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El FIS se despide con un brillante "Elías" en el Año Mendelssohn

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El Orfeón Donostiarra y la música de Mendelsohn han protagonizado esta noche la jornada de clausura del Festival Internacional de Santander (FIS), que se ha despedido con uno de los grandes oratorios del romanticismo, "Elías", y una muy aplaudida actuación de la coral vasca.

Junto a ella, la Orquesta Sinfónica de Galicia, bajo la batuta de su titular, Víctor Pablo Pérez, y los solista Mark Stone (en el papel del profeta), Soile Ikokovski, Natalie Stuzman y Werner Güra han interpretado con solidez una de las partituras más complejas y extensas del compositor alemán, cuando los teatros y auditorios de todo el mundo conmemoran los doscientos años de su muerte.

El Festival de Santander le ha recordado en distintos conciertos, como el que ofreció la violinista estadounidense Sarah Chang, que interpretó (sin propinas), el clásico más popular de este autor, su concierto para violín y orquesta.

El "Elías" es un oratorio inspirado en el Antiguo Testamento que Mendelssohn compuso poco antes de morir, a los 38 años. No es tan popular como ese famoso concierto, pero no es difícil encontrarlo en las programaciones, y menos en el año en que se recuerda a un autor que no necesita de bicentenarios para que su música se siga escuchando.

El libreto arranca con una maldición bíblica, contra Israel, que sufrirá una terrible sequía por adorar a Baal, un falso dios, y no al verdadero, una historia envuelta en una partitura monumental, plenamente romántica, en la que algunos han querido ver la ópera que su autor nunca escribió.

El segundo y último oratorio de Mendelssohn, que unos años antes había escrito su "Paulus", concede un papel protagonista al coro y el Orfeón Donostiarra ha sabido estar a la altura.

La agrupación que dirige José Antonio Alfaro tendría que llevarse el premio a la fidelidad del Festival de Santander, si existiera, porque ha actuado en treinta y tres de las cincuenta y ocho ediciones que se han celebrado hasta ahora.

En su regreso ha vuelto a llevarse largos aplausos del público, en una de las jornadas del FIS que más espectadores ha atraído.

El Festival ha finalizado así su 58 edición, que comenzó con el estreno en España de un nuevo montaje de "La favorita" de Donizzeti, dirigida por el argentino Hugo de Ana, que no convenció demasiado ni al público ni a los críticos.

La ópera ha tenido una importante presencia en una entrega que ha apostado por las artes escénicas aunque sin perder de vista la música sinfónica.

Al estreno de "La casa de Bernarda Alba", la ópera de Miquel Ortega basada en la obra de Lorca, que tuvo una mejor acogida, siguió una de las grandes joyas de esta edición, la "Parténope" de Vinci, una obra barroca rescatada y montada con fidelidad exquisita, como si el telón se levantase en pleno siglo XVIII.

Al contrario que esta propuesta, el musical de Broadway "West side story", otro de los aciertos de la programación, sí logró que el Festival colgará el cartel de "No hay localidades".

En otras de las propuestas el acierto no fue tanto, como ocurrió con el concierto del tenor argentino José Cura, una de las estrellas del cartel de este año, que defraudó con un recital a media voz de música argentina, en el que apenas cantó una hora, aunque no paró de hablar con el público.

El Festival regresó además a los "Marcos históricos" de Cantabria, en un certamen paralelo que ha vuelto a estrenar música contemporánea y también ha recordado la que se escribía en tiempos de los moriscos.

Lola Camús