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Diana Damrau "pone en órbita" al Real con su increíble capacidad vocal

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Efervescente y encantadora, dotada del raro poder de transformar cada nota en una entidad con vida propia y ponerla en órbita gracias a su casi inverosímil sobreagudo, la soprano alemana Diana Damrau exhibió el miércoles en el Teatro Real su extraordinario control de la coloratura y las emociones.

Damrau (Gunzburgo, Baviera, 1971), a la que en Estados Unidos llaman la "meryl streep" de la lírica por su capacidad dramática, ha regresado al Real tres años después de su aclamada Zerbinetta en "Ariadne auf Naxos" con un programa de suculentas arias y un tributo entre místico y carnal a su adorado Mozart.

La soprano ha tenido que salir a saludar más de una docena de veces y los tres "bises" con los que ella ha correspondido a ese entusiasmo podían haber sido muchos más a juzgar por la resistencia del público a abandonar sus localidades.

Vestida con un corpiño gris recamado en el delantero con lentejuelas y una falda de satén azul turquesa, Damrau ha dedicado a Mozart toda la primera parte para la que ha elegido "Al destin de la minaccia", de "Mitridate", y "Ach, Ich fühl's", de "La Flauta Mágica", además del espectacular "Exsultate Jubilate", un motete religioso que, en su voz, ha sido puro deleite operístico.

Sus "aleluyas" en el ultimo aria del "Exsultate Jubilate" eran más una gozosa declaración amorosa que remates religiosos del motete y así lo ha reconocido el público que le ha dedicado una gran ovación.

La segunda parte, para la que se ha atrevido con un "antiteatral" vestido amarillo, "aligerado" con un tirante y una flor negra, la ha abierto con una pieza del belcantismo tan brillante como la rossiniana "Una voce poco fa", de "El barbero de Sevilla", que ha acompañado con unos pasos de sevillana.

Ni que decir que ahí ya se han escuchado los primeros "bravos", a los que han seguido los dedicados a "Je marche sur tous les chemins", de "Manon" de Massenet, la ópera que cantará en Viena a principios de enero.

Para ese aria ha enfundado sus brazos con unos guantes negros largos y joyas, que ha movido como si de "Gilda" se tratara.

Con la habilidad para el dramatismo que la caracteriza, su "complemento" para la dramática "Ah! Non credea mirarti... Ah! Non giunge", de "La sonnambula" de Bellini, ha sido un sobrio chal de organza negro, con el que se tapaba al final la cara azorada y feliz por los "bravos" constantes que le han dedicado.

Tras varios minutos de aplausos y de salir a saludar cuatro veces, ha emprendido el primer bis, "Non mi dir", de "Don Giovanni" de Mozart, al que ha seguido "Je suis que faiblesse...Adieu notre petite table", también de "Manon", y ha cerrado, después de desear a todos "Feliz Navidad", con "O mio babbino caro", de "Gianni Schicchi" de Puccini.

Entre medias de sus intervenciones en el recital, el director musical del Real, Jesús López Cobos, ha dirigido a la orquesta titular interpretando en la primera parte "La pequeña serenata nocturna" y "La música para un funeral masónico", de Mozart, y, en la segunda, la obertura de "La scala di seta", de Rossini, y "La Pavana para una infanta difunta", de Ravel.

En total, el Real ha dedicado más de 20 minutos de aplausos a los tres "bises" con los que Damrau ha rematado una actuación inserta en su voluntad de demostrar la amplitud de su capacidad y versatilidad interpretativa y que es muchísimo más que su célebre "Reina de la Noche" de "La flauta mágica", un papel que, al parecer, ha decidido "aparcar" al menos por una temporada.

Al concluir, Damrau ha salido a la tienda del teatro a firmar ejemplares de su último disco, "Coloratura" (Decca), del que, sin embargo, no ha querido incluir en su recital de esta noche más que "Una voce poco fa" y "O mio babbino caro".