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El descaro de la patronal carece de límites

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El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, el mismo paladín liberal que en septiembre pasado pidió un “paréntesis” en la economía de mercado, lanzó ayer otra idea: que los expedientes de regulación de empleo (los ERE) no requieran autorización del Gobierno. Dijo además que España necesita un contrato más “moderno”, que permita abaratar el despido a 20 días por año.

El paréntesis, en cierta medida, lo logró: como en crisis anteriores, el Estado ha salido al rescate de bancos y empresas con el dinero de todos los contribuyentes. Entre ellos, el dinero de los trabajadores a los que Díaz Ferrán pretende recortar sus conquistas laborales.

El jefe de la patronal prestaría un mejor servicio a la sociedad –y al mercado laboral– si propusiese a los empresarios un cambio radical de discurso, de modo que cada vez que surja una tormenta no pretendan sortearla a costa de los trabajadores. Muchos empresarios deberían empezar por moderar sus ingresos y abaratar los despidos de los directivos. Podrían dedicar una porción mayor de sus beneficios a inversiones productivas, como la innovación, o a la formación de sus empleados, con el fin de aumentar la tan cacareada competitividad. Porque esta no se consigue con sueldos cada vez más bajos, mayor precariedad y escasa preparación, sino con una apuesta seria por el trabajo como medio productivo y, también, como factor de dignificación y cohesión social.