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Los judíos españoles recuerdan el Holocausto mientras crece el rechazo a Israel

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La comunidad judía en España, pequeña y discreta, conmemora el martes el Día Oficial de la Memoria del Holocausto y la Prevención de los Crímenes de la Humanidad, en un ambiente creciente de sentimientos antisemitas que ha despertado el conflicto de Gaza.

Las manifestaciones contra la intervención israelí, una pintada en una sinagoga barcelonesa, las comparaciones con el Holocausto, y la polémica entre el embajador y el gobierno catalán tras la asistencia del conseller de Interior, Joan Saura, a una de las protestas, "enrarecen" el ambiente, declara a Efe Jacobo Israel, presidente de la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE).

El presidente catalán, José Montilla, y el embajador israelí, Raphael Schutz, se reunían ayer para reconducir las relaciones.

No obstante, la comunidad hebrea de Cataluña mantiene suspendidos los actos propios en memoria del Holocausto, que organizaba en colaboración con la Generalitat, y sólo participará en una ceremonia abierta, el día 27, en la que se encenderán velas en recuerdo de las víctimas del genocidio nazi.

Por su parte, la Federación de Comunidades asistirá al acto oficial que se hará en el Paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, presidido por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el mismo día 27, cuando se conmemora la liberación del Campo de Auschwitz en 1945.

Habrá otra ceremonia institucional en la Asamblea de Madrid y un seminario organizado por Casa Sefarad Israel los días 26, 28 y 29, con investigadores y testimonios de "salvados y salvadores".

Se ha puesto énfasis en ese tipo de personas -explica Jacobo Israel- que, en un ambiente antisemita, como fue el de la Segunda Guerra Mundial, tuvo una posición abierta y favorable al conocimiento y valoración de lo judío.

Es una oportunidad, un "puntal más en la lucha contra el antisemitismo", agrega, porque hay pasos positivos por parte de España -que acaba de ingresar en el Grupo de Trabajo de Cooperación Internacional para la Educación, Memoria e Investigación del Holocausto- en el entendimiento, la tolerancia y el conocimiento.

"Pero curiosamente, el sentimiento antisemita está creciendo", asegura el presidente de la FCJE, que cita una encuesta del Observatorio Estatal de Convivencia Escolar, según la cual más de la mitad de los estudiantes de secundaria no se sentarían en el pupitre con un niño judío. "En 1984, no pasaban del 20 ó 22%", destaca.

"Es evidente que no saben lo que es un judío y no se distingue de otro adolescente no judío. El sentimiento existe antes del conocimiento".

UN COLECTIVO INTEGRADO

Es una hostilidad de raíces históricas -agrega- y "un antisemitismo casi sin judíos", con una población minoritaria, unas 40.000 personas, "muy integrada, hispana total".

Afortunadamente, precisa, es un rechazo "más de palabra que agresiones físicas".

El empresario del sector de las telecomunicaciones Martin Varsavsky lo corrobora: "Soy judío en España y vivo sin problemas. Pero nunca había recibido en mi 'blog' tantos comentarios antisemitas como en las últimas semanas". "Se confunde ser judío con ser ciudadano de Israel", dijo a Efe.

"Estoy en contra de la invasión de Líbano y de Gaza, pero soy judío, y he escuchado muchos comentarios contra todos los judíos, como si todos fuéramos responsables de la política israelí".

No lo ve así el empresario Max Mazin, uno de los promotores de la CEOE y reconocido impulsor de las relaciones España-Israel.

"No me consta" un repunte de hostilidad, sostiene. "No quiere decir que no existan grupos aislados que por razones éticas, religiosas o de diferencias de todo tipo no mantengan unos sentimientos antijudíos, pero me guardaría mucho de generalizar este estado de ánimo aplicándolo a la nación entera".

Ocurre, explica Martin Varsavsky, que ese rechazo antiguo, de base, aumenta en una situación coyuntural. "Y es verdad que hay una tendencia a ser mucho más duros con el gobierno de Israel que con otros que pueden cometer errores".

"A veces cometemos errores y merecemos críticas", reconocía esta semana el embajador israelí, Raphael Schutz, en un debate con el representante de la ANP en España. "Pero hay que ver el odio visceral, la energía negativa y la actitud apriorística de algunos medios de comunicación".

"Nos parece bien que haya manifestaciones en defensa de los valores humanos, pero ¿por qué no se han dado por situaciones como la de Darfur, Congo, Ruanda o Afganistán?", preguntaba el embajador. El mismo argumento defiende el presidente de la FCJE.

Los tres son tajantes al negar una relación de lo sucedido en Gaza con el Holocausto.

Aquel fue un intento de exterminación de todo un pueblo por un odio racial de la Alemania Hitleriana sin justificación, señala Max Mazin.

Este "ha sido un conflicto provocado por una parte y convertido en respuesta en una guerra que bajo ningún concepto se puede considerar un exterminio". Cualquier país -agrega- "hubiera actuado de la misma forma en defensa propia".

"No tengo dudas de que Hamas quiere la destrucción del Estado de Israel, y no tengo dudas de que la mayoría de los israelíes quieren la paz, pero la respuesta ha sido desproporcionada", critica Varsavsky, aunque "de ahí a llamarlo genocidio, es absurdo".

Puede juzgarse desproporcionado o proporcionado, opina Jacobo Israel, "cada uno reacciona a la agresión con la fuerza que tiene. Es de lamentar las muertes, de uno y otro lado. Por eso es importante que, por las dos partes, se busque la paz".

FALSAS CREENCIAS

El español es tolerante, pero hay una especie de negatividad que se nota más en el anonimato de un "blog" que en la vida normal, insiste Varsavsky. También hay prejuicios históricos contra franceses y norteamericanos, apostilla.

Una manera de reconocer a un antisemita es preguntarle cuántos judíos hay en España, opina este argentino nacionalizado español, que ha creado siete empresas en 20 años.

"La mayoría cree que hay cientos de miles, que controlan un montón de cosas... y no tienen idea de los pocos y poco importantes que son".

La comunidad es ínfima, continúa . Es "raro" encontrar un judío en el mundo -sólo hay trece millones- pero más lo es en España: 40.000 entre 46 millones de personas.

Hay otra confusión: "creen que somos una especie de organización, y no. Hay una comunidad, y algunos judíos que pertenecen a ella, y son religiosos, pero son muy pocos", asegura Varsavsky.

La mayoría radicados en Madrid, Barcelona, la Costa del Sol, Comunidad Valenciana, Sevilla, Palma de Mallorca, Canarias, Ceuta y Melilla, según la FCJE.

La federación, que impulsa la vida religiosa, educativa, cultural y política del colectivo, indica que hay más de 30 sinagogas y cementerios judíos en nueve ciudades.

Tienen colegios en Madrid, Barcelona, Málaga y Melilla, algunas publicaciones, una biblioteca de vídeos y una emisora de radio por Internet que divulga los valores del judaísmo.