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Días de trufa en Istria

En otoño, en esta península croata siempre huele a trufa. Sobre todo a la blanca, la más apreciada. Un excelente reclamo para, como sabuesos, seguir su rastro.

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Podrían sacarse muchos parecidos entre la península de Istria y la Toscana italiana y es verdad que se parecen una barbaridad, aunque en realidad Istria tiene dos caras: una, la Istria azul que se asoma al Mediterráneo; la otra, la Istria verde, la que más semejanzas guarda con la región italiana, cuyos paisajes de cirpreses, viñedos y olivos se encuentran salpicados de pueblos medievales.

Con esta estampa habría suficientes razones para ir pensando en escaparse a Istria, pero es que a ello se añade que, por esta época, hace su aparición la trufa blanca, la reina de la cocina istriana. Y eso, desde luego, no hay que perdérselo.

En Istria crecen varias especies de excelentes trufas negras durante casi todo el año, pero, sin duda, la más apreciada por los gastrónomos, además de la más cara del planeta, es la Tuber magnatum pico, cuyo valor puede alcanzar hasta tres mil euros por kilo. Un hongo subterráneo que se ‘caza' con perros adiestrados y que jamás da pistas de dónde se esconde. En el bosque de robles de Motovun -donde se ha encontrado la trufa blanca más grande -de casi un kilo y medio de peso- y los alrededores de Buzet son los lugares donde más abunda, pero si no se tiene mucho acierto y ojo, queda el consuelo de que por toda Istria es sencillo encontrar, en cualquier temporada, restaurantes para todos los bolsillos en los que probar un menú de principio a fin aderezado con trufa. Siempre está, claro, para los más caprichosos el famosísimo y también carísimo Zigante de Livade, que ofrece una carta con trufa desde el principio al fin.

A finales de septiembre se inaugura la temporada y hasta noviembre, en Motuvun, Livade y Buzet son días de trufa, con citas gastronómicas para descubrir a la estrella de la gastronomía de Istria, cuyo intenso sabor ya era conocido por los antiguos griegos y los emperadores romanos, y también fue servido en la corte francesa y para la aristocracia austro-húngaro.

No hay que regresa a casa sin pasarse por una de esas tiendas delicatessen de Istria -Imela, en la mini ciudad de Hum; Miro Tartufo, en Motuvum, o en cualquiera de las sucursales de Zigante- y hacer acopio de trufas en conserva, que las hay de mil maneras y para todos los gustos, y de paso también de vinos y aceites de calidad, que, dicho queda, también tienen sus propias rutas.

Más información
Turismo de Croacia
y Turismo de Istria.