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"Mi voz es como un rioja: cuanto más vieja, más profunda"

Sting dedica al invierno un disco en el que canta a Schubert y a Bach

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Habla Sting al otro lado del teléfono con sosiego y delicadeza, como deleitándose en cada una de las aterciopeladas palabras que pronuncian sus labios. 'Mi voz es como un rioja: cuanto más vieja, más profunda', dice, y emite un suspiro que hace pensar en la paciencia de un monje zen. Habla Sting y uno no puede evitar imaginárselo sentado en un gran sillón de orejas, junto a una chimenea, vestido con pantalón de pana y jersey de cuello alto, mientras deja enfriar un té rojo servido en una tacita de cerámica china. Tras la musculosa gira con The Police, ha llegado el momento de recogerse y realizar actividades más propias de una persona que roza los 60 años y que cita a Santa Ana para defender que 'hay que mirar al pasado para no repetir errores'.

Sting nunca ha sido de clínicas de rehabilitación ni de cocoteros. Él prefiere recluirse en su mansión de la toscana italiana junto a seis experimentados músicos, como hizo el pasado mes de febrero, y dedicarle todo un álbum al invierno. 'Siempre estoy esperando con ganas que llegue el invierno, ponerme las botas, el jersey y un buen abrigo. Para mí, es la estación de la imaginación, cuando te sientas alrededor del fuego para contar historias de fantasmas. Siempre me gustó la época de la Navidad. Me resultó muy interesante estudiar estas canciones, algunas de las cuales tienen varios siglos de antigüedad, y comprobar que el símbolo de la Navidad y del invierno viene de antes de la cristiandad'.

'Siempre estoy con ganas de que llegue el invierno para ponerme el jersey y las botas'

If on a winters night, su nuevo disco, incluye 15 canciones cuyas propiedades no difieren mucho de las de un brasero a los pies de una mesa camilla: calientan y reconfortan ante la adversidad climática. Pero las tonadas de este disco quieren ir un poco más lejos, o más adentro, según se mire: apuntan al alma. 'Para este disco investigué mucho', confiesa el músico, 'buscaba canciones que tocaran mi corazón, que apelaran a mi sentimiento de lo que es el invierno. Necesitaba una carga emocional para emocionar al oyente. Y creo que todas las canciones me emocionaron de un modo u otro: las tradicionales, los villancicos, las canciones clásicas...'.

Sólo dos canciones están firmadas por Sting. Entre el resto, además de partituras tradicionales y villancicos, destacan piezas de compositores como Henry Purcell, Franz Schubert o Johann Sebastian Bach. También hay una canción popular de su ciudad de origen, Newcastle, titulada The snow it melts the soonest, pero la más sorprendente es Gabriels message, procedente del País Vasco. 'Nos la enseñaron en la escuela, no en vasco, sino en la traducción al inglés. Siempre supe que era de esa parte de Europa. Es una canción bellísima', reconoce el músico.

'Buscaba canciones que tocaran mi corazón, lo necesitaba para emocionar al oyente'

Es un disco adulto, lo que en no pocas ocasiones es sinónimo de aburrido y domesticado, pero aquí se encuentran ideas y referentes que evocan situaciones vitales ciertamente críticas. Crecer es abandonar la seguridad del hogar familiar para lanzarse a la intemperie de la vida y, desde ella, reconstruir aquella seguridad desde uno mismo y en otro lugar. Sting ha encontrado su útero de la edad adulta en un caserón italiano rodeado de viejas canciones y amigos que tocan sus instrumentos en una habitación sin calefacción a la luz de decenas de velas.

Y allí le puso música, también, a un poema de Robert Louis Stevenson que refleja esa tensión intrínseca al hogar, lugar de la seguridad y lugar del peligro. 'Christmas at sea es una de mis canciones favoritas del disco. Describe el hundimiento de un barco junto a la costa. El protagonista, en esos terribles momentos, se da cuenta de dos cosas: la primera, que es el día de Navidad; y la segunda, que se encuentra justo enfrente del pueblo donde nació. Así que por un lado se siente en casa y por el otro en peligro. El invierno tiene esta fuerza violenta en sí mismo, que nos hace buscar un lugar seguro, caliente, confortable, ya sea este el hogar familiar, la iglesia... Esta canción es capaz de meter todas esas emociones en una misma bolsa', reflexiona Sting.

No es la primera estrella del pop que abre el baúl de la música tradicional. Ni será la última. Según él, 'la música tradicional siempre ha sido una fuente para mí, siempre he cogido cosas de ella y la he tenido muy presente. Y he tocado con muchos músicos que pertenecen a ese mundo. Por otro lado, la música pop es música folk. Es música folk moderna. Son estilos que tienen muchas cosas en común, no es difícil pasar de uno a otro'.

Aunque en las fotos promocionales aparezca junto a un cuadro budista y su discurso transpire espiritualidad, Sting no se considera una persona religiosa: 'Soy agnóstico, que en griego significa No sé. Mi religión es la música, porque me conecta con algo más elevado que yo mismo, algo misterioso, algo imposible de entender'.

El cantante inglés tiene bastante claro que su camino artístico está más orientado hacia los pequeños recintos (hace unas semanas presentó sus nuevas canciones en la catedral de Durham) que hacia grandes estadios como los que recorrió en la gira de reunión de Police. 'Creo que atamos muchos cabos sueltos, se cerró el círculo, terminamos de escribir el capítulo. Fue un ejercicio de nostalgia. Recuperar lo que creamos en el pasado y no crear algo nuevo. En ningún momento nos planteamos hacer un disco nuevo', dice, antes de subrayar que 'no, no volveremos a hacerlo'.