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Miles de filipinos protestan contra la presidenta Gloria Macapagal Arroyo

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Unas tres mil personas se manifiestan contra la presidenta filipina, Gloria Macapagal Arroyo, en los alrededores del Parlamento, donde va a celebrarse el último debate sobre el estado de la nación del mandato de Arroyo, acusada de querer aferrarse al poder mediante una reforma constitucional.

Pese al carácter pacífico de las protestas, ocho militares vestidos de paisano han sido atacados por los manifestantes al grito de "espías" y han tenido que ser hospitalizados.

La capital se encuentra en alerta máxima de seguridad y se han suspendido las clases en colegios e institutos; mientras unos 5.000 policías y 900 militares vigilan los alrededores de la cámara, situada en Quezon City, una de las ciudades que conforman la metrópolis de la Gran Manila.

Arroyo llegó al poder en 2001 tras la caída de Joseph Estrada y lleva casi nueve años en la presidencia, en los que ha superado cuatro intentos de golpes de estado y otros cuatro procesos de destitución.

La presidenta goza actualmente de unos bajos índices de popularidad, tras incumplir sus promesas de acabar la corrupción y el hambre, que actualmente afecta a una de cada cinco familias filipinas, según un estudio publicado hoy.

Con motivo del debate sobre el estado de la nación, la prensa ha publicado en los últimos días minuciosos análisis sobre los escándalos que han salpicado el mandato de la presidenta; y poderosos sectores, como la Iglesia, le han pedido que renuncie a sus intentos de mantenerse en la jefatura del Gobierno.

La oposición la acusa de querer perpetuarse en el poder, más allá de los ocho años que permite la ley fundamental, mediante una reforma constitucional.

"Si Arroyo es una verdadera cristiana (y debería serlo), tiene que reconocer sus errores. Sólo le quedan unos meses de liderazgo", dijo recientemente el arzobispo de Manila, el cardenal Gaudencio Rosales.

Un tercio de los noventa millones de personas que conforman la población del país vive con menos de dos dólares al día, mientras 3.000 personas abandonan cada jornada el archipiélago en busca de un futuro mejor en el extranjero. Diez millones de emigrantes filipinos viven lejos de sus familias.