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De cómo Don Quijote volvió a las andadas y acabó bailando al ritmo de Madonna

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Leeds (R.Unido), 20 sep (EFE).- Don Quijote ya no cabalga a lomos de Rocinante, sino que hace autostop para salir a "desfacer entuertos", habla inglés y hasta baila al ritmo de Madonna, según una obra teatral que promete causar sensación en el Reino Unido.

Acompañado -cómo no- de su fiel escudero Sancho Panza, el ingenioso hidalgo vuelve a las andadas en el escenario del West Yorkshire Playhouse de la ciudad de Leeds (norte de Inglaterra), uno de los teatros más activos y vanguardistas de este país.

Alonso Quijano ha cambiado las áridas llanuras de La Mancha por la verde campiña inglesa bajo la batuta de dos grandes innovadores del teatro español, el director Josep Galindo y el dramaturgo Pablo Ley, que ya triunfaron en 2004 en el Playhouse con una aclamada versión de "Homenaje a Cataluña", de George Orwell (1903-1950).

Titulada "Don Quixote", la función, que se estrena este sábado y entretendrá al público hasta el 20 de octubre, rompe con "una tradición hecha de clichés" sobre el hidalgo soñador, pero guarda un "respeto absoluto" hacia el texto cervantino, comentó a Efe Ley.

"Lo que hemos intentado -explicó el dramaturgo- es mantener el espíritu del Quijote (la comedia, los personajes...) para llevarlo después hacia la contemporaneidad".

Así, Galindo y Ley, inspirados por la famosa película de ruta "París, Texas" (1984), proponen una "road movie" escénica en la que Don Quijote y Sancho hacen dedo para dejar ese lugar de La Mancha de cuyo nombre no quería acordarse Miguel de Cervantes (1547-1616).

Esa idea se sintetiza en el cartel de la obra: una carretera que atraviesa el agreste paisaje manchego junto al rótulo de neón "Welcome to fabulous La Mancha, Spain" ("Bienvenido a la fabulosa La Mancha, España") bajo la mirada lejana de un toro de Osborne.

La adaptación al inglés del clásico cervantino, que se representará -también en la lengua de Shakespeare, aunque con subtítulos en español- en el próximo Festival de Otoño del Teatro de Madrid, corre a cargo de un elenco de diez actores.

El reparto está encabezado por el británico Greg Hicks, un actor muy prestigioso en el Reino Unido como pilar de la Royal Shakespeare Company que asume, por primera vez en treinta años de carrera, el reto de meterse en la piel del Caballero de la Triste Figura.

"Se trata de un gran desafío porque interpretas a un mito, a parte de la conciencia colectiva de toda una nación", dijo a Efe Hicks, que confiesa practicar la capoeira -el famoso baile brasileño rayano en el arte marcial- antes de ensayar su nuevo papel.

En el escenario, unos espejos donde se proyectan imágenes del paisaje manchego -"dorado, metafísico", como "una nada en conexión con el cielo", en palabras de Ley- sirven de trasfondo a un intenso espectáculo en el que realidad e imaginación pugnan sin tregua.

Al igual que en la novela de Cervantes, Don Quijote enloquece leyendo libros de caballería que, ahora en pleno siglo XXI, escupe una máquina expendedora de coca-cola, y lucha contra gigantes que ya no son molinos de viento, sino meros ventiladores convencionales.

El ingenioso hidalgo también decide armarse caballero medieval en una venta que le parece un castillo, pero que en 2007 se ha tornado en un bar de carretera donde sensuales señoritas de compañía tientan al héroe cervantino, si bien él aún suspira por Dulcinea del Toboso.

No falta tampoco la burla cruel en la que el duque, convertido en un rico socarrón que juega al golf, y la duquesa otorgan una ínsula a Sancho, que luce gafas de sol y encarna el actor Tony Bell, cuya complexión delgada rompe con el tópico del escudero gordinflón.

Uno de los momentos más divertidos es la llegada de Don Quijote a Barcelona, donde es recibido como una estrella por periodistas y acaba bailando, pese a su armadura, en una discoteca llena de chicas guapas al ritmo de la conocida canción "Like a prayer", de Madonna.

A semejanza del texto original, el gran manchego encuentra la "muerte espiritual" -como dice Galindo- en la playa de Barcelona, en cuya arena es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y se ve obligado, muy a su pesar, a abandonar la caballería andante.