Publicado: 04.10.2008 21:18 |Actualizado: 04.10.2008 21:18

Jornaleros del lujo en Burdeos

Parten los últimos españoles desde Jaén a la vendimia francesa. En 15 días ganarán 1.000 euros netos por cortar viñedos de Cavernet Sauvignon

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Un cliente pregunta al maître de un afamado restaurante madrileño el precio de una botella de vino de Burdeos, que en bodega cuesta 150 euros. "Trescientos euros", le responde. Con esas cuentas, el jornalero que vendimia las cepas de este exquisito vino tiene que trabajar cuatro días durante ocho horas para poder comprar una sola botella del burdeos producido con su mano de obra.

Parece una relación exagerada, pero quienes participan en el intercambio están satisfechos. Son los últimos españoles que, desde Valdepeñas de Jaén, un pequeño pueblo de la sierra, han partido esta semana con destino a la vendimia gala. Cuatro autobuses, 187 jornaleros y jornaleras, cuyas manos cortarán racimos de viñedos cabernet sauvignon, cabernet franc, merlot y petit verdot, que dan algunos de los caldos más codiciados (y caros) del mundo.Con los 1.000 euros netos que cada emigrante conseguirá en 15 días, no podrá comprar ni una sola caja de 12 de botellas de Château Ducru Beaucaillou, que cuesta en bodega 1.500 euros.

Sin embargo, afirman estar contentos por poder vendimiar en este latifundio del Burdeos francés. ¿Por qué?, pregunta el periodista. "Hombre, ganamos algo más: nos pagan 85 euros diarios por ocho horas de trabajo", responde Francisco Prieto, capataz de la expedición.

Estos trabajadores perciben 10,6 euros la hora. El sindicato UGT explica que el convenio para la vendimia francesa fija un salario mínimo de 8,70 euros la hora, casi dos menos, pero es que en la provincia de Toledo está a 6,60 y en la de Ciudad Real a 5,56 euros. Empieza a haber diferencias: cinco euros más por hora, 40 al día, 600 euros en las dos semanas que pasarán los valdepeñeros en Francia. Al final, pese al contraste entre el lujo de la botella y la humildad del salario, las cuentas acaban por salir.

Hay más diferencias que justifican echarse la maleta a cuestas. Durante la vendimia viven en una adecuada estancia donde los matrimonios de jornaleros tienen habitaciones propias; cada mediodía todos almuerzan en un comedor y con catering a cuenta del patrono, y no en el campo en mesas improvisadas.

Todos estos beneficios se suman a un salario ligeramente superior, aunque aún corto en relación con el rendimiento del fruto de sus manos, unas manos que deben recolectar la uva con mimo y en el menor tiempo posible. Lo explica Francisco: "La uva la ponemos en cajas pequeñas de unos cinco kilos, sin que lleven ni una hoja, ni un palote. Las cajas se cierran herméticamente. A la bodega tiene que llegar la uva completamente limpia". Algo parecido ocurre con los 1.000 euros que consiguen en dos semanas, y que también pueden volver a España sin haber sido tocados. "Es dinero limpio. Si no queremos, no tenemos ni que llevar comida. No hay gasto. Por supuesto, todos firmamos el contrato en cuanto llegamos. Pero sobre todo es que trabajamos muy a gusto, nos tratan muy bien y estamos en unas condiciones muy buenas", explica Francisco.

Esta versión la corroboran inmediatamente los demás vendimiadores. "Allí se está bastante bien, y en dos semanas nos traemos un dinero que aquí no ganamos", afirma Raquel Gómez, para quien las condiciones del trabajo en España no resisten comparación con las que disfrutan en el país vecino. "Aquí en España no hay suficiente trabajo, así que no tenemos más remedio que irnos a Francia, y allí se portan bastante bien, la verdad", apostilla Ángel Sánchez, que con 21 años ya lleva tres vendimiando en esta finca francesa.

Ante tan apetecible oferta de trabajo, al capataz Francisco no le faltan voluntarios. "Se nota la crisis. Este año han venido a buscarme más que ninguno, y he tenido que rechazar gente. Al final vamos 187". A ellos se unirán casi 100 emigrantes de otros países: marroquíes, portugueses, polacos e incluso algunos franceses. Hay que vendimiar con rapidez una extensa propiedad latifundista: 200 hectáreas de los mejores viñedos de Burdeos.

De las bodegas de los dos hermanos propietarios saldrán dos millones de botellas de un caldo que reposará durante meses en barricas. El precio de venta en bodega oscila entre 90 y 150 euros la botella de tres cuartos de litro, precio que, como mínimo, se duplicará en la mesa de un restaurante.

Francisco Prieto lleva 32 años encargándose de los españoles que vendimian en la finca del castillo que da nombre al vino. "Son tantos años ya", recuerda su esposa, "que, a pesar de no tener estudios, habla muy bien el francés y se entiende perfectamente con los patronos. Lo aprecian mucho".

Antes de salir hacia Francia con los 187 jornaleros a bordo de los autobuses, Francisco muestra una botella de Château Ducru Beaucaillou de 1996 que guarda en su despensa como un preciado regalo.

En los viñedos de Château Ducru Beaucaillou vendimian jornaleros de varios países, pero la palma se la llevan los 187 españoles, el grupo más numeroso. Son todos del mismo municipio: Valdepeñas de Jaén, uno de los principales pueblos exportadores de mano de obra emigrante.


Cuando partieron los cuatro autobuses del capataz Francisco Prieto, la merma demográfica se hizo evidente. Estos vendimiadores son los últimos de este pueblo en ir a Francia. Antes, ya se habían marchado otros cientos. De los 4.000 habitantes de este municipio serrano, casi la mitad está ahora en Francia. En los bares sólo hay abuelos. Muchos de los bares y negocios han cerrado por falta de clientela.


"El que está en edad de trabajar se ha ido", cuenta Luis, dueño de un bar.