Publicado: 02.11.2014 21:29 |Actualizado: 02.11.2014 21:29

Dos mil ovejas cruzan el centro de Madrid para reivindicar la trashumancia

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Ni el insomne más desvelado cuenta tantas ovejas como las que hoy han desfilado por el pleno centro de Madrid coincidiendo con la celebración de la XXI Fiesta de la Trashumancia, un día en el que se pretende ensalzar una histórica técnica ganadera que actualmente no goza de la mejor salud en España.

"Hay que reivindicar la trashumancia porque está muy abandonada, somos muy pocos los que hoy seguimos haciéndola", ha expuesto Elías González García, el ganadero del rebaño de 2.000 ovejas merinas que hoy ha atravesado Madrid desde Villar del Cobo (Teruel) y que continuará su camino hasta el Valle de la Alcudia (Ciudad Real).

Su viaje se extenderá durante un mes y en este tiempo el rebaño atravesará multitud de localidades; sin embargo, hoy González ha admitido estar un poco más nervioso de lo habitual y "sentir un cosquilleo especial" al entrar en la capital, puesto que, como él mismo ha señalado, "Madrid siempre es Madrid".

Y es que desde la madrileña Casa de Campo han partido dos mil cabezas de ganado a primera hora de la mañana para llegar, sobre las 10.30 horas, a la Plaza de la Villa, donde, como marca la tradición, autoridades y pastores han renovado la simbólica firma de la Concordia, un documento del año 1418 que permite el paso de las ovejas por las Cañadas Reales de la Villa de Madrid.

Allí, los pastores han instado al Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente a que les ayude a "recuperar las Cañadas Reales" ya que, como han criticado, "están muy abandonadas".

El guante lo ha recogido Carlos Cabanas, secretario general de Agricultura y Alimentación del Ministerio, quien no ha dudado a la hora de mostrar su compromiso con esta actividad.

"El valor medioambiental y cultural de la trashumancia es fundamental", ha recalcado Cabanas, quien también ha destacado que esta forma de ganadería es una actividad que hay que seguir promocionando porque es parte de nuestro patrimonio e historia.

Con el trato cerrado —al modo tradicional— en 100 maravedís, los rumiantes han continuado su trayecto hasta la Puerta de Alcalá por la Calle Mayor y Puerta del Sol, flanqueados, como si de la Vuelta Ciclista a España se tratase, por centenares de curiosos que aguardaban expectantes su paso a ambos lados de la calzada.

Precisamente la carretera no lucía hoy su mejor aspecto al cambiar el habitual trasiego de coches y motos —con sus escapes de gasolina pertinentes— por las ovejas y los "escapes" de otro tipo que éstas han generado en forma de excrementos, algo que, sin embargo, no ha amedrentado a los más pequeños de la casa a la hora de acercarse al rebaño.

"Hay muchas ovejas, esto es un misterio", exclamaba el pequeño Juan acompañado por Clara, su madre, encantada con la experiencia que estaba viviendo su hijo.

También Víctor estaba bien acompañado esta mañana recibiendo el paso de las ovejas en la calle Mayor. Irene, su hija, tildaba ver tantos animales en Madrid como "algo un poco raro", mientras que Rodrigo, su hermano, decía "no estar asustado" ante el movimiento constante de los animales.

Si los niños sonreían al ver tan cerca al rebaño, los turistas no paraban de fotografiar la curiosa estampa, sorprendidos como un grupo de estudiantes japoneses que no se explicaban por qué había ovejas en el centro de Madrid.

"Es fantástico, es una oportunidad para estar cerca de la naturaleza, es muy bonito", exclamaba Elisabeth, una de las turistas.
Gracias a las indicaciones de Sergio García y Domingo Tabares —los pastores— las ovejas han podido seguir su camino sin incidencias, algo que en parte también se ha debido al "buen comportamiento de los madrileños", según han coincidido ambos.

Tras el rebaño, los cánticos de grupos folclóricos han cerrado la comitiva que, durante unas horas, ha acercado "el mundo rural a la capital", como ha destacado David Erguido, concejal presidente del Distrito Centro.

Después del último músico y con el balido de la última oveja aún en el horizonte, el rebaño emprendió su camino hacia pastos cálidos y Madrid regresó, como si de otro domingo cualquiera se tratara, a su rutina.