Publicado: 03.12.2013 07:37 |Actualizado: 03.12.2013 07:37

Yo hice el casting de Ana Botella

En la prueba para los músicos callejeros canté en valenciano a los jueces una versión del músico Pau Alabajos crítica con el Govern por torpedear la investigación del accidente de metro para conocer si cumplo co

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Este lunes tenía cita para pasar la "valoración de idoneidad". A las 11.00 horas. Es la forma que ha empleado el Ayuntamiento de Madrid para denominar el casting que se está realizando a los músicos que quieran tocar en las calles del centro de Madrid.

Salgo del metro y camino del centro Conde Duque, donde se realizará la prueba, me encuentro con un par de chavales que también se disponen a pasar el casting. Les pregunto si saben en qué va consistir la prueba, dado que todo el proceso se ha caracterizado por la falta de información y la poca transparencia. Los compañeros me informan, entre risas, que han tenido que buscar en la "wikipedia" la palabra idoneidad, por qué no sabían muy bien lo que significaba. Dudaban si tenía algo que ver con el término "ídolo" o algo así. ¿Acaso Ana Botella busca potenciales ‘Bisbales' al más puro estilo ‘La Voz' para ‘adornar' las calles de Madrid? Les aclaro que no, pero no era necesario. La idea, aunque divertida y a la vez espantosa, queda descartada en nuestras mentes. Además, en internet ya habían hallado el significado de la palabra: "Reunión de las condiciones necesarias para desempeñar una función".

La cuestión sería entonces, pienso, saber cuáles son esas condiciones necesarias para tocar en la calle, ya que en ningún momento se ha informado a los participantes de los requerimientos técnicos, cualidades o condiciones que debe desempeñar un músico para actuar a la intemperie. Por otro lado, reflexiono, es hasta cierto punto comprensible, dado que entraríamos en un debate sobre la belleza de la música y su irremediable y hermosa condición subjetiva. ¿Pero entonces qué carajo van valorar los jueces?

De camino al centro cultural me comentan los chicos que llevan mucho tiempo tocando en Madrid en condiciones muy duras, con los dedos congelados en invierno y gargantas destrozadas en verano y que han escuchado que habrá que tocar al menos cuatro o cinco canciones.
La duda que flota en el ambiente: ¿Qué criterios esconde la llamada valoración de idoneidad?

Llegamos y nos encontramos una multitud de gente, periodistas y músicos a partes iguales. Todos trabajando, unos para pasar la prueba que les permita tocar en Madrid y tener así algo que llevarse a la boca para ellos y sus familias; y los periodistas, para informar de esta polémica normativa que ha despertado el interés de los medios de comunicación. A los reporteros no les permiten acceder a la zona de pruebas (en la imagen) y se agolpan en la entrada, donde a cuentagotas tratan de cazar alguna declaración de los participantes. Me viene entonces el pensamiento, como si de una metáfora visual se tratase, de que los periodistas la mayoría de veces nos quedamos en lo superficial de las cosas, en la puerta de entrada de los edificios, de la que no nos dejan pasar.

Entramos y nos espera un funcionario para tacharnos de la lista e identificarnos. Hay dos salas con dos jurados diferentes compuestos a su vez por tres personas cada uno. A mí me toca la sala 1. Me despido de los compañeros y me adentro a una sala de espera improvisada mientras un sonido de gaita pone banda sonora a mi entrada. Allí aguardan una gran variedad de músicos, desde cantautores, saxofonistas y hasta una formación más clásica. Llego con tiempo como para poder acabar de memorizar la canción que les quiero interpretar. Esta mañana al despertar me vino a la cabeza de repente la idea de tocar en valenciano al jurado, para saber si para ellos es idóneo tocar en este idioma en Madrid, o si por el contrario no lo es. Ya puesto en faena, pienso que podemos rizar el rizo y tocar una canción con contenido social y político. Me viene a la mente la canción del cantautor valenciano Pau Alabajos sobre el accidente del metro de Valencia ‘Línea 1', sobre cómo los políticos se han lavado las manos en un asunto en el que a día de hoy sigue habiendo cero responsables, como denuncia continuamente el músico de Torrent i la Asociación de Víctimas del accidente del Metro de Valencia. Termino de memorizar las últimas frases y acordes de una canción que sólo había podido practicar unos minutos antes en mi casa.

Ante el jurado, me dispongo a cantar 'Línea 1', que critica la gestión del Govern en el accidente de Metro de ValenciaLes anticipo a los jueces ‘la jugada' en mi presentación, por si no entienden la letra en valenciano, y me dicen que "por supuesto", que no hay ningún problema en que toque dicha canción. Un jurado por cierto del que los participantes no hemos tenido ninguna información. Dos hombres y una mujer me esperaban sentados tras una mesa con algunos papeles. Me miran fijamente y sin articular palabra, muy amables, esperan a que empiece a tocar. Tras la explicación de mi canción protesta me dejan tocar un segundo tema, ya de mi propia cosecha de mi proyecto musical, también en valenciano, y me despido. No sin antes preguntar sobre cuándo se sabrá el resultado y si hay un número ya predeterminado de las licencias que se van a entregar. Me dicen que no, pero que somos "muchos" y que habrá que hacer un buen tajo, porque todos no cabemos en el centro de Madrid. Más de 350 solicitudes, viendo el listado previo colgado en el BOAM. No sé valorar si muchos o pocos para una ciudad tan grande como Madrid. No obstante, me recuerdan que aunque no obtuviera la licencia, podré tocar en las zonas periféricas de la ciudad sin ningún problema. Me marcho por donde vine con mi guitarra y mientras salgo me descubro tarareando la última estrofa de la canción de Alabajos: "No cal buscar nous arguments per creuar les fronteres de la indignació. Alcem tots la veu amb convicció, paraules en l'aire, terratrèmols en el cor" ("No hace falta buscar nuevos argumentos para cruzar las fronteras de la indignación. Alcemos la voz con convicción, palabras en el aire, terremotos en el corazón"). Y pienso que lamentablemente sus palabras siguen demasiado vigentes tanto en Madrid, como en Valencia.