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Los millonarios extranjeros aumentan su poder en la Premier

Los hinchas ingleses ya no ven con tan buenos ojos la globalización 

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Miles de aficionados del Liverpool se saltaron este domingo la rutina tradicional de meterse entre pecho y espalda unas cuantas pintas de cerveza antes del partido contra el Manchester . El encuentro comenzaba a a las dos de la tarde, pero ese es un detalle irrelevante en asuntos relacionados con la bebida en este país.

Lo que ocurría es que se había convocado una manifestación contra los dueños del club –los empresarios norteamericanos Tom Hicks y George Gillett – y pocos querían faltar.

La pareja, a la que por sus desavenencias constantes algunos llaman Tom y Jerry, como los personajes de los dibujos animados, son un vivo ejemplo de que los multimillonarios dueños de equipos en la Premier pueden ser tan impresentables como el típico constructor español de copa y puro extralargo.

La afición está harta de que Tom y Jerry no hayan cumplido su promesa de construir un nuevo estadio, no aporten dinero suficiente para fichajes, y se hayan dedicado a causarle problemas a Rafael Benítez, en general muy respetado por la hinchada del Liverpool.

Para terminar de arreglarlo, se llevan a matar sin que ninguno pueda imponer su criterio sobre el otro. Ambos cuentan con el 50% de las acciones.

El club, hipotecado

La afición no entiende que la mayor parte de los ingresos del club se vaya en pagar los intereses del préstamo que Tom y Jerry solicitaron para comprar esas mismas acciones.

Ni los hinchas ni este periodista han estudiado en Harvard o en Oxford, y por eso no sabemos que el capitalismo funciona así, y al que no le guste que se vaya a ninguna parte.

La Premier es desde hace años la Liga de fútbol de más proyección internacional y crea un efecto irresistible en los millonarios de medio planeta. La mitad de los equipos cuenta con propietarios extranjeros y no todos son tan espléndidos con su dinero como el ruso Abramovich en el Chelsea.

En la NBA, si quieres comprar un equipo, te revisan hasta las notas del colegio, como está ocurriendo ahora con el intento de compra de los New Jersey Nets. En la Premier, hay barra libre.

El último en unirse a la fiesta ha sido un empresario de Hong Kong, que desde luego ha prometido a los seguidores del Birmingham que se avecinan tiempos gloriosos.

Que se lo digan a la afición del Portsmouth. Su nuevo dueño es un jeque saudí que ha dicho a la prensa de su país que la compra fue sólo una inversión y que en un año quizá vuelvan a vender el equipo para obtener beneficios. La globalización tiene razones que los aficionados al fútbol no entienden. Con razón.