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La dramatización de lo obvio

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El pasado 20 de julio, el Gobierno presentó ante el Congreso su propuesta de déficit fiscal del 6% del PIB para 2011, cifra a la que se llega con un 2,3% para la Administración central y un límite de gasto no financiero de 150.056 millones de euros, techo cuya bajada queda reflejada por su distancia respecto a los 182.000 millones de 2009. Pues bien: el PNV votó en contra del llamado 'techo del gasto'.

Con todo, el portavoz de Economía del PNV, Pedro Azpiazu, concluyó su intervención con una puerta entreabierta: 'Para apoyar esta estrategia [del Gobierno], es imprescindible un marco de confianza y una complicidad políticas que, a tenor del debate que se ha producido en esta Cámara, hoy no parece posible'. Y en las últimas palabras de su turno, sentenció: 'Votaremos no a esta senda del déficit y al límite del gasto no financiero'.

A diferencia de su estrategia de julio pasado, el PNV se había abstenido en junio de 2009 cuando tuvo lugar el debate sobre el techo del gasto, lo que se considera parlamentariamente hablando el primer trámite del nuevo presupuesto.

Precisamente, el cálculo de los nacionalistas vascos este año era evidente. Al estar embarcada CiU en las elecciones autonómicas de otoño, el Gobierno quedaba a merced del PNV para salvar los presupuestos y con ellos su sobrevivencia. El monopolio para explotar la debilidad del Gobierno de Zapatero quedaba en manos de los nacionalistas vascos en exclusiva.

Y el ejercicio de ese monopolio comenzó nada más terminar la votación del techo del gasto. La 'confianza y la complicidad' que comenzó a germinar y que en fecha próxima habrá de ser escenificada supone para el Gobierno hacer concesiones sobre las que el PNV puede colgarse la medallas. Pero con el hecho de que esas ventajas (transferencia de las políticas activas de empleo) lo sean materialmente para el Gobierno vasco, aquí Patxi López saca una tajada importante. Y por eso nada de lo que se está tramando le es ajeno.

La sobrevivencia de Zapatero, empero, no supone un respiro importante habida cuenta del calendario de malas noticias que se avecina. Mañana, el paro registrado y las afiliaciones a la Seguridad Social de agosto, que suelen ser habitualmente malos por razones estacionales, pueden ser el primer reflejo del colosal parón de la inversión pública en España. Como el pasado año, agosto romperá la racha de tres meses de caída del paro registrado y dará paso a los últimos cuatro meses del año, en los que se seguirá destruyendo empleo.

Si lo único que puede ofrecer la economía a Zapatero en lo que queda de legislatura es quizá empeorar un poco más antes de estabilizarse en una situación de estancamiento, cosa que se reflejará en los comicios municipales y autonómicos previstos, el presidente solo juega con dos cartas potenciales: el desgaste que finalmente sufra el PP por sus casos de corrupción en cadena y una eventual decisión de la banda terrorista ETA de abandonar las armas.