Publicado: 23.11.2013 08:00 |Actualizado: 23.11.2013 08:00

"Cuando una mujer denuncia da un paso importante y debe seguir el camino hasta el final"

Las Unidades de Prevención, Asistencia y Protección de la Policía Nacional se encargan de la seguridad de las mujeres que son víctimas de la violencia machista

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Cuando entra en su despacho por la mañana, en la comisaría del distrito madrileño de Tetuán, lo primero que hace Fernando R. es comprobar las denuncias de violencia de género que se han presentado durante la noche. Una vez que han pasado por el juez, que dicta las medidas a las que se atendrán tanto el agresor como la mujer, la seguridad de ésta queda a su cargo. La llamará por teléfono a menudo, controlará que su expareja cumpla la orden de alejamiento y estará disponible para ella las 24 horas del día a través de un teléfono móvil. Es un agente de las Unidades de Prevención, Asistencia y Protección (UPAP) de la Policía Nacional. De él también podría decirse que lucha contra el terrorismo, pues un total de 700 mujeres han sido asesinadas en España en la última década. Según el propio CIS, más de 600.000 padecen cada año malos tratos, aunque menos de la cuarta parte se decidan a contarlo.

Las UPAP acaban de cumplir una década. Se crearon en 2003 bajo el gobierno socialista de Zapatero e integraron a los agentes que ya venían desarrollando sus funciones en este ámbito. En todas las comisarías del país hay una UPAP, habitualmente formada por dos o tres agentes. A ellas se accede por concurso interno de la Policía Nacional y los seleccionados han de hacer un curso especializado en atención a las mujeres que han sufrido violencia de género. Sus funciones son el mantenimiento de contactos personales y telefónicos permanentes con las víctimas; detectar y controlar las posibles situaciones de riesgo; servir de enlace con los servicios sociales y, finalmente, asesorarles, auxiliarles y acompañarles cuando se produzca la tramitación de los procedimientos policiales y judiciales.

Toman medidas en función del peligro que corre la víctima, hay cinco niveles de protección

"Acuden aquí, hablamos con ellas, les escuchamos, les acompañamos a los servicios sociales, a los psicólogos, a todos los que puedan ayudarlas", cuenta Fernando, responsable de la Unidad de Tetuán. En España se registran cada año unas 140.000 denuncias por delitos o faltas relacionadas con la violencia machista y el grueso de las sentencias en los juicios que se generan en consecuencia son condenatorias. "Siempre que hay denuncia se procede a la detención del hombre. Generalmente va la Policía. Otras veces se le llama y él acude a la comisaría. Si viene voluntariamente siempre se le escucha más porque, porque por lo menos reconoce que no oculta algo" relata.

Cuando una mujer sufre malos tratos, ya sean sólo psicológicos o también físicos, lo primero que ha de hacer es acudir a una comisaría o a los juzgados para denunciar. El caso va directamente al juez, que no tarda en atenderlo más de uno o dos días normalmente y, si en ese tiempo la víctima necesita atención y protección, pasan a las UPAP. "Cuando te llega el caso, te pones en contacto inmediatamente con ella. Y, a partir de ahí, todo depende del nivel de riesgo" continúa explicando el agente.

Si la mujer corre peligro, va a una casa de acogida o le ponen protección las 24 horas  Hay cinco niveles de peligrosidad y por cada uno de ellos hay unos protocolos de actuación. El más bajo es el "no apreciado", con un seguimiento "muy leve para no crear más agobio, sólo las llamadas". Los niveles bajo y medio conllevan una atención más continuada, la imposición de unas rutinas, unas medidas de autoprotección y una advertencia clara: si ves al hombre es que está a menos de 500 metros y, por tanto, hay que llamar inmediatamente a la Policía. En el nivel alto la mujer ha de permanecer en su casa el mayor tiempo posible, tendrá vigilancia para ir a cualquier sitio y también habrá un seguimiento de los movimientos del agresor. Finalmente, para los casos en los que ella corre un riesgo serio para su vida se impone el nivel extremo, en el que deberá ir a una casa de acogida o tener protección policial las 24 horas del día y, por supuesto, también se seguirán los movimientos del agresor, que es posible que, en este caso, lleve una pulsera electrónica por orden del juez.

 

 

En los casos que se ordenan colocar las pulseras, "el juez lo tiene que ver muy claro, porque es un mecanismo que limita la libertad, que es un derecho fundamental de nuestra Constitución. Se suele poner cuando el caso es muy grave o él ha quebrantado la orden, le envía correos, le llama, se pasa por donde ella está", aclara. En el distrito que lleva él tienen en la actualidad ocho casos con pulsera.  

"Si el magistrado lo mete en prisión nos relajamos todos bastante, pero nunca del todo, porque puede tener amigos y gente cercana, todo depende de dónde esté metido él" aclara. Además, si le han recomendado ir a una casa de acogida y la mujer se niega, tienen que darle protección las 24 horas, un servicio del que se ocupan los agentes de calle, los conocidos como zetas. En cuanto a las pulseras, es el juez el que decide si se han de imponer a petición de la víctima o la fiscalía.

Una gran parte de las mujeres que llegan a la comisaría o a los juzgados a poner una denuncia lo hace después de haber alcanzado extremo del maltrato físico. Sin embargo, para cuando recibe los golpes, esa mujer ya ha pasado un largo período de maltrato psicológico. "Pocas mujeres aceptarían desde el principio ser maltratadas físicamente. Van manipulando y manipulando hasta que ya las tienen atadas", aclara Fernando R.

"Es muy triste cuando vas a un proceso y la víctima retira la denuncia porque quiere volver con él"

En lo esencial, las pautas de comportamiento de los maltratadores suelen ser idénticas. Lo primero es separar a las víctimas de su grupo social, tenerla sólo para él. El maltratador va elaborando su estrategia hasta llegar al dominio total. Comienza por la primera fase: "¿Con quién andas? ¿De dónde vienes? No me gusta cómo vistes. Tu amiga no me mira bien." Este tipo de preguntas, el control al que la va sometiendo lentamente, suelen ser el primer síntoma. "Se empieza así y siempre ocurre cuando estamos enamorados. En esa etapa el hombre aún se porta bien, se implica, colabora. Y ahí no nos damos cuenta del peligro. Lo que intenta el hombre de esta forma es aislarla y tenerla sólo para él. Eso es un inicio de maltrato". De ahí, se pasa al "¿Qué horas son estas de llegar? ¿Dónde está la comida?" Ahí empieza el maltrato psicológico. Y la tercera fase es pasar a los golpes.

"A veces él se arrepiente y pide perdón. Y ella le perdona. Vuelven a estar bien un tiempo y, entonces, él vuelve a maltratarla" cuenta el agente de Tetuán apenado, cansado de que tantas de las víctimas que él ha tenido que llevar hayan desoído sus consejos, aún después de haber puesto la denuncia, y hayan vuelto a verle. En muchos casos, acaba en asesinato. "Si ella lo intenta y no termina el proceso, el agresor se crece e irá a más. Se siente impune".

Para estos agentes, que conocen la mentalidad del maltratador mejor que sus víctimas, cegadas por el sometimiento, lo más duro es cuando ellas no obedecen las pautas y vuelven con ellos. "Lo primero que le decimos es que ha dado un paso muy importante y que ahora tiene que continuar hasta el final. Es muy triste cuando vas a un proceso y la víctima retira la denuncia porque quiere volver con él. Y ahí nosotros no podemos hacer nada", se lamenta. Además, también están los casos en los que la separación llega a buen puerto después de los malos tratos y la mujer no quiere denunciar, sólo olvidarse del mal trago. "Igual ella ha conseguido librarse de él, pero él puede ir a por otra. Hay maltratadores que tienen varias víctimas". Y por eso creen que hay que denunciar en todos los casos.

Fernando R. lo compara con otro mal: "Hace tiempo tener cáncer era un símbolo casi de vergüenza, la gente lo ocultaba. Con la violencia de género ha ocurrido lo mismo, la víctima siente vergüenza y culpabilidad y no quiere reconocerlo. Y el paralelismo va más allá. Una persona con cáncer ha de seguir a rajatabla las pautas que indican los médicos si quiere salvar la vida. Si no las cumple, correrá un serio riesgo de perder la vida. Nosotros hemos visto muchas muertes y sabemos cómo funcionan los agresores. Si las víctimas no siguen las pautas que marcamos, no podemos hacer nada".

Los datos indican, y los agentes de las UPAP lo corroboran, que hay un preocupante aumento de casos de violencia machista entre las parejas jóvenes y adolescentes. De hecho, más de 1.000 chicos menores de 18 años han sido enjuiciados por delitos o faltas de violencia de género en España desde el año 2007, según las cifras del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial. El último dato disponible, correspondiente al primer semestre de 2013, revela que 85 adolescentes y preadolescentes fueron enjuiciados por violencia de género, en la mayoría de los casos (74) por la comisión de delitos que conllevaron la adopción de medidas judiciales, incluido el internamiento. De estos menores, un 10,5% no había cumplido los 16 años. A este respecto, Fernando defiende que ellos pueden actuar, pero este problema donde se soluciona realmente "es en la Educación".

Además, Fernando cuenta que hay un nuevo perfil de casos de violencia de género que ha llegado con la crisis económica y las altas tasas de desempleo. Se da en las parejas en las que ambos tenían un trabajo fuera del hogar y, ahora, él se ha quedado desempleado. Aunque nunca hasta el momento hubiera mostrado indicios de malos tratos, en esa situación el hombre se queda en casa todo el día, sin nada que hacer y esa angustia hace que aflore en él el machismo que tenía oculto. Ve cómo se descompone su tradicional rol masculino al estar mantenido por ella, se siente "minusvalorado" y activa un mecanismo que le lleva a quere dominar a su mujer para "salvar su orgullo de macho".

016. Teléfono de atención a víctimas de violencia de género. Es gratuito y no deja rastro en la factura telefónica.