realidad "en la que pasamos buena parte de nuestra vida".

Para Juan José Millás, si te relacionas bien con los sueños "te enseñan mucho", y mucho más todavía se aprende del estado de "ensueño", a medio camino entre la vigilia y la realidad, aunque profundizar en el mismo requiere "un esfuerzo permanente" que pocas personas están dispuestas a hacer, según el autor, porque exige mirar "hacia dónde nadie te ha pedido que mires".

Ironizar sobre la muerte es un modo de "coquetear" con ella, un fenómeno que aunque no le agobia, sí le interesa por el hecho de que vaya ligada a algo tan contrapuesto como la vida, aunque este capítulo no lo une a la existencia de "otras dimensiones", ya que -dice- "no creo que haya vida más allá de la muerte".