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Homenaje a los españoles presos en los campos nazis

Un acto en Sachsenhausen recuerda a los 8.700 prisioneros republicanos

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'Se transformaban en algo salvaje, bestial'. Así describió el líder sindicalista español Francisco Largo Caballero su impresión de los presos del campo de concentración de Sachsenhausen, al norte de Berlín. Largo Caballero, que había sido presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, llegó a Sachsenhausen en agosto de 1943. Tenía 74 años y le había detenido la Gestapo en Francia.

Por Sachsenhausen pasaron otros 192 republicanos, según documentos de la época. No se conoce su número total, ya que muchos, declarados apátridas por Franco, fueron identificados como franceses. Todos ellos recibieron ayer un homenaje público en el Día Internacional del Holocausto.

El embajador español, Rafael Dezcallar, depositó una corona de flores en la estación Z, la antigua fosa de fusilamiento con depósito de cadáveres y cámara de gas. Antes, Dezcallar recordó en un breve discurso a los alrededor de 8.700 españoles que pasaron por los campos alemanes, la mayoría de ellos por Mauthausen. Durante el acto, Adam König, judío superviviente de Auschwitz, leyó el mensaje de agradecimiento de uno de ellos, Pedro Martín, quien vive en la Baja Normandía y no pudo asistir a la ceremonia por motivos de salud.

Casi todos los españoles internados en Sachsenhausen llegaron en enero de 1943, en un transporte con 1.600 detenidos por las fuerzas de ocupación en Francia. Según explicó ayer la historiadora Astrid Ley, un camarero leridano que tuvo la suerte de que le pusieran a trabajar de cocinero, José Carabasa, logró que metieran a Largo Caballero en una barraca donde se dejaba a los enfermos en paz. Allí lo encontraron los oficiales polacos que lo liberaron.

A medida que se acercaban los aliados, el horror continuó fuera de los campos con las marchas de la muerte, ordenadas por las SS. La historiadora recordó el testimonio que dejó Carabasa sobre Sachsenhausen: 'Presenciamos escenas horribles. Tiros en la nuca sin parar a los que se dejaban caer agotados en la cuneta Una noche, hombres de las SS prendieron un pajar al que habían mandado a dormir a 100 prisioneros. En otra ocasión, fuimos testigos de una ejecución masiva en el bosque, en la que usaron ametralladoras'.