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El Gobierno golpista decreta un nuevo toque de queda

Horas antes, el presidente de facto hondureño aseguraba estar dispuesto a renunciar mientras Zelaya no vuelva al país

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La crisis política de Honduras se complica cada día. El Gobierno golpista ha vuelto a decretar un toque de queda desde las 00.00 horas hasta las 05.00 hora local del jueves (de 06.00 a 11.00 GMT), ante las protestas convocadas por simpatizantes del depuesto presidente, Manuel Zelaya.

La decisión, anunciada en un mensaje difundido por radio y televisión, restablece la prohibición del tránsito de personas y vehículos en las noches, que estuvo vigente desde el 28 de junio, cuando Zelaya fue derrocado, hasta el pasado 12 de julio.

La medida, según la Presidencia, se adoptó 'en vista de la continuas y abiertas amenazas de parte de grupos que buscan provocar disturbios y desorden en algunos lugares' del país y 'para brindar seguridad y protección a todas las personas y sus bienes'.

'Solicitamos la compresión de la población y hacemos un llamado a acatar esta disposición adoptada con el afán de proteger la seguridad de las personas y de sus bienes y garantizar el orden y la paz social', agregó el anuncio oficial.

Horas antes, Roberto Micheletti había declarado en una rueda de prensa estar dispuesto a abandonar su cargo como presidente del Gobierno de facto, al que llegó tras el golpe de estado perpetrado el pasado 28 de junio, siempre y cuando Zelaya no vuelva nunca a su país.

'Si la decisión para que haya paz y tranquilidad en el país, sin retorno, que conste, del ex presidente Zelaya, (es renunciar) estoy dispuesto a hacerlo', dijo Micheletti ante preguntas de los medios de comunicación.

Sin entrar en detalles, reveló que a representantes suyos 'les hicieron esa propuesta en una ciudad importante de Estados Unidos'. 'Era clara y definida, y yo, para solventar esta situación que se pudiera presentar, estoy en la mejor disposición', dijo.

El anuncio del nuevo toque de queda se ha dado a conocer después de que organizaciones sociales hondureñas llamaran a ocupar entre este jueves y viernes 'puntos estratégicos' del país y a mantener protestas en las calles para exigir el retorno de Zelaya.

Ante la posible magnitud de las convocatorias, Micheletti pidió 'a la ciudadanía que no se deje involucrar en actos violentos que están trayendo gentes que son de otros países donde los ciudadanos se matan entre sí'.

Lamentó, asimismo, 'la provocación que se dio la vez pasada', el 5 de julio, que produjo 'la pérdida de un joven hondureño', cuando los militares impidieron a tiros y con bombas lacrimógenas que simpatizantes de Zelaya al aeropuerto de Tegucigalpa, donde el depuesto presidente intentó aterrizar procedente de Washington.

'No queremos eso', enfatizó Micheletti, y puntualizó: 'queremos vivir en paz, como lo hemos hecho siempre'.

Por otro lado, Zelaya lanzó el lunes un ultimátum con el fin de volver a la Presidencia de Honduras este mismo fin de semana y, para ello, ayer llamó a los hondureños a la 'insurrección'. El fiscal general de Honduras, Luis Rubí, reafirmó hoy que si el depuesto mandatario regresa al país 'se va a proceder a capturarlo' por delitos cometidos en relación con la frustrada consulta.

El presidente costarricense, Oscar Arias, está mediando desde la semana pasada en un diálogo entre representantes de Zelaya y Micheletti, que continuará el próximo sábado, para buscarle una salida a la crisis causada por el golpe de Estado.

Micheletti reiteró su 'confianza en que el diálogo va a resolver el problema' y descartó que él vaya a viajar a Costa Rica al frente de su comisión de representantes. Insistió en que 'fue una sustitución constitucional' la que le llevó a la Presidencia del país por decisión del Parlamento que dirigió hasta el 28 de junio.

Reiteró que Zelaya cometió violaciones constitucionales en acciones relacionadas con una consulta que iba a celebrar el mismo día del golpe de estado con la intención de obtener el aval para convocar una Asamblea Constituyente, e insistió en que tiene 'pruebas de todas esas cosas'. Además, le pidió a Zelaya 'que se tranquilice, que aquí no se está matando a nadie'.