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Una explosión en el noroeste de Pakistán causa dos muertos

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Una explosión cerca de un restaurante de comida rápida en la ciudad paquistaní de Peshawar causó la muerte de dos personas el sábado, dijeron responsables, un día después de un ataque de extremistas cerca del cuartel general del Ejército.

"La investigación inicial sugiere que se trató de la explosión de una bomba en la que dos personas perecieron y nueve resultaron heridas", dijo a Reuters un alto cargo del Gobierno local, Sahibzada Anis.

El Ejército de Pakistán, que apoyó con fuerza a grupos de extremistas en su guerra contra la ocupación soviética en Afganistán, ahora se enfrenta a la insurgencia de los talibanes en su propio territorio y una creciente presión de Estados Unidos para que expulse a los combatientes islamistas en sus regiones fronterizas.

Un alto cargo policial, Shafqat Alam, dijo que la explosión en la ciudad noroeste de Peshawar pudo haber sido accidental, posiblemente causada por pinturas almacenadas en una tienda.

El ministro de Asuntos Exteriores, el shá Mahmud Qureshi, condenó la última ola de violencia y dijo que Pakistán no sería dividida.

En la noche del viernes, cerca de 40 milicianos atacaron un puesto de seguridad del Ejército, matando a un soldado, dijo el sábado un responsable de seguridad.

Los soldados del punto de control en un puente en Wana, el principal pueblo de la región de Waziristán del Sur, bastión de los islamistas, respondieron después de que fueron atacados en la noche del viernes, dijo el responsable de seguridad.

"Había entre 30 a 40 milicianos que comenzaron atacando a nuestro puesto con lanzagranadas y luego dispararon con fusiles AK-47, matando a uno de nuestros soldados. Pero respondimos y matamos a seis milicianos", dijo un funcionario de seguridad en la región, quien pidió no ser identificado, a Reuters.

Un responsable de inteligencia dijo que helicópteros de combate también atacaron las posiciones de los milicianos durante la batalla.

El Ejército dijo que logró avances en una gran ofensiva en octubre en Waziristán del Sur, un centro de islamistas de todo el mundo.

Pero los milicianos han realizado ataques con bombas como venganza desde entonces, matando a cientos de personas y presionando al cada vez más impopular presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, para que neutralice a la insurgencia mientras lucha por su supervivencia política.

El ataque del viernes cerca del cuartel general del Ejército, que causó al menos 40 muertos, es el mayor desafío al poder estatal desde octubre.

Dos suicidas se inmolaron en una mezquita visitada por agentes del Ejército en la ciudad de Rawalpindi, a 30 minutos en vehículo de la capital, Islamabad, y otros dos milicianos dispararon contra los fieles.

El ministro del Interior, Rehman Malik, describió a los atacantes como enemigos del Islam y del país.

El Ejército podría verse obligado a buscar una nueva estrategia para combatir a los talibanes en Pakistán, grupos dispares unidos por una meta común: tomar el control del país, que cuenta con armas nucleares, e imponer su estricta versión de régimen islámico.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, destacó la lucha de Pakistán contra los insurgentes esta semana, al anunciar sus planes para enviar 30.000 soldados adicionales a Afganistán.