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A por el máster de bombero

Antes de relanzar IU, Cayo Lara tendrá que pacificar el complejo avispero interno

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Cayo Lara (Argamasilla de Alba, Ciudad Real, 1952) ambicionaría muy probablemente tener cuerpazo de bombero. De apagafuegos de madrugada, mañana, tarde y noche. A fe que cuesta aprobar el máster, porque hasta ahora ningún coordinador general de IU ha pasado de un meritorio suspenso. Ejemplo: “Este órgano [la nueva ejecutiva] es ilegal, ilegítimo y antiestatutario. Iremos si hace falta a la Comisión de Garantías. Es impresentable e indecente”. Ni más ni menos. Todo eso le largó la comunista Charo Luque a Lara un minuto después de que éste anunciara al Consejo Político la composición de su equipo. He ahí un fuego fácil, provocado por una evidencia: mucha cúpula cocinada por las tres grandes familias y al final la paridad quedó reducida a un bonito escorzo (mujeres, siete; hombres, 16).

Lara y los demás reaccionaron atónitos. Era una anécdota, y tal vez una nimia metáfora del camino pedregoso que IU deberá andar y desandar a partir de ahora. Pacificar el avispero interno como paso previo, y absolutamente inaplazable, al relanzamiento de la federación. Mostrar firmeza y al tiempo encajar el sudoku de familias, infundir confianza, una virtud ignota en IU. Nada fácil: sólo había que ver el semblante serio, de sonrisa forzadísima, de gasparistas y N-II al felicitarle.

Lara es un hombre del PCE, y por tanto de la montaña desde la que peroraban Paco Frutos y Felipe Alcaraz, pero sus rivales huyeron de presentarle como un duro entre los duros, aunque sí “influenciable” por ellos. Por eso el líder deberá exhibir independencia y erguirse como “coordinador de todos”. Lo prometió ayer. Cuenta con un serio peligro: que no estalle a la primera de cambio el pacto con Ángel Pérez, adversario íntimo de Enrique de Santiago, un pecero sin adornos. Las tensiones de la nueva zona noble de IU, con Inés Sabanés de espectadora, prometen fuego amigo muy pronto.

Lara ha probado cintura en Castilla-La Mancha, una federación que ha dirigido desde 2000 sin gritos internos, aunque sin conseguir extirparle la astilla de ser una fuerza extraparlamentaria. Antes pudo fabricar política en Argamasilla, donde fue alcalde 12 años, hasta 1999.

El nuevo líder trufa sus discursos de rigor contra PSOE y PP y de emoción desnuda, de carne, de alma, un rasgo que le separa de Llamazares, mucho más frío. Ayer a punto estuvo de llorar en varias ocasiones, cuando habló del PCE –“no es un lastre”, recordó–, e incluso al mentar a los pobres, los parados, los que “ansían la igualdad” y una ley electoral justa. “Gaspar, que trabaja, y mucho, no puede cubrir el trabajo de los 12 diputados que nos faltan”, apuntó, como guiño de cercanía con su antecesor.

Lara marcó ayer campo de juego. “PP y PSOE representan el neoliberalismo, los dos”. Y si hace falta huelga general, pues también. Amistades con Ferraz, las justas. Para eso viene bien el máster. El de bombero.