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La eurozona combate con las manos atadas su crisis más agónica

Crecen las voces que piden al BCE decisiones drásticas con urgencia para proteger a los países de la moneda única

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'Por lo menos, la paz de los mercados nos duró ahora tres días. En otras ocasiones había sido cuestión de horas'. La constatación, impasible y amarga, fue revelada por un alto funcionario de la UE entre bastidores durante la cumbre que reunió en Cannes (Francia) a los líderes del G-20. El funcionario se refería a la cumbre del euro celebrada el 26 de octubre en Bruselas, y que estaba llamada a ser la madre de todas las cumbres. La extracción del tumor griego, 100.000 millones en deuda pública que Atenas podía olvidarse de devolver, se acompañó de vitaminas para el sector financiero a través de nuevas exigencias de calidad a la banca y del pertrechamiento del kit de emergencias, o fondo de rescate.

La cumbre del G-20, para la que el anfitrión Nicolas Sarkozy escogió el lema 'La Historia se escribe en Cannes', fue todo menos la exhibición del músculo europeo e internacional contra la crisis de la deuda soberana. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy abrieron la puerta hacia un territorio inexplorado al amenazar con expulsar a Grecia del euro por la convocatoria de un referéndum sobre el rescate. Silvio Berlusconi, a quien el FMI impuso junto a Bruselas la tutela de su política económica, rebajó la presión de los mercados a una 'moda pasajera' que no afecta a 'los restaurantes y los lugares de vacaciones', que 'siempre están llenos'. El presidente de EEUU, Barack Obama, 'presidió una improvisada reunión del Eurogrupo en el que cada uno decía una cosa distinta', según otra fuente diplomática al corriente del encuentro, en el que participaron los líderes de Francia, Alemania, Italia, España y las instituciones europeas.

Alemania se sigue resistiendo a reforzar el papel del Banco Central

¿Qué ha quedado de tanta cumbre? Por una parte, los acuerdos alcanzados en el encuentro de líderes del euro de octubre, a pesar de que dos semanas después comienzan a aparecer agujeros: la ampliación del fondo de rescate corre el riesgo de no alcanzar el billón de euros prometido ni estar listo a tiempo en caso de nuevos problemas, como reconoció esta semana su gerente, Klaus Regling. La reducción de la deuda griega está pendiente de la firma por parte de los dos grandes partidos del país de un compromiso por escrito con los acuerdos. La puesta en marcha de 'la respuesta global contra la crisis', en palabras de José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión, aguarda su momento.

Mientras, del maratón de cumbres queda también la sensación de que la eurozona se enfrenta a un pulso con las manos atadas a la espalda. 'Sólo podemos esperar', relataba esta semana un portavoz del Ejecutivo comunitario en referencia a la inestabilidad en Grecia e Italia, donde dos antiguos altos cargos europeos se disponen a pilotar ambos países sin haber pasado por las urnas.

Schäuble: 'Berlín y París quieren mantener la cohesión del euro'

La fortísima presión de los mercados sobre Italia ha hecho girar la mirada de los países del euro hacia el único actor que, desde 2008, ha demostrado ser efectivo siempre que ha sido utilizado: el Banco Central Europeo (BCE). Sus compras de deuda y sus inyecciones de liquidez a la banca mantienen la eurozona a flote. Sin embargo, cada vez son más las voces que piden un papel más activo. 'El Banco de Inglaterra tiene un 20% de la deuda británica, pero el BCE no llega ni al 2%', lamentaba un diplomático español.

'El BCE debe ir más allá de una interpretación estrecha de su misión', aseguró el viernes Aníbal Cavaco Silva, presidente de Portugal. Según él, la institución monetaria 'tiene que ser capaz de prestar como último recurso', algo que choca con la atribución oficial del control de los precios. 'En la situación actual, se necesita una acción decidida del BCE', razona Marie Diron, economista del departamento europeo de Ernst & Young. 'Es necesario que aumente su compra de bonos y que alcance grandes proporciones', añade, descartando el temor inflacionista expresado periódicamente por Alemania. 'En la situación actual, la deflación es un riesgo mayor que la inflación', advierte.

Esta semana será clave para comprobar el margen de maniobra de Fráncfort. En Grecia, el nuevo primer ministro, Lukas Papadimos, debe lograr el compromiso del socialista Pasok y del conservador Nueva Democracia para firmar el documento que exige la eurozona, donde deben comprometerse a aplicar los acuerdos de la cumbre del euro, que incluyen la rebaja de su deuda pero también un programa de recortes y privatizaciones. En Italia, un nuevo Gobierno deberá poner en marcha las medidas exigidas por Bruselas. Con el fondo de rescate pendiente de ser reforzado (no será plenamente funcional hasta diciembre) cualquier desviación del plan que ahuyente a los especuladores tendría que ser compensada por decisiones de urgencia del BCE.

Alemania se resiste a reforzar el papel del Banco Central. 'Tenemos un BCE independiente, que no debe ser mal utilizado como estamento financiero estatal. Pero no tenemos una política financiera común', apunta el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, en el semanario alemán Focus. Su propuesta es que los estados traspasen algunas de sus responsabilidades para la elaboración del presupuesto y la política fiscal a las instituciones europeas.

Esta es la principal decisión a la que se enfrenta el euro desde su fundación: dar un paso de gigante en la integración económica. El presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, hará propuestas en la cumbre de la UE de diciembre, y la Comisión tiene previsto hacer lo propio en las próximas semanas.

El debate sobre la transferencia de soberanía económica a las instituciones europeas, latente desde hace meses, provocó esta semana la aparición de informaciones que especularon con la ruptura de la zona euro entre países virtuosos e irresponsables. '¡Por supuesto que no!', rechazó el ministro alemán Schäuble, en otra entrevista en Le Monde. Según él, 'Berlín y París quieren mantener la cohesión de la zona del euro; no dividirla, sino crear mecanismos que la hagan estable'. Tanto las instituciones europeas como el eje francoalemán descartaron esta semana una doble velocidad del euro.

Si el euro avanza claramente hacia la unión económica podría dotarse de una gestión conjunta de la deuda, ya sea a través de los 'bonos de estabilidad europeos' que propondrá este mes la Comisión o bien a través de un 'fondo de salvación', la propuesta del consejo asesor del Gobierno alemán para lograr el mismo objetivo.

A tal efecto haría falta una gran modificación de las reglas de la UE, algo a lo que se opone Alemania, tradicionalmente opuesta a los eurobonos para proteger su deuda, la más segura del continente. 'Necesitamos modificaciones limitadas del tratado (de Lisboa) para tener mecanismos de control de los compromisos adquiridos más eficaces, una política presupuestaria común y una mejora de la competitividad en las diversas economías', dice Schäuble. Para Alemania, los eurobonos hay que merecerlos con una estricta política económica que de momento Italia y Grecia no son capaces de aplicar.