Publicado: 04.03.2014 07:00 |Actualizado: 04.03.2014 07:00

La corrupción que no cesa en la cuna de la Primavera Árabe

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Un juzgado, una comisaría y la sede local del partido islamista Ennahda quemados. Este ha sido el resultado de las últimas protestas en la localidad de Metlaoui, en Gafsa, una región del interior de Túnez. Protestaban por la indignación que había generado la lista de nuevos contratados de una empresa pública. "En Gafsa hay más corrupción que con Ben Ali. Mucha más. La gente está cansada y enfadada", asegura Giath Madsia, activista anticorrupción de la localidad.

"Uno de los factores que explican que todavía hoy haya corrupción es la sensación de impunidad. Uno ve lo que los corruptos hicieron y no son juzgados o son liberados al poco tiempo". Achref Aouadi es el presidente de I Watch, una organización que nació tras la caída de Zine El Abidine Ben Ali en 2011. "Uno de los primeros eslóganes de la Revolución fue "el trabajo es un derecho humano, hatajo de ladrones". Si la gente hablaba de ladrones, eso quería decir corrupción, así que optamos por crear una organización en este sentido".

La impunidad continúa ocupando titulares en Túnez. Recientemente, Abdelaziz Ben Dhia, un cercano asesor del dictador tunecino y de su partido, el RCD, salía de la cárcel. Su paso por prisión no ha llegado a los dos años. Aunque no es el único que ya está libre: "Cuando hablamos de corruptos, primero hay que señalar los altos cargos del antiguo régimen", explica Aouadi. El activista señala, además del de Abdelaziz Ben Dhia, los nombres de Mohamed Ghariani, hoy miembro del partido político Nidaa Tounes, Abdelrahim Zouari, nombrado hace un mes vicepresidente de la filial de Peugeot en Túnez, y Abdallah Kallel, también libre a pesar de las acusaciones que pesan sobre él de haber torturado a miembros de la oposición durante su etapa como ministro del Interior. "Estos son los referidos a la corrupción política, pero también hay en el sector privado, como Marouane Mabrook, que ahora es de nuevo consejero delegado de Orange Tunisie".

El 74% de los tunecinos entre18 y 35 años piensa que la corrupción es "alarmante"

Según informa I Watch, la corrupción continúa siendo una de las preocupaciones de la sociedad tunecina. Y la sensación se dispara entre las generaciones más jóvenes, las mismas que protagonizaron el inicio de la Primavera Árabe. Uno de sus estudios publicados asegura que el 74% de los tunecinos entre18 y 35 años piensa que el nivel corrupción en el país es "alarmante". Asimismo, el 80% de ellos percibe que las irregularidades en los concursos de contratación de servicios públicos ha empeorado. "La corrupción política sí que podría llegar a ser un problema para la estabilidad y la transición del país", opina Aouadi.

Mientras los escándalos continúan. En estos momentos se espera la resolución judicial al conocido como Sheratongate. Hace un año la bloguera Olfa Riahi publicaba unas facturas del hotel de lujo Sheraton que, supuestamente, demuestran que el entonces ministro de Exteriores Rafik Abdessalam había pasado allí diversas noches a cuenta de las arcas públicas. El escándalo es aún mayor, pues se supone que el político habría ido con una amante. El miembro del partido islamista Ennahda asegura que esas estancias respondían a obligaciones ministeriales y que la mujer que la acompañaba era un familiar. Riahi ha tenido que afrontar presiones de todo tipo y ataques por parte de diputados de la Asamblea Nacional Constituyente que la acusan de trabajar para servicios secretos extranjeros.

La situación general de Túnez empeora si dejamos las zonas costeras, más ricas y desarrolladas que el interior. Gafsa es una región minera, con una larga tradición sindicalista. Sin embargo, según el Ministerio de Economía y Finanzas, el paro roza el 40%. Su principal motor es la estatal Compañía de Fosfatos de Gafsa (CPG por sus siglas en francés). Esta es también su gran fuente de problemas. "Está corrompida por completo", asegura el activista Giath Madsia. El joven explica que tras la Revolución la CPG comenzó a contratar a más y más empleados, "todavía hoy aceptan a gente". Así que cada vez que la empresa publica nuevas listas de trabajadores, "muchos otros se sublevan y protestan para que les seleccionen". ¿Y la gente por qué protesta? "Algunos están convencidos de que los responsables de las empresas contratan a sus familiares y gente cercana".

"Tras la revolución, la corrupción se ha amplificado de manera inimaginable" Casi 300 kilómetros al norte de Gafsa, nos encontramos una situación parecida. Siliana es otra localidad del interior del país, asfixiada por el paro. Yazidi Boulbeba es un joven de 28 años que no puede encontrar trabajo a pesar de poseer un diploma en Física y Química. A pesar de ello o quizás sería más apropiado decir por culpa de ello, pues según datos del World Economic Forum, "el 40% de los graduados universitarios está desempleado frente al 24% de no graduados". Yazidi, que hace dos años se afilió a un partido político de la oposición, también cree que la corrupción es hoy mayor. "Tras la revolución, la corrupción se ha amplificado de manera inimaginable. Se dan casos de contratos sin concurso publico, algo terminantemente prohibido antes, puesto que en Túnez los contratos para la función publica solo funcionan vía concurso público. Además, también se dan casos de contratos en función de la pertenencia política, si perteneces al partido en el poder puedes encontrar un empleo con facilidad, ya que a menudo las selecciones se hacen en los despachos de dicho partido".

Túnez acaba de estrenar una esperanzadora nueva Constitución. Ha sido descrita por muchos como la más progresista del mundo árabe. Reconoce la igualdad de mujeres y hombres, sin ningún recoveco legal que pueda impedir una ley por ser "contraria al islam". En cuanto a la corrupción, se ha creado una agencia anticorrupción y el poder ejecutivo ha comenzado a trabajar bajo la doctrina de 'gobierno abierto'. No obstante, la Constitución es, en palabras del presidente de I Watch, "demasiado imprecisa". "Ahora se tiene que concretar, se tienen que desarrollar las leyes. Eso sí, al menos podemos presentar batalla, podemos presionar y pelear. Antes no teníamos nada, antes los corruptos tenían inmunidad legal. Sí, soy optimista de cara al futuro".