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Iglesia neocon

Medio millón de personas están vinculadas a los grupos católicos más conservadores. Cada vez influyen más en la jerarquía

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La infantería tras la que se parapeta la jerarquía católica no viste sotana. Con las iglesias vacías -según el CIS, sólo el 16% de los españoles va a misa cada domingo- la exhibición del poder de la Iglesia precisa necesariamente de un escenario más visible: la calle. La fuerza con la que sostiene el episcopado sus argumentos tiene mucho que ver con el poder de convocatoria que ha demostrado, detrás de cada pancarta y al lado del PP, con su oposición al Gobierno.

Las distintas familias que componen el corazón más conservador del catolicismo suman medio millón de seguidores en España. Sus detractores denuncian que se han apoderado del poder de la Iglesia para escorar su rumbo hacia el integrismo. Sus seguidores, por el contrario, defienden que son la única herramienta capaz de evangelizar a una sociedad cada vez más secularizada.

Media docena de movimientos, más el Opus Dei, que tiene un rango superior -es una prelatura personal, equiparable a una diócesis sin límite territorial-, constituyen una nueva milicia que ha desplazado del poder a los ejércitos históricos del Papa: jesuitas, dominicos y franciscanos.

La involución vaticana

Las órdenes tradicionales de la Iglesia, oxigenadas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), alimentaron las ideas de la Teología de la Liberación, sensibilidad con la que abonaron, al mismo tiempo, la desconfianza de Juan Pablo II. El Papa polaco, tan conservador como receloso, giró sus bendiciones hacia una nueva Iglesia sin hábitos que había hecho de la evangelización del primer mundo -en el que el único hambre es de poder- su bandera más visible.
En 1998, Karol Wojtyla elevó a la mayoría de edad a los nuevos movimientos, al escoger y recibir a siete líderes fundadores de la refundada Iglesia neoconservadora. Allí estaban, entre otros, el español Kiko Arguello, y el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, fallecido el pasado jueves.

'El fin de todos es el mismo, dar a conocer a Cristo', señalaba ayer la portavoz de uno de estos movimientos. Los métodos, sin embargo, cambian. Todas las familias neocon del catolicismo han afianzado su presencia hasta crear una estructura paralela a la propia Iglesia. Siembran en sus propios colegios, seminarios y universidades y recogen, año a año, una creciente cosecha de influencia.


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Miembros entre el episcopado

En esta carrera no brilla siempre la deportividad. Las relaciones entre los distintos movimientos se ajustan en todo momento a la cordialidad.La rivalidad estimula la competencia, y beneficia la productividad; es decir, anima a generar más líderes y a ocupar más y mejores despachos en la curia y en las instituciones. Desde hace una década hay obispos ligados a esta nueva realidad de los movimientos neoconservadores. El presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, es un teólogo del Camino Neocatecumenal. Ligados a Comunión y Liberación son los responsables de las diócesis de Oviedo y de Granada. La influencia de estos movimientos entre grandes apellidos vinculados a la política, la empresa y las finanzas es también notable.

Los seminarios dependientes de las diócesis son edificios vacíos. Las vocaciones nacen de los nuevos movimientos. Siguen sembrando. Ya tienen obispos y cardenales. ¿Llegarán a Papa?

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