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Montserrat Lezaun dice "tomé la decisión de perdonar y me ha hecho mucho bien"

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Montserrat Lezaun es una mujer que mira hacia adelante. Hace casi un año, el 30 de julio de 2009, ETA asesinó en Palmanova (Mallorca) a dos guardias civiles. Uno de ellos era Diego Salvá, uno de sus siete hijos; pero esta tragedia no ha conseguido borrarle la sonrisa.

Pamplonica de nacimiento, se siente mallorquina después de 25 años en la isla, donde ha visto nacer a cuatro de sus hijos y morir a uno, que se había incorporado el mismo día del atentado a su trabajo tras un accidente de moto que le tuvo cuatro meses de baja y 25 días en coma.

Pregunta.- ¿En un año se logran curar las heridas?

Respuesta.- No, las heridas no se curan. El dolor y la pena de la ausencia no se olvida ni se borra, pero se aprende a vivir con ello como una persona que se queda ciega por un accidente. Poco a poco, vas aceptando que Diego ya no está, que ya no volverá.

P.- ¿Qué espacio le concede al rencor?

R.- Es un sentimiento que no he tenido nunca. Esto me ha sorprendido incluso a mí misma porque soy una persona muy impulsiva. Te permite vivir mejor, mirar hacia adelante y ver un futuro; sin Diego, pero un futuro.

P.- ¿Hablan habitualmente de Diego en familia?

R.- Sí, estamos aprendiendo. Es un síntoma de que las cosas se están calmando. Ahora incluso nos reímos de sus chistes, de sus salidas: Diego era muy divertido.

P.- ¿Cómo consigue estar tan entera?

R.- Ni yo lo sé muy bien, creo que es porque estoy muy apoyada y el cariño es la medicina para muchos males. Una madre es como una locomotora, tienes que tirar para arriba y yo tengo seis vagones y mi marido.

P.- ¿Qué le diría al etarra que mató a Diego?

R.- No le diría nada porque no quiero pensar en eso. Mi papel está en mi casa, con los míos; ahí sí que tengo muchas cosas que decir. A los asesinos no porque no quiero que ocupen un lugar en mi cabeza, en mi corazón, no tengo lugar para ellos. Los etarras tienen que estar en la cárcel y mis hijos, en mi cabeza.

P.- ¿Y a la madre de un terrorista?

R.- En eso sí he pensado varias veces. Que una madre, que se supone que tiene que dar vida, esperanza y preparar para la vida, tenga una persona así, capaz de asesinar y tener sentimientos de odio, debe crear una gran frustración. A no ser que tengan el corazón dormido o anestesiado, su papel es muchísimo más duro que el mío.

P.- ¿Perdona a los asesinos de su hijo?

R.- Sí, desde el principio. Fue una decisión cerebral más que un sentimiento. Tomé la decisión de perdonar y me ha hecho mucho bien, lo recomiendo.

P.- ¿Cómo llevaba su hijo ser guardia civil?

R.- Estaba feliz. Pudo elegir destino, que fue precisamente donde le mataron. Esto es un misterio para mí. ¿Por qué Palmanova? Dos días antes de reincorporarse, le comunicaron que volvía a Palmanova y se le iluminó la cara. Además, en vez de volver el 1 de agosto, empezó el 30 de julio, fue una cita con su destino.

P.- ETA no ha vuelto a matar en España...

R.- Qué bien, ¿eh? Cada día que ETA no mata es una buena noticia que tendría que salir todos los días en los periódicos. Me gustaría que esa esperanza que yo tenía desde el principio de ser la última se convirtiera en realidad. Cada día le pido a Diego que me ayude en este propósito.

P.- ¿Qué ha aprendido de la tragedia?

R.- A valorar lo cotidiano. Las cosas más normales, el estar juntos, comer juntos. Es triste que no lo valoremos hasta que nos falta.

P.- ¿Recuerda algún gesto de apoyo en especial?

R.- Me han llegado al corazón todos los gestos, incluso personas que se te quedan mirando y no saben qué decir. Ha habido muchos de personas desconocidas, cartas de presos, de políticos. Desde un ministro a una vecina.