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Un granjero boliviano ayuda a descubrir huellas de dinosaurios

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Por David Mercado

El granjero boliviano Primo Rivera se había preguntado durante mucho tiempo por las marcas en una rocosa colina cerca de su casa.

Este mes, unos paleontólogos solucionaron el misterio: Se trata de huellas de dinosaurios fosilizadas, las más antiguas en Bolivia.

"Cuando estaba aquí desde chango solía venir a ver siempre las huellas (...) yo no sabía de qué eran", dijo Rivera, de 35 años, quien vive en la provincia sureña de Chuquisaca.

Según estudios preliminares, las huellas fosilizadas que intrigaron a Rivera durante dos décadas tendrían cerca de 140 millones de años, mucho más antiguas que otras de dinosaurios encontradas en el país andino.

"Las huellas que hemos encontrado tienen su importancia en que son las más antiguas de Bolivia, pero además son las huellas de dinosaurios acorazados (Anquilosaurios) más antiguas del Hemisferio Sur", dijo en Buenos Aires el paleontólogo argentino Sebastián Apesteguia.

El especialista, quien dirigió una expedición de dos semanas auspiciada por el gobierno regional de Chuquisaca, cree que las huellas pertenecen a tres tipos de dinosaurios distintos, incluyendo al Anquilosaurio, un herbívoro acorazado.

Algunas de las huellas medían alrededor de 35 centímetros de largo, sugiriendo que los dinosaurios eran de un tamaño mediano, de cerca de nueve o 10 metros de largo, agregó.

Junto a las huellas más grandes, paleontólogos encontraron otras más pequeñas que probablemente pertenecían a dinosaurios bebés, indicando que las crías recibieron algún tipo de cuidado, señaló.

Rivera dijo que vio las huellas por primera vez hace unos 20 años pero nunca pudo descubrir qué eran. Hace unos años visitó un parque de dinosaurios cerca de Sucre, la capital regional de Chuquisaca, y notó que las huellas de dinosaurios exhibidas en el parque se parecían a los agujeros cerca del hogar de sus padres.

Sucre es célebre por tener el conjunto más grande de huellas fosilizadas de dinosaurios jamás descubierto.

Cuando Rivera se encontró con miembros del equipo de Apesteguia investigando cerca de su aldea de Icla, les contó lo de los agujeros.

"Da la casualidad que a este hombre (Rivera) las huellas siempre le habían llamado la atención de niño, pero nunca las había asociado a ningún animal en especial", dijo el paleontólogo Pablo Gallina, quien junto a Apesteguia trabaja para la Fundación de Historia Natural Félix de Azara en Argentina.