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¿Quién gana, quién pierde?

La eurozona logra sellar un pacto para salvar al euro

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La eurozona logra sellar un pacto para salvar al euro.

Aunque el principal beneficiario parece Grecia, la gran ganadora es la zona del euro en su conjunto, si las medidas adoptadas consiguen frenar la sangría en los mercados de deuda. A priori, es una solución buena para todos, porque hasta la banca, que tiene bonos de Grecia, sale ganando con el cambio. Cobrará menos y más tarde, pero cobrará, algo que no tenía garantizado hasta ahora.

Pierden los bolsillos de los ciudadanos europeos, porque, de nuevo, los gobiernos tendrán que poner más dinero sobre la mesa para estabilizar los mercados. Ese dinero, cómo no, saldrá de las arcas públicas de cada país. Además, se dará el caso de que el dinero público que se destinará al macrofondo que operará en Europa servirá para recomprar (a su vez) deuda pública de algunos países. También se destinará parte de este dinero a recapitalizar instituciones financieras.

El líder francés, Nicolas Sarkozy, lo ha comparado con una suerte de Fondo Monetario Europeo por los superpoderes que va a tener. En realidad, es un instrumento financiero que tendrá capacidad para intervenir en los mercados comprando, por ejemplo, deuda. Para hacerlo, tendrá que recibir la autorización previa del Banco Central Europeo, en la que se reconozcan las circunstancias excepcionales para intervenir en los mercados. También se darán 'créditos preventivos' a los países que se encuentren en dificultades financieras, para que no tengan que llegar al punto de pedir un rescate. El texto no detalla cómo se activará esta línea de financiación.

El plan incluye una reestructuración de la deuda griega que contiene la conflictiva participación de la banca privada. Así, los inversores que tengan deuda de Grecia que venza en los próximos años la irán canjeando por nuevos títulos de renta fija con una fecha de vencimiento posterior. Con la operación, los títulos pierden parte de su valor. Además, se rebajan los tipos de interés de los préstamos concedidos por la UE y el FMI, que se podrán pagar hasta en 30 años.